SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Decálogo de Liberación

Resultado de imagen de libre

1. Ámate a ti mismo y estarás amando a Dios. 

2. No imagines un Dios antropomorfo que te dirige como policía de tránsito. No tiene barbas, no está sentado en una nube. Simplemente es TODO cuanto contiene la creación. 

3. Ama a tu prójimo tal como es; sin querer cambiarlo, sin esperar que sea como tú piensas que debe ser. 

4. No califiques; bueno y malo, feo y bonito son conceptos aprendidos que se alojan en tu conciencia adquirida. Todo es PERFECTO, aunque en este momento no lo entiendas. 

5. No te aferres a nada ni a nadie, fluye como el río e indefectiblemente llegarás al mar. 

6. Recuerda que nada ni nadie te pertenece, pero que todo está allí para que tú lo disfrutes. 

7. No le des cabida al miedo en tu vida, ninguna situación será tan terrible como la imaginaste. 

8. Sé feliz y eso será lo que le estás compartiendo al mundo. Sé feliz aunque el día en torno tuyo parezca nublado o lluvioso. No dependas de las circunstancias externas para ser feliz. 

9. No deposites tu energía en la lucha. Si luchas contra algo, aunque sea en tu mente, le estarás dando poder. 

10. Recuerda que el pájaro canta porque tiene canto, ama porque tu eres el amor. No pidas, de tu propia fuente bebe y te sobrará para dar. Recuerda que el amor es lo único que mientras más das, más tienes. 

Todo irá muy bien si piensas sólo lo mejor, si dices sólo lo adecuado (que puede ser callar) y haces sólo lo necesario. 

G. Schmedling


sábado, 17 de agosto de 2019

El dolor con comprensión


El dolor es parte de la vida, tiene la “función” de tornarnos más alertas. Sólo cuando toca a la puerta del corazón y “hiere”, uno se hace más consciente.

En las épocas en que la vida transcurre fácil, confortable, cómoda, o en las que las circunstancias parecen responder a nuestros anhelos, entonces, no somos tan conscientes de la dicha que estamos viviendo, pero, cuando se muere un ser querido, cuando enfrentamos el abandono, cuando atravesamos momentos en que las circunstancias, las personas, no “responden” a nuestras expectativas, a nuestras necesidades, etc. y nos sentimos solitarios, y el dolor cala hondo, allí, podemos aprovechar a hacernos más conscientes.

Curiosamente, cuando vivimos a fondo cualquier situación de vida, en este caso el dolor, cuando vamos a las raíces de este dolor, aceptándolo, porque es “lo que hay”, experimentándolo desde la aceptación de que es algo transitorio, el dolor desaparece y queda la enseñanza….. uno despierta un poco más y se da cuenta de la transitoriedad de todos los estados, que todo es cambiante: épocas de pena, dolor, se alteran con épocas de alegría, tan solo estados, que cambian, que no permanecen.

Utilicemos esas épocas de dolor para transformarnos, para aprender, crecer, viendo qué aprendizaje hay detrás del dolor. Transformarnos, como la oruga, que durante un tiempo permanece dentro de su crisálida, en la “incertidumbre”, “sin saber” que pasará….pero llegado el momento justo y oportuno, se enfrenta a un proceso doloroso donde debe esforzarse por romper el capullo, abandonar lo seguro, y avanzar en la “confianza” de transformarse en una hermosa mariposa, desplegando sus alas para volar libre….

Detrás del dolor que experimentamos, se esconde una nueva lección que, una vez asimilada, ampliará nuestra visión, nos liberará de apegos, de identificaciones, tornándonos mas pacientes y compasivos, mas despiertos, mas lúcidos.

Mientras todo esto sucede en la “superficie”(en el nivel del ego); en el plano más profundo, central, el observador, el testigo, puede ser consciente de toda la ilusión, de lo pasajero….

www.centroelim.org



miércoles, 14 de agosto de 2019

Nuestros engaños sobre el amor para huir del miedo

Resultado de imagen de autoengaño

Solemos huir de nosotros mismos y vivimos dramas en las relaciones esperando cubrir las necesidades por medio del otro. esto sucede por la falta de desarrollo personal, principalmente el occidente, se tiende a huir del dolor en vez de vivirlo, sentirlo, elaborarlo.

