SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Mindfulness - Atención Plena




La esencia de la práctica  Mindfulness, se puede resumir en el siguiente poema:

“En la meditación se trata de ver claramente el cuerpo que tenemos, la mente que tenemos, la situación que tenemos en casa y la gente que hay en nuestras vidas. Se trata de ver cómo reaccionamos a todas estas cosas. Se trata de ver cómo son ahora mismo nuestras emociones y pensamientos, en este preciso instante, en esta habitación, en este asiento. Se trata de no intentar que desaparezcan, de no pretender ser mejores de lo que somos, sino de ver con precisión y con ternura.”
Pema Chödrön (2001)


Se trata de llevar la atención al momento presente, a lo que está sucediendo en el momento presente y mantenerla allí, “me siento enfadado, me siento alegre, estoy tomando un té,..…etc.”, observar los contenidos de la conciencia es estar practicando Mindfulness.


  Ajahn Chah decía:

Aparezca lo que aparezca en tu mente, simplemente obsérvalo”.
  
Para ilustrar cómo funciona la Atención Plena, podemos comparar la mente con la superficie de un lago o del océano. En el agua siempre hay olas, a veces son grandes, a veces pequeñas y otras veces casi imperceptibles. 
Las olas surgen en la superficie del agua porque la agitan los vientos, que vienen y van, y cambian de dirección y de intensidad, tal y como lo hacen los vientos del estrés y del cambio en nuestras vidas, que forman olas en nuestra mente.

Hay personas que piensan que la meditación es una manipulación interna especial que acabará con las olas para que la superficie de la mente quede lisa, tranquila, calma.

Pero, así como no podemos calmar las olas poniendo una lámina de cristal sobre la superficie del agua, tampoco podemos eliminar las olas de nuestra mente de manera artificial, e intentarlo creará más lucha y tensión interna, en vez de calma. 
Tampoco significa que sea imposible conseguir la calma, lo único que ocurre es que no podemos conseguirla con intentos disparatados de eliminar la actividad natural de la mente.

Gracias a la meditación nos resguardamos de los vientos que agitan la mente, y, con el tiempo es posible que gran parte de las turbulencias se vayan calmando, al no alimentarlas continuamente. Pero, a la larga, los vientos de la vida y de la mente soplarán, hagamos lo que hagamos, y la meditación nos ayuda a saber algo de esto y cómo trabajar con ellos.

No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear.”


La meditación no tiene que ver con sentirnos de un modo determinado. Tiene que ver con “sentirnos como nos sentimos”

No se trata de vaciar o calmar la mente, aunque la calma se vuelve mas profunda con la meditación y puede cultivarse de manera sistemática. 

La meditación tiene que ver con permitir que la mente esté como está, y con tener cierto conocimiento acerca de cómo está en este momento, observar la respiración, observar la mente, permitirnos a nosotros mismos estar donde ya estamos

Requiere energía y compromiso para perseverar, requiere cierta disciplina para convertirla luego en parte de nuestra vida. 

La clave está en consciencia e intención.

  
Resultado de imagen de mindfulness




Ejercicio de atención a las sensaciones corporales
                             
Elige un sitio tranquilo, siéntate cómodamente, cierra los ojos y nota lo que se siente al estar en tu cuerpo.
Fíjate en las sensaciones del cuerpo, cómo van y cómo vienen, sin prestar atención a ninguna de ellas en particular.
Si es una sensación agradable, percíbela y déjala ir.
Si es desagradable, también la percibes y la dejas ir.
¿Quizá sientes calor en las manos, presión sobre el asiento, hormigueos en la frente? Observa estas sensaciones como una madre miraría a su bebé recién nacido, preguntándose qué es lo que siente.
Observa lo que aparezca, una sensación tras otra.
Tómate tiempo.                                          

Después de cinco minutos, abre los ojos lentamente.









sábado, 16 de septiembre de 2017

El Amor - Jeff Foster


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Te vendieron una hermosa mentira sobre el Amor.
Y en tu inocencia, compraste la mentira, la tomaste como verdad. Porque todos a tu alrededor estaban haciendo lo mismo, y querías encajar, y sentías miedo de estar solo, porque nunca te sumergiste en la alegría oceánica de tu propia soledad para encontrar la seguridad allí.

