SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

martes, 8 de agosto de 2017

Un Nuevo Amanecer: el fin de la Co- dependencia. Jeff Foster


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No puedes salvar a nadie.
Puedes estar presente con ellos, ofrecer tu estabilidad, tu cordura, tu paz. Incluso puedes compartir tu camino con ellos, ofrecer tu perspectiva. Pero no puedes quitarles su dolor.
No puedes recorrer su camino por ellos. No puedes ofrecerles respuestas correctas, ni tampoco respuestas que no sean capaces de digerir en ese momento. Ellos tienen que encontrar sus propias respuestas, plantear sus propias preguntas o dejar que se disuelvan; tienen que hacerse amigos de su propia incertidumbre.
Ellos tendrán que cometer sus propios errores, sentir sus propias tristezas, aprender sus propias lecciones. Si realmente quieren estar en paz, tendrán que confiar en el camino de sanación que se vaya revelando paso a paso. 
Pero tú no puedes sanarlos. No puedes ahuyentar su miedo, su ira, sus sentimientos de impotencia. No puedes salvarlos, o arreglarles las cosas. Si presionas demasiado, podrían perder su tan singular camino. Tu camino podría no ser el de ellos. 
Tú no creaste su dolor. Pudiste haber hecho o dejado de hacer ciertas cosas, dicho o no dicho ciertas cosas; pudiste haber detonando el dolor que ya estaba dentro de ellos. Sin embargo tú no lo creaste, y no eres culpable, incluso si ellos dicen que así fue.
Puedes asumir la responsabilidad de tus palabras y acciones, sí, y podrías lamentarte por un pasado, pero  no puedes borrar ni cambiar lo que ya pasó, y no puedes controlar el futuro. Sólo puedes encontrarte con ellos aquí y ahora, en tu único lugar de poder.
Tú no eres responsable de su felicidad, y ellos no son responsables de la tuya. Tu felicidad no puede venir de fuera. Si es así, entonces se trata de una felicidad dependiente, una felicidad frágil que se convertirá en tristeza muy rápidamente. Y después te verás atrapado en una red de culpa, remordimiento y persecución.
Tu felicidad está directamente relacionada con tu Presencia, con tu conexión con tu aliento, con tu cuerpo, con la tierra. Tu felicidad no es pequeña, y no puede ser eliminada por el miedo o la ira, o a la más intensa de las vergüenzas.
Tu felicidad no es un estado, o una experiencia pasajera, o incluso un sentimiento que los demás puedan darte.
Tu felicidad es inmensa, siempre presente, es el espacio ilimitado del corazón, donde la alegría y la tristeza, la felicidad y el aburrimiento, la certeza y la duda, la soledad y la conexión, incluso el miedo y el deseo, pueden moverse como el clima, como la lluvia y el sol, todo acogido en la inmensidad del cielo.   
Tú no puedes salvar a nadie, y no puedes ser salvado si buscas quién te salve. No hay ningún yo que salvar, ningún yo que perder, ningún yo que defender, ningún yo que hacer perfecto o inmensamente feliz.
Deja ir cualquier ideal imposible. Eres hermoso en tu imperfección, maravillosamente perfecto en medio de tus dudas; amoroso, incluso en medio de tus sentimientos no amorosos. Todas esas partes han sido dadas, todas son partes de la totalidad, y nunca has sido más que Totalidad. 
Estás respirando. Sabes que estás vivo. Tienes derecho a existir, a sentir lo que sientes, a pensar lo que piensas. Tienes derecho a tu alegría y derecho a tus tristezas. Tienes derecho a dudar también. Tienes derecho a recorrer tu camino. Tienes derecho a estar en lo correcto, y derecho a equivocarte; tienes derecho a esta gigante felicidad que conociste cuando eras pequeño.
Estás respirando, y eres inseparable de la fuerza de vida que anima todas las cosas, que se conoce a sí misma como todos los seres, que se descubre a sí misma en cada momento de esta increíble y maravillosa existencia. 
Tu valía no está ligada a lo que los demás piensen de ti. Está ligada a la luna, a la expansión infinita del cosmos, a los cometas que se lanzan hacia destinos desconocidos, al olvido del tiempo y al amor a la soledad, y a esta inefable gratitud por cada nuevo e inesperado amanecer que nos es regalado.