Es imposible encontrar y mantener el Amor hasta que no nos hemos enfrentado a nuestros miedos y hemos empezado a trabajar con ellos. 

Hasta entonces nuestras relaciones amorosas solo son una forma de intentar evitar enfrentarnos con el miedo.

 Hay tres estrategias habituales para evitar el miedo, suelen ser inconscientes ( tres engaños sobre el amor):  

1- Nos aferramos al convencimiento que encontraremos alguien que nos liberara del miedo y del dolor, especialmente del miedo a nuestra soledad.(encontrare a la persona perfecta/ el sueño romántico) 

2- Nos engañamos creyendo que somos autosuficientes, que básicamente podemos arreglárnosla solos (puedo arreglármelas solo/negación y falsa autodependencia) 

3- Creemos que cuando surge el miedo o el dolor es por culpa de algo o alguien del exterior. (todo es culpa tuya) 

Estos son los grandes engaños que hay que superar y constan de varias capas, las creencias erróneas y pensamientos que les siguen quedan al descubierto en cuanto nos abrimos a otra persona. A menos que nos hagamos conscientes de ellos, sabotearan nuestros esfuerzos por encontrar el amor. 

No tenemos que preocuparnos en desterrar los recuerdos del pasado o de la niñez, pues nuestras relaciones importantes traen consigo todos los patrones, todas las heridas, todo el material que necesitamos trabajar. 

A veces adoptamos en la relación la postura del antidependiente (no necesito nada….) o del dependiente (sin ti no puedo vivir) siendo que ambas posturas están en el interior proyectamos afuera y se trata de trabajar dentro. 


Si actúas desde el antidependiente, sintoniza con las formas en que te proteges cuando alguien se acerca demasiado, en el fondo hay un profundo miedo y es válido, siente como es la energía del escudo que te protege, pregúntate de que te proteges?: 

Resultado de imagen de autodependiente

- Tienes miedo de perderte en la otra persona, de dejar de saber lo que quieres o de no poder volver a sentirte a ti mismo? 

- Tienes miedo de que se aprovechen de tu corazón? De que si te abres a la otra persona, te va a arrastrar a su dolor? Miedo a que tendrás que ocuparte de ella? 

- Sientes que necesitas espacio para encontrarte a ti mismo, que no te exijan nada, espacio para investigar tu creatividad y tu silencio? Tienes miedo que si dejar entrar a alguien te va a asfixiar, que no vas a poder respirar? 

- Te sientes irritado o enfadado cuando intuyes las expectativas de la otra persona? Sientes ira porque no quieres vivir a la altura de sus exigencias y expectativas? Sientes ira porque la otra persona no está dispuesta a ser razonable de su propio dolor? 

- Sientes a un nivel profundo que nunca te comprenderán y que si te abres a esa persona, abusara de ti, te manipulara o te rechazara? Al sentir a ese niño interior conectas con una profunda desconfianza? Esta tu niño hambriento de amor y aceptación pero temeroso que abusaran de el o le traicionaran? 



En la postura del dependiente: 

Resultado de imagen de dependiente no puedo vivir sin ti

(estar en una actitud de súplica, de carencia, mendigando amor, esperando conseguir el amor). 
Analiza estas preguntas: 

- Estas esperando que aparezca la persona adecuada, lo suficientemente sensible para abrirte y amarle? O esperas sentir pena y desesperanza u crees que nunca lo conseguirás? 

- Te ves a ti mismo entregándole toda tu dignidad y tu poder a la otra persona, temiendo ser rechazado, avergonzado, abusado? Sientes pánico de perder el amor de la otra persona? 

- Sientes la frustración de no conseguir nunca lo que quieres, la ira de que te aíslen una y otra vez, de abrirte y luego sentir que tu pareja se distancia una y otra vez? Existe en ti ira por todas las formas en que la otra persona te manipula, pero sin embargo nunca está dispuesta a estar presente realmente? 

- Tienes la sensación de que básicamente no eres merecedor de amor? Que no mereces que te amen de una forma que de verdad te permita relajarte y nutrirte?