Nadie viene a salvarte, ya ves. No hay ningún príncipe a caballo, ninguna Julieta. Ninguna madre sustituta. No existe “Una Persona Especial”. No hay ningún mesías que venga a quitarte el dolor, tus sentimientos de vacío, ese sentido de separación y abandono que te ha acompañado desde que eras joven. Nadie será capaz de sentir y metabolizar tus emociones por ti. Nadie puede vivir ni morir por ti. Nadie tiene el poder de distraerte permanentemente.

Nadie puede apropiarse de ti o ser de tu propiedad.
Tu otra mitad, tu realización, no está allá fuera, ya ves, sino en lo más profundo de ti. Ella vive como tu propia presencia, arde como el Sol dentro de ti.

Muchas personas están buscando Amor. O están tratando de aferrarse a un Amor que parece escaparse de entre sus dedos. O sienten que han perdido el Amor, y están tratando de recuperarlo, huyendo de los emociones desagradables que implica una separación, adormeciéndose con más sueños, alejándose cada vez más de sí mismos, buscando algo que nunca encontrarán, soñando aún con “Una Persona Especial” que los complete, que les ofrezca una vida de seguridad psicológica, que sea la perfecta madre o padre que nunca tuvieron en la Tierra.

Por supuesto, eso no es Amor.
Eso es miedo, una huida inminente de la soledad.
Si puedes hallarlo o perderlo, si puedes estar ‘dentro’ o ‘fuera’ de él, si te puede ser dado o quitado, si tienes que luchar por él, rogar por él, manipularte a ti o a los demás para obtenerlo, si crees que debes merecértelo, si duele, entonces es la versión del Amor que proviene de la mente.
Esta es la mentira.

Porque si Amas, estás presente. Eso es todo.
Si Amas a alguien, estás presente con él. Tan presente como lo estás contigo mismo. Tan presente como el Sol en el cielo, a pesar de las nubes, las tormentas, del clima siempre cambiante.
No confundas Amor con deseo, entonces. El deseo viene y va. Arde intensamente, o la llama se extingue. Pero el deseo no es congruente, como el Amor.
No confundas Amor con atracción. La atracción es hermosa, pero sube y baja, se eleva y cae como las olas en el océano. Cambia con las estaciones, los días, las horas, los momentos. No está siempre presente, como el Amor.
No confundas Amor con emociones agradables, cálidas, incluso con los extravagantes emociones de estar “enamorado”. Las emociones agradables se tornan en dolorosas muy rápidamente.
El Amor no es ni placer ni dolor, no es éxtasis ni sufrimiento; es el campo que perdura, incluso cuando la felicidad se disuelve en desesperación.
No confundas Amor con urgencia de poseer o ser poseído por alguien. El Amor no es un capricho. El Amor no es ni obsesivo ni compulsivo. El Amor no se aferra a nada. El Amor no posee nada; es sin peso, sin forma. El Amor no dice, “eres necesario para mi felicidad, mi alegría, mi vida”. No, el Amor es sinónimo de libertad, tiene un corazón abierto de par en par, dispuesto a sentir cada sentimiento, a pensar cada pensamiento.

El mito más peligroso que hay es el que dice que otra persona puede ‘hacerte’ feliz. No, no. La felicidad, la verdadera felicidad, la clase de felicidad que no puede comprarse o venderse o empacarse sofisticadamente, es idéntica a tu presencia, algo que nadie puede darte, y nadie puede quitarte.

Si buscas a alguien más para conseguir felicidad, siempre dependerás de él, siempre sentirás miedo de perderlo, y el temor y el resentimiento retumbarán por debajo de tu ‘Amor’. Te acostumbrarás a complacerlo, adormecerás tus pensamientos y sentimientos, cerrarás tus ojos a la verdad y vivirás en la fantasía y en la esperanza.