viernes, 4 de agosto de 2017

Hoy no es dia de decisiones

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Hoy es un Día para la Curiosidad.
Hoy es un día para mantenerte cerca del momento, respirando, sintiendo todas las sensaciones en tu cuerpo, observando cómo da vueltas la mente tratando de tener el control, tratando de adivinar el futuro.
Detente. Respira. 
Sal de la historia de “Tengo que elegir algo en este momento”.
Suelta toda esa presión absurda.
Haz desaparecer el tiempo. 
No califiques esta ‘indecisión’.
Tu estrés es tu intento de adelantar este momento, esta presente escena en la película de tu vida (de 'incertidumbre’) hacia una futura escena de certeza, descanso y respuestas.

¿La invitación?
Encuentra descanso justo donde estás.

Sé aquí.
Pon atención a la presente escena, a este momento lleno de vida.
Haz amistad con la incertidumbre, con el no-saber, con el asombro.
Permite que todas las imágenes, pensamientos, recuerdos, obsesiones, voces en la mente surjan, pervivan un rato, y desaparezcan cuando estén listas para irse. Sabe que no son lo que tú eres. Sabe que no es la mente la que te llevará hasta las respuestas reales.
En determinado momento, simplemente sabrás qué hacer. 
O te verás a ti mismo haciéndolo, sin ningún esfuerzo.
En determinado momento, tal vez hoy, tal vez mañana, tal vez la siguiente semana, la confusión desaparecerá y la acción tomará su lugar. Siempre ha sido así. Siempre lo será.
La ilusión más grande de todas es que tú tienes el control. 
Confía en el camino que te conduce hacia las decisiones. No luches con el momento.

No puedes comprender lo que será 'allá’ desde aquí. 
A veces, las verdaderas respuestas surgen cuando a nuestras preguntas les damos espacio para respirar. 

 Jeff Foster

domingo, 23 de julio de 2017

Hiciste lo mejor que pudiste

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Hiciste lo mejor que pudiste. 
Hiciste todo lo que podías haber hecho. 
No tenías otra opción.

Teniendo en cuenta lo que creías en ese momento, los poderosos o sutiles sentimientos que se movían en ti, lo conectado que estabas con tu respiración, tu cuerpo, tu verdad, tu camino; lo arraigado que estabas en el momento presente, la claridad con la que veías o no; de acuerdo al dolor que sentías, a lo abiertas y crudas que estaban tus heridas; considerando la resistencia que sentías, lo estrecha o amplia que era tu perspectiva, lo atrapado que estabas en tu historia personal, no pudiste haber actuado o dicho nada de otra manera.

Hiciste lo mejor que pudiste, dado el nivel de consciencia desde el que estabas actuando.

¿Es esto una excusa? No. 
Más bien se trata de que asumas la plena responsabilidad de lo que pasó. Sin embargo, soltando la culpa, 'renunciando a la esperanza de un mejor pasado.'

¿Es esto una salida fácil? No. 
Más bien se trata de que te perdones a ti mismo. Soltando 'lo que pudo o debió haber sido', alineándote con 'lo que es,' arraigándote en el Ahora, el único lugar desde donde puede surgir el verdadero cambio, donde las nuevas respuestas pueden emerger, donde el sanar puede comenzar.

Laméntate por tu pasado, por supuesto. 
Aprende tus lecciones, por supuesto. 
Escucha cómo los demás comparten su dolor. Siente todo profundamente. Corrige todo lo que puedas. Pide perdón, si es necesario.

Pero, ni por un momento pienses que el pasado pudo haber sido diferente. 
Ni por un instante creas que el Universo se ha equivocado.

Estás donde estás, Ahora. Este es un nuevo día, un nuevo comienzo.