Thomas Trobe

viernes, 26 de abril de 2019

La importancia del sistema de creencias en nuestra vida


Características de las creencias

Las creencias actúan como filtros

Filtros que tenemos entre el mundo y nuestra comprensión del mundo, orienta nuestra atención y limita nuestra percepción de los estímulos que provienen del medio ambiente, hace que seleccionemos las informaciones.

Continuamente estamos recibiendo estímulos, tanto del mundo exterior como del mundo interior (corporal y psicológico) esto desborda nuestra capacidad neurocognitiva de procesamiento de la información, por ello debemos seleccionar las informaciones, retener unas y eliminar otras.

Estos procesos ocurren de manera muy rápida y automática. La selección de estímulos, ocurre en función de las motivaciones, no solo comprendemos, interpretamos o probamos las cosas de maneras diferentes, sino que también, en el plano sensorial perceptivo, no percibimos las mismas cosas; ej. vamos a un grupo, y unos lo perciben como cálido, otro dirá que se sintió rechazado, etc., según las necesidades de cada quien se vean satisfechas o no.

Omitimos lo que nos perturba, nos contradice, o no encaja con nuestras creencias.

La selección de información no se realiza por azar, ni por saturación de nuestras capacidades neurocognitivas, sino que responde a todo un mundo de representaciones, de motivaciones, de intenciones, de valores, y de deseos.

Ej. una persona depresiva, enuncia una serie de creencias negativas en relación consigo misma (Beck), con el mundo y con el futuro, y retiene la información que refuerza sus creencias, que es una persona que no vale, que los hombres son unos mentirosos, que es una mala madre, que el mundo es vacío, duro, hostil, que nunca saldrá adelante, que se siente vacía, y las creencias que desmienten sus conclusiones, son apartadas del campo de la conciencia o bien son deformadas.

Ej. si supere ese examen es porque era muy fácil, o justo me cayeron preguntas que sabía, etc..


Las creencias actúan como estabilizador

son como una guía que dan sentido a nuestras experiencias, nuestra vida, estableciendo una coherencia en el mundo que nos rodea y en nuestro mundo interno. El hecho de eliminar informaciones nos permite reducir las divergencias y mantenernos en la ilusión de contar con una comprensión del mundo lo bastante sólida para poder descansar en esta con tranquilidad, es una cuestión de equilibrio y estabilidad.

Ej. una mujer cree que todos los hombres son mentirosos, y dice prefiero creer eso y desconfiar, que ser confiada y que un día me mientan, eso sería muy doloroso para mí, no podría soportarlo una vez más…en principio, la creencia tiene un sentido y una utilidad vital, pero a la vez la vuelve más rígida.


Las creencias actúan como una profecía

son autovalidantes, se verifican a sí mismas, y no están dispuestas a ponerse en duda, el objetivo de las creencias es probar lo que afirman, actúan como profecía autocumplida.

Ej. dos hombres, un cree que el mundo es receptivo y el otro que es peligroso, un coche se abalanza hacia ellos y se detiene a último momento, el primero dirá que suerte, no tuvimos un accidente; el segundo, ves cómo el mundo es peligroso!. El acontecimiento es el mismo, la interpretación es diferente.

Esto se asemeja a un principio descubierto hace mucho tiempo por el medico Emilio Coue, quien exploró los caminos al inconsciente y descubrió el poder la sugestión y la imaginación (el subconsciente). Este poder es mucho más potente que la voluntad y cuando hay conflicto entre la voluntad y la imaginación, gana la última.

Coue enuncio un principio fundamental del funcionamiento psíquico que dice que:

“todo pensamiento que generamos, tiende a convertirse en realidad”

Aquí no se trata de los pensamientos racionales, lógicos del consciente, sino de pensamientos del inconsciente (cargados de emoción):

creencias, representaciones.…si creemos que algo es difícil, lo será, si creemos que podemos, podremos…

al cambiar la creencia, las cosas cambian o las vemos diferentes.


Baudoin, discípulo de Couen formula la “ley de la finalidad del inconsciente”, dice que:

si el subconsciente (la imaginación) ha comprendido y aceptado la necesidad de un cambio, cualquiera sea esta, va a poner en marcha los medios necesarios para lograrlo, y hace uso de mucha imaginación..