Te harás infeliz para ganar su Amor, para mantenerlo a tu lado, para controlarlo. Te harás infeliz tratando de hacerlo feliz… o forzándote a ti mismo a ser feliz. Eso no es Amor, es adicción a una persona. Es miedo disfrazado de ‘romance’. Esta es la mentira.

Pero subyacente a cada adicción está el anhelo por llegar a casa, por la Madre, en el sentido más profundo de la palabra. Encuentra el sentido más profundo de casa dentro de ti mismo, entonces. Haz de tu cuerpo tu hogar, de tu aliento y tu vientre, a medida que se elevan y relajan en este momento presente. Encuentra tu suelo en la sensación de estar vivo. Y en ese lugar de presencia, pasa tiempo con quienes te nutran, con quienes te ayuden a sentirte vivo, con quienes resuenes y sean capaces de validar tus preciosos sentimientos.

Cuando no tratas de ganar Amor, cuando no huyes de tus propias emociones dolorosas, puedes darte el lujo de Amar y ser Amado verdaderamente.
Invita a los demás a tu campo de Amor; deja que se queden, deja que se vayan, honra su camino y recorre el tuyo con valentía. Pero ni por un momento compres la mentira de que la salvación se encuentra en cualquier lugar excepto en el corazón de tu exquisita presencia, en el lugar donde no hay nadie que pueda ser salvado. El lugar en donde tocas la vida, y en donde eres tocado a cambio, momento a momento…

Porque tú eres El Indicado, El Uno, tu mejor Amante, compañero, amigo y Madre.

Y así puedes decirte a ti mismo:
“Sin ti, no puedo vivir”.
“Tú me completas”.
“Sin ti, no soy nada”.
“Nunca me vayas a dejar”.


J. Foster



sábado, 2 de septiembre de 2017

La aceptacion


Habitualmente, reaccionamos de una manera mecánica, automática ante las situaciones de nuestra vida diaria.
 Queremos que las cosas sucedan como  y cuando deseamos, pero la vida es imprevisible, y las cosas son como son, no como queremos que sean.
A veces, no podemos cambiar las situaciones; pero si podemos cambiar nuestra interpretación de lo que nos sucede. Ante lo que nos ocurre, tenemos dos opciones; podemos elegir entre una actitud de apertura o aceptación, y otra de no aceptación o negación, de resistencia. Resistirse, significa que la mente dice "no" a lo que pasa, por no coincidir la situación con las expectativas que teníamos en mente.

La falta de aceptación, nos conduce al dolor, al resistirnos inconscientemente a lo que es, dejando que la mente dirija nuestras vidas. 
Cuando mayor es el grado de resistencia  a lo que nos sucede en el presente, mayor es la intensidad del dolor que padecemos; y el grado de resistencia, dependerá de qué fuerte sea la identificación con la mente.
Sucede que, cuando atravesamos una situación que nos resulta desagradable, la mente se resiste al ahora, al presente porque la experimenta como una amenaza, ya que la mente necesita tenerlo todo controlado.

Hay que tener en cuenta que la mente es un instrumento muy útil para funcionar en el mundo de las formas; pero cuando ésta nos domina, genera dolor y sufrimiento.

Como dice Chuang-Tsé:  

"El que quiere vivir el placer sin dolor, y el orden sin desorden, no entiende las leyes del cielo y la tierra." 

 Es necesario aceptar lo que es, liberándonos de la identificación mental.
 Aceptar no quiere decir que debemos resignarnos, no quiere decir que no emprendamos la acción oportuna para cambiar la situación, si se puede, porque si sólo nos resignamos, generamos frustración y amargura en nuestro interior.