Armado con una nueva visión, con una nueva perspectiva, con un corazón mucho más humilde y compasivo, con una actitud más curiosa, muévete hacia el futuro, arraigado en esta amorosa presencia, abierto a las posibilidades.

 Jeff Foster



lunes, 10 de julio de 2017

Paciencia


                               

¿Tienes la paciencia de esperar
A que todo se asiente y el agua se aclare?
¿Eres capaz de permanecer inmóvil
Hasta que la acción correcta surja por sí sola?
Lao Tse



La paciencia es una actitud que podemos cultivar. Cuando no estamos intentando llegar a ningún otro lugar, cuando vivimos en el ahora, la paciencia surge por sí sola.

Hemos olvidado cómo esperar. Nuestro mayor tesoro, es ser capaces de esperar el momento apropiado. Si observamos, toda la existencia espera el momento oportuno. Los árboles saben cuándo ha llegado el momento de florecer y cuándo es la época de dejar caer sus hojas y permanecer desnudos frente al firmamento, y son hermosos en esta desnudez, esperando el nuevo follaje, con la confianza en que lo viejo se ha marchado para dar paso a lo nuevo, el crecimiento de las nuevas hojas. En la primavera las semillas despiertan, la hierba comienza a crecer por sí misma, las flores se despliegan en todo su esplendor.…

Los humanos, nos olvidamos cómo esperar…lo queremos todo de prisa.

Paciencia es recordarnos que las cosas se despliegan a su propio ritmo.

No podemos acelerar el paso del día a la noche, ni el cambio de una estación a otra…… El vivir apurados, con prisa, no sólo no nos beneficia, sino que va instalando el estrés en nuestra vida, el sufrimiento en nosotros y en las personas que nos rodean.

Con la mente agitada por pensamientos, estresada por llegar… nos perdemos el valioso momento presente, convirtiéndolo en un medio para un fin, olvidándonos de vivir; ante esta situación, surge la alternativa de cultivar la paciencia.

Observemos: ¿qué hay debajo de la impaciencia?

En mayor o en menor grado, encontramos enfado, resistencia a que las cosas sean como son, la necesidad imperiosa de encontrar culpables por lo que acontece, a veces son los otros, otras veces, nos culpamos a nosotros mismos.

El actuar con paciencia, no significa que cuando es necesario ir un poco más de prisa, en ocasiones puntuales, no podamos hacerlo, pero con paciencia, presentes, moviéndonos con rapidez pero atentos, dándonos cuenta que hemos elegido hacerlo de esta manera, que no es un automatismo, una costumbre de ir de prisa, a veces sin motivos aparentes.

Es importante recordar que nada está separado ni aislado, que los acontecimientos ocurren por algo y una cosa está encadenada con otra, así que no se trata de ir por la vida buscando culpables, no es útil ni saludable.

Para cultivar la Paciencia, es muy importante aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con el otro, sabiendo que cada quien actúa como puede según sus condicionamientos, con sus heridas internas, muchas veces inconscientes.

El cultivar la compasión, por comprensión, nos permite estar en paz y permanecer pacientes ante una provocación o un sufrimiento intenso. El ser compasivo, es toda una educación, donde utilizamos esa energía del enfado para transmutarla en paciencia, compasión y armonía, nada fácil al principio; esto no significa que si es necesario enfadarse, porque nuestro discernimiento en ese momento así nos lo indica, no podamos hacerlo, pero luego, conviene mirar el enfado, entenderlo, quien sabe las múltiples razones ocultas o no que hay tras esa situación… todo nos sirve para crecer, después de todo se trata de comprender nuestro ego, sanarlo y trascenderlo, no dejándonos arrasar por sus impulsos y preferencias.