Ej. si el subconsciente integra la sugestión de una curación física, pondrá en marcha los procesos orgánicos para esa curación.

No es necesario que la persona sea consciente de los detalles de lo que va a suceder, ya que el inconsciente lo sabe, hace su trabajo, moviliza la energía, etc…

Cuando hay dudas no hay resultados, si digo intentare, es que hay dudas, diferente a decir yo lograre superar tal cosa…


La creencia existe sin noción de verificación, o de validación

el adherirse internamente a ella, es suficiente, no necesita que la validen y si se presenta la validación, no interesa, la creencia carece de lógica racional o científica.

Toda verificación de una creencia limitante es subjetiva: yo siento eso y entonces es verdad. Interpretamos las situaciones en función de nuestras creencias, no en función de elementos objetivos.

Los valores, creencias, motivaciones, intervienen en la elaboración de nuestra interpretación del mundo, la percepción de lo real está sometida a la prioridad de la imaginación.


La creencia ocupa el lugar de la realidad

lo que preocupa al ser humano no son las cosas, sino las opiniones que tiene. No reaccionamos ante los otros, o ante los acontecimientos, sino que los interpretamos, reaccionamos a los movimientos psíquicos compuestos de pensamientos y emociones.

Nuestras creencias nos condicionan y nos hacen dependientes del ambiente, enmascaran nuestra libertad de ser lo que en realidad somos, están ligadas a la manera en que utilizamos nuestro pensamiento- de modo inconsciente, por ello vivimos en un mundo virtual, que no se corresponde a la realidad tal como es, sino a lo que quisiéramos que fuera o que no fuera, como la interpretamos.

Esto es la base de nuestro malestar, nuestras crisis, nuestras patologías, e insatisfacciones crónicas.

Lo que te irrita no es la persona sino tu opinión hacia la persona, su comportamiento, es tu interpretación…


Una creencia no reconoce su naturaleza de creencia

nos conducen fuera del campo de nuestra voluntad consciente, la creencia es una verdad tan evidente como banal para la persona.

El ser humano se piensa en función de sus creencias, se convierte en su objeto y pierde gran cantidad de energía a su servicio, nos pasamos gran parte la vida siendo esclavos de algo desconocido, sin siquiera buscar conocerlo y liberarnos de ello.

Para poder liberarnos de las creencias tenemos que conocerlas y reconocerlas, debido a que una creencia es una evidencia que no se pone en duda, no se la interroga.


Toda creencia tiene una función positiva, un beneficio

generalmente podemos ver los impedimentos, las limitaciones de creer algo, y somos inconscientes de sus beneficios. Todos los síntomas de conducta, de las relaciones o psíquicos, contienen en sus raíces una “intención positiva” para la persona o para el sistema. 
Implementamos creencias para no estar en contacto con experiencias desagradables, en las cuales hemos estado privados de lo positivo o hemos estado en contacto con demasiadas cosas negativas.

Las redes de creencias tienen así, una función de protección, o defensa para prevenir cualquier nueva experiencia negativa.

La creencia se implementa en un contexto en el cual cumple una función, en el que constituye una respuesta de adaptación al ambiente. Luego se generaliza, y el contacto con el contexto real se pierde.

Las creencias no son ni buenas ni malas, participan en la coherencia y estructuración de la persona, por ello, hay que abordarlas con precaución y delicadeza.



¿Quieres aprender más sobre las creencias?

¿Cómo se programan? ¿Cómo nos afectan más de lo que imaginamos y dirigen nuestra vida cuando no son observadas y cambiadas?

¿Cómo mueven estados emocionales que se traducen en sustancias químicas en cada célula del cuerpo, afectando la salud?

¿Cómo afectan en la interpretación de los acontecimientos, influyendo en la calidad de las relaciones?

¿Cómo hacer para cambiarlas?

¿Quieres romper los hábitos tóxicos y crear nuevos hábitos saludables en todos los niveles?....





miércoles, 27 de marzo de 2019

Curando al niño herido que hay en tu interior (Thich Nhat Hanh)


Muchos de nosotros tenemos aún un niño herido viviendo en nuestro interior. Quizá las heridas nos las hayan producido nuestro padre o nuestra madre. O tal vez a nuestro padre le hirieran de niño. A nuestra madre también pueden haberla herido cuando era niña.