El no aceptar una situación de vida insatisfactoria, hace que nos tornemos negativos, que percibamos al mundo como amenazante, que nos surja una necesidad automática y compulsiva de enjuiciar, criticar a los demás, de competir, de dominar al otro; al no aceptar lo que nos ocurre, nuestra interpretación de los hechos se carga de miedo e inseguridad, nos ponemos tensos y rígidos mentalmente y esto indudablemente afecta también a nuestro cuerpo.

    "Dios,  concédeme
  la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar,  
  el valor para cambiar las que sí puedo,
   y la sabiduría para discernir la diferencia"
                                                                               San Agustín.

 Se trata de observar los "juegos" de tu mente, el devenir de los pensamientos, sin juzgarlos, sin intentar detenerlos, sin razonarlos, sin pretender que no estén, sin identificarte....sólo observando, como quien observa las ondas en la superficie de un lago, o como quien observa el desplazamiento de las nubes en el cielo...simplemente.
Observar como estos pensamientos se suceden unos tras otros, intentan traerte recuerdos del ayer, acontecimientos pasados, que se proyectan en preocupaciones por un futuro incierto; todo un "juego" de la mente, quizá entretenido, quizá angustiante....los pensamientos, tratarán  de atraer tu atención hacia ellos y meterte en el juego (al igual que un niño que busca continuamente llamarte la atención).

El aprender a distanciarte de la mente, de los contenidos de la mente, es una gran bendición. De esto trata la meditación, de observar "la película" que está rodando tu mente, sin quedar atrapado, enganchado, en el drama.

Todo el tiempo, durante tu vida, estás persiguiendo deseos, sueños, y cuando consigues uno, vas tras otro, esto no se termina...te asalta la insatisfacción y muchas veces la desilusión y la frustración, al darte cuenta que el depender de la consecución de estos deseos, no te llevan a ninguna parte, quizá a vivir más estresado.

Las metas son necesarias como mapa de vida, el tener proyectos, deseos en sí, no tienen nada de "malo", el problema está en vivir pendientes de conseguir estos deseos, sosteniendo un estado de crispación, de tensión, sin vivir el ahora, el presente, cada momento.

Te invito a tomarte un respiro, un descanso....Sólo observa tus pensamientos, tus emociones, tus sensaciones corporales, no las critiques, no las juzgues, céntrate en tu respiración, sigue con atención el trayecto del aire cuando inhalas y al exhalar, dejando pasar tus pensamientos, como esas nubes en el cielo...tomando distancia....siente como poco a poco te vas relajando, y cómo tu mente se aquieta y se torna cada vez más clara y serena...Estás conectando con tu Ser...observando....en presente, en el aquí y ahora......





Juana Ma. Martínez Camacho
Terapeuta Transpersonal
(Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)

Especialista en Bioneuroemoción
(Instituto Español Bioneuroemoción)

Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
(Cellular Memory Release)