La cualidad de la paciencia, la podemos cultivar por medio de la meditación. Cada vez que meditamos, que nos tornamos conscientes del flujo de la respiración entrando y saliendo de nuestro cuerpo, cultivamos la paciencia, entramos en un estado de armonía interna. También durante las asanas del yoga, cada vez que permanecemos unos minutos en cada postura, respirando y observando las sensaciones corporales, sintiendo el cuerpo estirándose, observando el devenir de los pensamientos sin involucrarnos, estamos cultivando la paciencia. Podemos practicar esta cualidad en la vida diaria, ante cualquier situación que nos resulte estresante, respirar conscientemente para aquietarnos y aprender a despertar al “observador”, al testigo, tomando distancia interna de la situación para poder verla con más objetividad, aceptando las cosas como son.

Aun en los momentos dolorosos de nuestra vida, intentemos no dejarnos llevar por la ansiedad de que las cosas sean de otra manera a como son, intentemos buscar esta cualidad de la paciencia, aceptando los hechos, en definitiva, todo pasa, todo cambia, todo tiene un ritmo, nada permanece estable, en el nivel del ego.

A veces es necesario actuar, moverse, empujar, pero otras solo cabe esperar, aportar equilibrio al momento presente, al ahora, comprendiendo la sabiduría que se esconde en la paciencia, las cosas se desplegarán de acuerdo a este estado de paciencia alcanzado ahora.

Namasté
Juani

jueves, 6 de julio de 2017

Paz


Amigo sabio, ¿sentías momentos de tristeza y desánimo antes de alcanzar la iluminación?

 -Sí, a menudo-.

Y ahora, después de alcanzar la iluminación, ¿sigues viviendo momentos de tristeza y desánimo?

 -Sí, también, pero ahora no me importan-.

Tradición Budista.

A menudo, se tiene una idea equivocada de lo que significa crecer interiormente e iluminar nuestra vida de paz.
Se suele pensar que aquella persona que ha cultivado su dimensión espiritual y ha profundizado por entre los pliegues de su alma, es un ser que ya nunca tendrá un dolor de muelas ni su mente experimentará contradicción o duda alguna.
Tal vez, estos modos de pensamiento derivan de los antiguos mitos y leyendas en los que las figuras de los héroes y los dioses alcanzaban un modelo de paraíso que no podía explicarse más que con metáforas evasivas.

Conforme la especie humana ha ido dando al mundo un mayor número de lúcidos que, como avanzadillas del futuro, han expandido su conciencia y revelado el Espíritu, se ha podido comprobar que la idea de trascender al ego no significa tanto eliminarlo como darse cuenta de que no es la única identidad exclusiva.

En contra de lo que afirman muchos movimientos "espiritualistas", quien se desembaraza del ego no se convierte en un sabio, sino más bien en un psicótico.
No se trata de transformarse en un vegetal indiferente a la lágrima y a la risa, sino en un Testigo Consciente de las contradicciones que vivimos y de la gran diversidad de tendencias que experimenta nuestra persona.

El Espíritu no niega al cuerpo, ni a las emociones, ni a la mente, sino que las incluye. Y cuando vemos que, en la trastienda de los llamados "iluminados", existen rasgos contradictorios en relación a la salud, al dinero o al sexo, tendemos a sentirnos decepcionados porque, tal vez, muchas personas consideran al crecimiento evolutivo como algo que quiere escapar de la vida.

El sabio, en todo caso, ha aprendido a no sufrir, precisamente porque interpreta lo que sucede de manera no perturbada y porque, además, no vive identificado con su mente cambiante.

El iluminado es un ser que disfruta de la vida. ¿Acaso cree alguien que Moisés, Cristo o Buda eran personas pusilánimes y dulzonas que nunca cargaron a cuestas un mal dolor de muelas?

Cuando desarrollamos la conciencia de espectador desde la que observar la propia mente y sus vericuetos, nos convertimos en testigos de lo que sucede, sea del signo que sea.
El dolor y las consiguientes presiones que nuestro psicocuerpo experimenta en las curvas de la vida, lejos de ser resistidas y por tanto creadoras de sufrimiento, son aceptados desde ese espacio silencioso y lúcido en el que es la conciencia expandida.

A partir de este desarrollo, aquello que anteriormente resultaba doloroso deja de ser una dura carga. Sucede que la vida ha sido abrazada con su plena diversidad y el mundo sigue desplegando sus fríos inviernos y sus primaveras soleadas. Uno entonces observa todo aquello que le pasa al cuerpo y a la mente como vehículos de la gran travesía.