Como no supieron curar las heridas de su infancia, nos las han transmitido. Si nosotros no sabemos transformar y curar las heridas que hay en nosotros, las vamos a transmitir a nuestros hijos y nietos. Por eso hemos de volver al niño herido que hay en nosotros y ayudarle a curarse.

A veces el niño herido que hay en nosotros necesita nuestra atención. Ese niño pequeño puede aflorar de las profundidades de nuestra conciencia y pedir nuestra atención. Si eres consciente, puedes oír su voz pidiendo ayuda. En ese momento, en lugar de contemplar un bello amanecer, vuelve a ti mismo y abraza tiernamente al niño herido que hay en ti.

«Inspirando, vuelvo con el niño herido que hay en mí; espirando, cuido muy bien de mi niño herido.»

Para cuidar de nosotros mismos, debemos volver y cuidar del niño herido que hay en nuestro interior. Has de practicar cada día el volver a tu niño herido. Debes abrazarlo tiernamente, como si fueras un hermano o una hermana mayor. Has de hablarle. Y también puedes escribir una carta al niño pequeño que hay en ti, de dos o tres páginas, para decir que reconoces su presencia y que harás todo lo posible para curar sus heridas.

Cuando hablamos de escuchar con compasión, normalmente creemos que se refiere a escuchar a otra persona. Pero también debemos escuchar al niño herido que hay en nuestro interior. Está en nosotros aquí, en el momento presente. Y podemos curarlo ahora mismo.

«Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras.»

Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de sol, invítale a disfrutarla contigo.

Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo.





www.centroelim.org




domingo, 24 de febrero de 2019

La causa raíz de nuestro sufrimiento (texto de Jeff Foster)



A mi entender, todos nuestros problemas, todo nuestro sufrimiento y nuestros conflictos, tanto personales como globales, se derivan de un problema básico: la ignorancia de quiénes somos realmente.

Hemos olvidado que somos inseparables de la vida y, como consecuencia, hemos empezado a temerla, y ese miedo nos ha hecho entrar en guerra con ella de maneras diversas.

Hemos empleado nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras emociones y nuestros cuerpos para combatir lo único real, que es el momento presente. Y al intentar protegernos del dolor, el miedo, la tristeza, el malestar, el fracaso..., de todas aquellas partes de la vida que se nos ha condicionado a creer que son malas, negativas, tétricas o peligrosas, hemos dejado de estar verdaderamente vivos.

La armadura que nos hemos puesto para protegernos de una plena experiencia de la vida se llama «yo individual»; pero en realidad no nos protege de nada, solo nos mantiene cómodamente anestesiados.

El despertar espiritual —el darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser — es la respuesta a este problema básico de la humanidad.

Hoy en día existen innumerables libros sobre el tema, y al parecer se descubren constantemente enseñanzas antiguas a las que hasta hace muy poco solo había tenido acceso una minoría selecta. Pero cuidado, porque también aquí hay trampa: la espiritualidad puede convertirse fácilmente en una capa más de nuestra armadura y, en vez de favorecer nuestra apertura a la vida, desconectarnos todavía más.

Muchos conceptos y tópicos espirituales como «el yo no existe», «este no es mi cuerpo» o «la dualidad es pura ilusión» pueden no ser más que nuevas creencias a las que aferramos, nuevas maneras de eludir la vida y apartarnos del mundo que acaben generando un sufrimiento aún mayor, a nosotros y a nuestros seres queridos.

El despertar espiritual no tiene nada que ver con que estés más protegido; tiene que ver con que te des cuenta de que el ser que de verdad eres no necesita protección, de que el ser que de verdad eres es tan receptivo, tan libre, rebosa hasta tal punto de amor y profunda aceptación que permite que la vida en su totalidad penetre en él.

La vida no puede hacerte daño, puesto que eres la vida. Por lo tanto, el momento presente no es un enemigo al que debas temer, sino un querido amigo al que abrazar. Así es, la verdadera espiritualidad no refuerza la armadura con la que te proteges de la vida; la destruye.