www.centroelim.org

Telf.. 653-936-074

CONSULTAS  PRESENCIALES  -  CONSULTAS POR SKYPE



martes, 8 de agosto de 2017

Un Nuevo Amanecer: el fin de la Co- dependencia. Jeff Foster


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No puedes salvar a nadie.
Puedes estar presente con ellos, ofrecer tu estabilidad, tu cordura, tu paz. Incluso puedes compartir tu camino con ellos, ofrecer tu perspectiva. Pero no puedes quitarles su dolor.
No puedes recorrer su camino por ellos. No puedes ofrecerles respuestas correctas, ni tampoco respuestas que no sean capaces de digerir en ese momento. Ellos tienen que encontrar sus propias respuestas, plantear sus propias preguntas o dejar que se disuelvan; tienen que hacerse amigos de su propia incertidumbre.
Ellos tendrán que cometer sus propios errores, sentir sus propias tristezas, aprender sus propias lecciones. Si realmente quieren estar en paz, tendrán que confiar en el camino de sanación que se vaya revelando paso a paso. 
Pero tú no puedes sanarlos. No puedes ahuyentar su miedo, su ira, sus sentimientos de impotencia. No puedes salvarlos, o arreglarles las cosas. Si presionas demasiado, podrían perder su tan singular camino. Tu camino podría no ser el de ellos. 
Tú no creaste su dolor. Pudiste haber hecho o dejado de hacer ciertas cosas, dicho o no dicho ciertas cosas; pudiste haber detonando el dolor que ya estaba dentro de ellos. Sin embargo tú no lo creaste, y no eres culpable, incluso si ellos dicen que así fue.
Puedes asumir la responsabilidad de tus palabras y acciones, sí, y podrías lamentarte por un pasado, pero  no puedes borrar ni cambiar lo que ya pasó, y no puedes controlar el futuro. Sólo puedes encontrarte con ellos aquí y ahora, en tu único lugar de poder.
Tú no eres responsable de su felicidad, y ellos no son responsables de la tuya. Tu felicidad no puede venir de fuera. Si es así, entonces se trata de una felicidad dependiente, una felicidad frágil que se convertirá en tristeza muy rápidamente. Y después te verás atrapado en una red de culpa, remordimiento y persecución.
Tu felicidad está directamente relacionada con tu Presencia, con tu conexión con tu aliento, con tu cuerpo, con la tierra. Tu felicidad no es pequeña, y no puede ser eliminada por el miedo o la ira, o a la más intensa de las vergüenzas.
Tu felicidad no es un estado, o una experiencia pasajera, o incluso un sentimiento que los demás puedan darte.
Tu felicidad es inmensa, siempre presente, es el espacio ilimitado del corazón, donde la alegría y la tristeza, la felicidad y el aburrimiento, la certeza y la duda, la soledad y la conexión, incluso el miedo y el deseo, pueden moverse como el clima, como la lluvia y el sol, todo acogido en la inmensidad del cielo.   
Tú no puedes salvar a nadie, y no puedes ser salvado si buscas quién te salve. No hay ningún yo que salvar, ningún yo que perder, ningún yo que defender, ningún yo que hacer perfecto o inmensamente feliz.
Deja ir cualquier ideal imposible. Eres hermoso en tu imperfección, maravillosamente perfecto en medio de tus dudas; amoroso, incluso en medio de tus sentimientos no amorosos. Todas esas partes han sido dadas, todas son partes de la totalidad, y nunca has sido más que Totalidad. 
Estás respirando. Sabes que estás vivo. Tienes derecho a existir, a sentir lo que sientes, a pensar lo que piensas. Tienes derecho a tu alegría y derecho a tus tristezas. Tienes derecho a dudar también. Tienes derecho a recorrer tu camino. Tienes derecho a estar en lo correcto, y derecho a equivocarte; tienes derecho a esta gigante felicidad que conociste cuando eras pequeño.
Estás respirando, y eres inseparable de la fuerza de vida que anima todas las cosas, que se conoce a sí misma como todos los seres, que se descubre a sí misma en cada momento de esta increíble y maravillosa existencia. 
Tu valía no está ligada a lo que los demás piensen de ti. Está ligada a la luna, a la expansión infinita del cosmos, a los cometas que se lanzan hacia destinos desconocidos, al olvido del tiempo y al amor a la soledad, y a esta inefable gratitud por cada nuevo e inesperado amanecer que nos es regalado.


viernes, 4 de agosto de 2017

Hoy no es dia de decisiones

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Hoy es un Día para la Curiosidad.
Hoy es un día para mantenerte cerca del momento, respirando, sintiendo todas las sensaciones en tu cuerpo, observando cómo da vueltas la mente tratando de tener el control, tratando de adivinar el futuro.
Detente. Respira. 
Sal de la historia de “Tengo que elegir algo en este momento”.
Suelta toda esa presión absurda.
Haz desaparecer el tiempo. 
No califiques esta ‘indecisión’.
Tu estrés es tu intento de adelantar este momento, esta presente escena en la película de tu vida (de 'incertidumbre’) hacia una futura escena de certeza, descanso y respuestas.

¿La invitación?
Encuentra descanso justo donde estás.