Ya no se trata de pretender eliminar las tormentas de la vida, sino más bien de saber navegar durante las mismas, observando los miedos y ajustando las velas.

En la visión global, todo lo que sucede tiene sentido y no se le opone resistencia.
En realidad, uno se ha dado cuenta de que no puede cambiar el mundo. Las cosas simplemente ocurren. Lo que todavía nos importa y perturba sigue dando lecciones que señalan nuestra necesidad de desafección y de visión expandida.

Inteligencia del Alma. J.M.Doria



jueves, 29 de junio de 2017

Espíritu de la Atención Plena



El espíritu de investigación es fundamental para vivir con atención plena. Investigar y hacerse preguntas no es sólo una forma de resolver problemas. Es una forma de asegurarnos de que permanecemos en contacto con el misterio básico de la vida y de nuestra presencia aquí.
¿Quién soy? ¿A  dónde voy? ¿Qué significa ser…un hombre, una mujer, un hijo, un padre; un estudiante, un trabajador, un jefe, un preso, una persona sin hogar? ¿Cuál es mi karma? ¿Dónde estoy ahora? ¿Cuál es mi camino? ¿Cuál es mi trabajo en este mundo?.

Investigar, no significa buscar respuestas, y mucho menos respuestas rápidas que surgen del pensamiento superficial. Significa hacer preguntas, sin esperar respuesta alguna, simplemente considerar la pregunta, llevarla con nosotros, permitir que se impregne todo nuestro ser, que bulla, que se cocine, que madure, y que entre y salga del ámbito de la conciencia, del mismo modo que todo entra y sale del ámbito de la conciencia.

No tenemos por qué estar quietos para investigar. La Investigación y la Atención Plena, pueden tener lugar de forma simultánea mientras se va desplegando nuestra vida cotidiana. De hecho, la Investigación y la Atención Plena, son una única y misma cosa, proceden de diferentes direcciones.

Podemos plantearnos “¿Qué soy?”, o “¿Qué es esto?”, o “¿Adónde me dirijo?”, o “¿Cuál es mi trabajo?”, mientras reparamos el coche, mientras vamos al trabajo a pie, mientras lavamos los platos, mientras escuchamos a nuestra hija cantar, mientras buscamos un empleo.

En la vida, emergen constantemente problemas de todo los tipos y dimensiones. Van desde lo más trivial hasta lo más profundo y abrumador. El desafío consiste en encontrarnos con ellos con una actitud de investigación, con el espíritu de la Atención Plena. Esto significa preguntarnos: ¿Qué es este pensamiento, sentimiento, este dilema?, ¿Cómo voy a lidiar con él?, o incluso ¿Estoy dispuesto a lidiar con él  o a reconocerlo siquiera?.

El primer paso consiste en reconocer que hay un problema, lo cual significa que hay algún tipo de tensión, presión  o desarmonía. Podría llevarnos cuarenta o cincuenta años llegar a reconocer algunos de nuestros demonios internos. Pero quizá eso esté bien, también. La Investigación no sigue un programa determinado. Es como una olla que está guardada en un armario de la cocina. Está disponible para hacer la comida, siempre y cuando nosotros estemos dispuestos a sacarla del armario, poner algo en ella y ponerla a calentar.

Investigar significa hacer las preguntas una y otra vez. Tenemos el coraje de de mirar algo, sea lo que sea, y preguntarnos ¿Qué es eso?, ¿Qué es lo que anda mal?, ¿Cuál es el origen del problema?, ¿Cuál es el mensaje en ello?, ¿Cuáles son las conexiones?, ¿Cuál podría ser una buena solución?,   