El despertar espiritual es en realidad muy sencillo. Es el reconocimiento atemporal de quien eres realmente: la consciencia previa a la forma.

Ahora bien, vivir en la práctica ese reconocimiento en la vida diaria, sin olvidarlo, perderlo de vista totalmente o dejar que se suba a la cabeza..., ahí, ahí es donde empieza la verdadera aventura de la vida, y ahí es donde, al parecer, muchos de los que recorren el camino espiritual se debaten y entran en lucha, da igual que sean buscadores que maestros.

Una cosa es saber quién eres realmente cuando todo va sobre ruedas y tienes la sensación de que la vida te sonríe, y otra es recordarlo en momentos de máxima crispación, cuando todo se derrumba a tu alrededor, cuando las circunstancias te superan y se rompen los sueños.

En medio del dolor físico y emocional, de las adicciones, los conflictos de pareja y los fracasos mundanos y espirituales, solemos sentirnos menos despiertos que nunca, y más separados de la vida, de los demás y de quienes somos realmente. Los felices sueños de iluminación pueden evaporarse en un instante, y parecer que la aceptación se halle a millones de kilómetros de distancia.

Depende de nosotros interpretar la existencia humana de cada día, con sus complicaciones y su belleza, como algo que se ha de evitar, trascender o incluso aniquilar, o verla como lo que es realmente: un secreto y una constante invitación a despertar ahora, incluso aunque creamos que ya despertamos ayer. La vida, por su compasión infinita, no nos va a dejar dormirnos en los laureles.

Una profunda y confiada aceptación de cualquier cosa que la vida ponga en nuestro camino, no se trata de practicar una rendición pasiva ni un frío desapego, sino de emerger con creatividad adentrándonos en el misterio del momento. 
 Jeff Foster


viernes, 8 de febrero de 2019

Habitando felizmente el presente



Respirar y caminar con consciencia genera la energía del mindfulness. Esta energía hace que nuestra mente regrese a nuestro cuerpo a fin de habitar de veras el instante presente y así poder estar en contacto con las maravillas de la vida que hay en nuestro interior y que también nos rodean. Si podemos reconocer estas maravillas, la felicidad nos inundará de inmediato.

Plenamente disponibles para el momento presente, descubrimos que ya contamos con suficientes condiciones para ser felices; más que suficientes, en realidad. No tenemos que buscar nada más en el futuro o en otro lugar. Es lo que llamamos permanecer o habitar felizmente en el presente.

Buda enseñó que todos nosotros podemos vivir felizmente aquí y ahora. Cuando en el instante presente nos inunda la felicidad, podemos detenernos; no debemos correr en pos de otros objetos de deseo. Nuestra mente está tranquila.

Cuando nuestra mente aún no está en calma, cuando aún estamos agitados, no podemos ser realmente felices. Nuestra felicidad o falta de ella depende en gran medida del estado de nuestra mente, y no de nada externo. Es nuestra propia actitud, la forma en que observamos las cosas, nuestro modo de plantearnos la vida, lo que determina si somos felices o no.

Ya disponemos de muchas condiciones para ser felices, ¿por qué deberíamos buscar más? Tenemos que parar y dejar de perseguir otros señuelos: es el rumbo más sabio. De otro modo, no dejamos de perseguir uno u otro objetivo, pero cada vez que lo alcanzamos descubrimos que todavía no somos felices.

Un día, cuando Buda se disponía a hablar en el monasterio del bosquecillo Jeta, uno de sus discípulos laicos, Anathapindika, hombre de negocios, llevó a cientos de compañeros consigo para que escucharan su palabra. Buda les enseñó la práctica de habitar felizmente en el presente.
Evidentemente, podemos seguir haciendo negocios, podemos continuar aumentando nuestro éxito profesional, pero también deberíamos comprometernos a vivir con atención plena a fin de disfrutar el hecho de ser felices ahora y no desperdiciar las preciosas oportunidades que la vida nos ofrece para amar y cuidar a nuestros seres queridos y cercanos. Si malgastamos nuestro tiempo pensando en nuestros futuros éxitos, desperdiciaremos completamente la vida, porque la vida solo puede encontrarse en el instante presente.

Thich Nhat Hanh