Sé aquí.
Pon atención a la presente escena, a este momento lleno de vida.
Haz amistad con la incertidumbre, con el no-saber, con el asombro.
Permite que todas las imágenes, pensamientos, recuerdos, obsesiones, voces en la mente surjan, pervivan un rato, y desaparezcan cuando estén listas para irse. Sabe que no son lo que tú eres. Sabe que no es la mente la que te llevará hasta las respuestas reales.
En determinado momento, simplemente sabrás qué hacer. 
O te verás a ti mismo haciéndolo, sin ningún esfuerzo.
En determinado momento, tal vez hoy, tal vez mañana, tal vez la siguiente semana, la confusión desaparecerá y la acción tomará su lugar. Siempre ha sido así. Siempre lo será.
La ilusión más grande de todas es que tú tienes el control. 
Confía en el camino que te conduce hacia las decisiones. No luches con el momento.

No puedes comprender lo que será 'allá’ desde aquí. 
A veces, las verdaderas respuestas surgen cuando a nuestras preguntas les damos espacio para respirar. 

 Jeff Foster

domingo, 23 de julio de 2017

Hiciste lo mejor que pudiste

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Hiciste lo mejor que pudiste. 
Hiciste todo lo que podías haber hecho. 
No tenías otra opción.

Teniendo en cuenta lo que creías en ese momento, los poderosos o sutiles sentimientos que se movían en ti, lo conectado que estabas con tu respiración, tu cuerpo, tu verdad, tu camino; lo arraigado que estabas en el momento presente, la claridad con la que veías o no; de acuerdo al dolor que sentías, a lo abiertas y crudas que estaban tus heridas; considerando la resistencia que sentías, lo estrecha o amplia que era tu perspectiva, lo atrapado que estabas en tu historia personal, no pudiste haber actuado o dicho nada de otra manera.

Hiciste lo mejor que pudiste, dado el nivel de consciencia desde el que estabas actuando.

¿Es esto una excusa? No. 
Más bien se trata de que asumas la plena responsabilidad de lo que pasó. Sin embargo, soltando la culpa, 'renunciando a la esperanza de un mejor pasado.'

¿Es esto una salida fácil? No. 
Más bien se trata de que te perdones a ti mismo. Soltando 'lo que pudo o debió haber sido', alineándote con 'lo que es,' arraigándote en el Ahora, el único lugar desde donde puede surgir el verdadero cambio, donde las nuevas respuestas pueden emerger, donde el sanar puede comenzar.

Laméntate por tu pasado, por supuesto. 
Aprende tus lecciones, por supuesto. 
Escucha cómo los demás comparten su dolor. Siente todo profundamente. Corrige todo lo que puedas. Pide perdón, si es necesario.

Pero, ni por un momento pienses que el pasado pudo haber sido diferente. 
Ni por un instante creas que el Universo se ha equivocado.

Estás donde estás, Ahora. Este es un nuevo día, un nuevo comienzo.

Armado con una nueva visión, con una nueva perspectiva, con un corazón mucho más humilde y compasivo, con una actitud más curiosa, muévete hacia el futuro, arraigado en esta amorosa presencia, abierto a las posibilidades.

 Jeff Foster



lunes, 10 de julio de 2017

Paciencia


                               

¿Tienes la paciencia de esperar
A que todo se asiente y el agua se aclare?
¿Eres capaz de permanecer inmóvil
Hasta que la acción correcta surja por sí sola?
Lao Tse



La paciencia es una actitud que podemos cultivar. Cuando no estamos intentando llegar a ningún otro lugar, cuando vivimos en el ahora, la paciencia surge por sí sola.

Hemos olvidado cómo esperar. Nuestro mayor tesoro, es ser capaces de esperar el momento apropiado. Si observamos, toda la existencia espera el momento oportuno. Los árboles saben cuándo ha llegado el momento de florecer y cuándo es la época de dejar caer sus hojas y permanecer desnudos frente al firmamento, y son hermosos en esta desnudez, esperando el nuevo follaje, con la confianza en que lo viejo se ha marchado para dar paso a lo nuevo, el crecimiento de las nuevas hojas. En la primavera las semillas despiertan, la hierba comienza a crecer por sí misma, las flores se despliegan en todo su esplendor.…

Los humanos, nos olvidamos cómo esperar…lo queremos todo de prisa.