Preguntas, preguntas y mas preguntas. Investigar no consiste en pensar respuestas, aunque el hecho de plantearnos preguntas, dará lugar a muchos pensamientos que parecerán respuestas. En realidad, implica escuchar los pensamientos que evocan nuestras preguntas, como si estuviéramos sentados junto al río por el que corren  nuestros pensamientos, escuchando cómo fluye el agua sobre y en torno a las rocas; escuchando y observando alguna que otra hoja o ramita que baja llevada por la corriente.
                        Jon Kabat Zinn   




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martes, 6 de junio de 2017

Sanación

                                  Resultado de imagen de flor naciendo

El dolor es inevitable pero el sufrimiento se puede superar. Néor

El río de la vida fluye entre las orillas del dolor y del placer. El dolor forma parte de la vida y sirve de contrapunto al placer. Y de la misma forma que la respiración y el propio latido del corazón están sometidos a ritmos de alternancia, de igual manera, el dolor y el placer oscilan en los ritmos del vivir. Mientras la actual condición humana no realice el salto evolutivo hacia la conciencia neutral, viviremos el juego de opuestos que teje la vida en su ritmo y polaridad.

Investigaciones recientes con mamíferos del Dr. Olds en París, revelan que existe un lugar en el cerebro que su descubridor denominó como “Infierno Cerebral”, cuya estimulación activa el dolor más angustioso que se pueda experimentar. Sin embargo, cerca del mismo, existe otra área especializada cuya estimulación desencadena un gran placer y éxtasis que dicho doctor denominó como “Paraíso Cerebral”. Afortunadamente, la naturaleza ha sido generosa, el espacio físico del Paraíso ocupa siete veces más espacio que el Infierno. Hemos sido dotados de una capacidad para gozar siete veces mayor que para sufrir.

Pero aunque el dolor tenga una finalidad funcional, si no se acepta y además se trabaja eficazmente para resolverlo, es experimentado como una cruz que puede tentar a la persona a sentirse víctima.
El victimismo es un virus que estanca el alma y convierte cualquier brizna de dolor y frustración en verdadero sufrimiento. Se trata de una actitud de resistencia y parálisis que no se enfrenta, ni se indaga.

El sufrimiento es no sólo dolor no aceptado, sino también resignación que no resuelve y bloquea. Cuando no aceptamos el dolor, nos estamos resistiendo a comprender el mensaje que éste nos revela.
Si, por ejemplo, nos duele una rodilla, examinémosla. Más tarde, y gracias a la llamada que el dolor nos ha hecho, nos habremos enterado de la existencia de una herida, y por ella, también habremos aplicado soluciones inmediatas. El dolor cuida de nuestro cuerpo, avisándonos de aquellos puntos que merecen atención y supervivencia.

De igual manera, cuando el dolor se disfraza de confusión y angustia, en realidad, es nuestro mundo emocional el que nos llama. Cuando esto sucede, algo profundo quiere avanzar en nosotros y proporcionar hondura a una vida, a menudo, de mirada pequeña y plana. A través de la ansiedad y del desencanto, nuestro Ser esencial se hace presente señalándonos la necesidad de cultivar el alma y expandir consciencia.

Como dijo Einstein:

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia que lo creó”.

A diferencia del dolor, el sufrimiento es una actitud mental. Un nivel de conciencia e interpretación de las cosas que nos bloquea.
Para salir del sufrimiento, conviene darse cuenta de la intencionalidad sutil que el proceso nos trae y proceder a un trabajo interno que posibilite el crecimiento hacia un nivel superior de consciencia.

Todo comienza por aceptar nuestro dolor e indagar las salidas más cabales y duraderas. Más tarde, uno acepta que el dolor ayuda a comprender las leyes de la vida y los principios que conforman nuestra maduración interna.
Cando el dolor pasa, nos deja el corazón más sensible. Sentimos compasión hacia las personas que lo llevan en sus caras. Gozamos de una mayor empatía y hasta somos más aptos para animar a los que todavía viven atrapados en sus propias desgracias.

El dolor nos presiona para buscar salidas que, a menudo, nos llevan de la mano hasta la profundidad del alma. En realidad, el dolor nos torna más sencillos, más humildes, con el corazón más abierto y sin corazas. 
J.M.Doria





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