Paciencia es recordarnos que las cosas se despliegan a su propio ritmo.

No podemos acelerar el paso del día a la noche, ni el cambio de una estación a otra…… El vivir apurados, con prisa, no sólo no nos beneficia, sino que va instalando el estrés en nuestra vida, el sufrimiento en nosotros y en las personas que nos rodean.

Con la mente agitada por pensamientos, estresada por llegar… nos perdemos el valioso momento presente, convirtiéndolo en un medio para un fin, olvidándonos de vivir; ante esta situación, surge la alternativa de cultivar la paciencia.

Observemos: ¿qué hay debajo de la impaciencia?

En mayor o en menor grado, encontramos enfado, resistencia a que las cosas sean como son, la necesidad imperiosa de encontrar culpables por lo que acontece, a veces son los otros, otras veces, nos culpamos a nosotros mismos.

El actuar con paciencia, no significa que cuando es necesario ir un poco más de prisa, en ocasiones puntuales, no podamos hacerlo, pero con paciencia, presentes, moviéndonos con rapidez pero atentos, dándonos cuenta que hemos elegido hacerlo de esta manera, que no es un automatismo, una costumbre de ir de prisa, a veces sin motivos aparentes.

Es importante recordar que nada está separado ni aislado, que los acontecimientos ocurren por algo y una cosa está encadenada con otra, así que no se trata de ir por la vida buscando culpables, no es útil ni saludable.

Para cultivar la Paciencia, es muy importante aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con el otro, sabiendo que cada quien actúa como puede según sus condicionamientos, con sus heridas internas, muchas veces inconscientes.

El cultivar la compasión, por comprensión, nos permite estar en paz y permanecer pacientes ante una provocación o un sufrimiento intenso. El ser compasivo, es toda una educación, donde utilizamos esa energía del enfado para transmutarla en paciencia, compasión y armonía, nada fácil al principio; esto no significa que si es necesario enfadarse, porque nuestro discernimiento en ese momento así nos lo indica, no podamos hacerlo, pero luego, conviene mirar el enfado, entenderlo, quien sabe las múltiples razones ocultas o no que hay tras esa situación… todo nos sirve para crecer, después de todo se trata de comprender nuestro ego, sanarlo y trascenderlo, no dejándonos arrasar por sus impulsos y preferencias.

La cualidad de la paciencia, la podemos cultivar por medio de la meditación. Cada vez que meditamos, que nos tornamos conscientes del flujo de la respiración entrando y saliendo de nuestro cuerpo, cultivamos la paciencia, entramos en un estado de armonía interna. También durante las asanas del yoga, cada vez que permanecemos unos minutos en cada postura, respirando y observando las sensaciones corporales, sintiendo el cuerpo estirándose, observando el devenir de los pensamientos sin involucrarnos, estamos cultivando la paciencia. Podemos practicar esta cualidad en la vida diaria, ante cualquier situación que nos resulte estresante, respirar conscientemente para aquietarnos y aprender a despertar al “observador”, al testigo, tomando distancia interna de la situación para poder verla con más objetividad, aceptando las cosas como son.

Aun en los momentos dolorosos de nuestra vida, intentemos no dejarnos llevar por la ansiedad de que las cosas sean de otra manera a como son, intentemos buscar esta cualidad de la paciencia, aceptando los hechos, en definitiva, todo pasa, todo cambia, todo tiene un ritmo, nada permanece estable, en el nivel del ego.

A veces es necesario actuar, moverse, empujar, pero otras solo cabe esperar, aportar equilibrio al momento presente, al ahora, comprendiendo la sabiduría que se esconde en la paciencia, las cosas se desplegarán de acuerdo a este estado de paciencia alcanzado ahora.

Namasté
Juani