SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Una oración para los Vivos


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Vida,
Deshaz en mí todo aquello que necesite ser deshecho.
Corrige mi esperanza de ser enmendado.
Úsame. Saca de mí cada ápice de creatividad. Ayúdame a vivir una vida radicalmente extraordinaria, forjando siempre un camino jamás-antes-transitado en el bosque.
Enséñame cómo amar con más profundidad, como nunca antes creí que fuera posible.
Cualquier cosa de la que siga huyendo, síguemela mostrando con absoluta evidencia.
Cualquier cosa con la que siga en conflicto, ayúdame a suavizarme en ella, a relajarme en ella, a abrazarla completamente.
En donde mi corazón continúe cerrado, muéstrame la forma de abrirlo sin recurrir a la violencia.
Todo aquello a lo que me siga aferrando, ayúdame a dejarlo ir.
Regálame desafíos, luchas y obstáculos aparentemente insuperables, si crees que eso me ayude a tener una más profunda humildad y confianza en la inteligencia de la vida.
Ayúdame a reírme de mi propia seriedad.
Permíteme encontrar el humor en los lugares más oscuros.
Muéstrame un profundo sentido de descanso en medio de cada tormenta.
No me libres de la verdad. Nunca.
Deja que la gratitud sea mi guía.
Deja que el perdón sea mi mantra.
Deja que este momento sea mi eterna compañía.
Permíteme ver tu rostro en cada rostro.
Permíteme sentir tu cálida presencia en mi propia presencia.
Sostenme cuando tropiece.
Respírame cuando yo no pueda respirar.
Permíteme morir viviendo, no vivir muriendo.
Amén.
- Jeff Foster

viernes, 9 de noviembre de 2018

Las heridas de la infancia

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Los investigadores del cerebro han sugerido que las acrecentadas huellas neuronales de experiencias de tensión, en la niñez, tergiversan la forma de reaccionar del organismo a estímulos recibidos cuando ya se es adulto. 

Las experiencias dolorosas realmente se graban en nuestro cerebro, de modo que éste se encuentra cada vez más preparado para reconocer como dolorosos aquellos estímulos que para otras personas pasarían inadvertidos. 

Esto apoya la teoría de que, una vez que el núcleo del cerebro es determinado durante la infancia, actúa como un filtro supersensible que moldea eventos subsecuentes.
Cuando un adulto con un niño interior herido experimenta una situación similar a un suceso doloroso anterior, se desencadena también la reacción original. Se reacciona con intensa emoción ante algo que es realmente trivial o inocuo. Es decir, se responde a la que no existe en el exterior pero que aún está presente en nuestro interior.

El rescate del dolor original descansa en la hipótesis de que el dolor emocional inicial es atenuado e inhibido. Lo actuamos exteriormente porque nunca ha sido expulsado. No se lo puede expulsar pues nuestro mecanismo inhibidor (defensa del ego) nos impide saber que el dolor emocional está allí. 

"No puedes saber lo que no sabes" es un lema que empleamos en terapia. Actuamos exteriormente los sentimientos; los actuamos interiormente, o los proyectamos hacia otros. Como no podemos sentirlos, y como son una cuestión no terminada, necesitan ser expresados.

Actuarlos hacia el interior o hacia el exterior y proyectarlos son las únicas maneras de expresarlos que conoce nuestro niño herido. Pero éstas no son soluciones permanentes.
La energía del trauma original subsiste como una tormenta eléctrica que reverbera tensión por todo el sistema biológico. Personas que llevan una vida aparentemente racional pueden seguir soportando una vida emocional tormentosa. Sus tormentas continúan porque el dolor original no ha sido resuelto.

El dolor original es una acumulación de conflictos no resueltos cuya energía ha aumentado con el tiempo. El niño interior herido está congelado porque no hubo manera en que pudiera expresar su aflicción. Además se ha sentido avergonzado por llegar a creer que no podía depender de las personas encargadas de sus primeros cuidados. Luego llegando a creer que no tenía derecho de depender de nadie, como consecuencia de esto, el niño se siente aislado y con temor.   

Se trata que ahora el adulto que eres, pueda ganarse la confianza de este niño herido, para que pueda abrirse y permitirse sentir lo que no pudo sentir, se trata de validarle lo que siente, comprendiéndolo y dándole el cariño, la atención, cubrirles todas sus necesidades que quedaron insatisfechas, que sus educadores no pudieron cubrir de la manera en que  él lo necesitó.

Extrañamente, mientras más abusos has recibido de niño, más has creído que eres malo y más has idealizado a tus padres.
Sus padres hicieron lo que creyeron que era lo mejor, pero eso es algo que no puede comprender un niño de tres años. 

Todos estos sentimientos que quedaron sin sentir,  necesitan ser vividos. Necesitamos irrumpir y acometer; sollozar y llorar; sudar y temblar.
El niño herido necesita validación de su dolor, sólo después, puede expresarlo y atravesarlo.
Todo esto toma tiempo. La recuperación de los sentimientos es un proceso, no un suceso. Pero la mejoría se nota casi inmediatamente. 

El contacto con el niño interior, el hecho de que él sepa que alguien está allí, suscita alegría y causa inmediato alivio.


En un proceso terapéutico, lo que hacemos es  hacer emerger en nuestra conciencia esas emociones reprimidas de la infancia, así como el sistema de creencias negativas que aquéllas engendraron y poder integrar y  neutralizar el efecto negativo que están teniendo en nuestra experiencia vital presente.




Si quieres aprender más sobre el niño herido y su sanación:






Si necesitas acompañamiento terapéutico, te acompaño



Juana Ma. Martínez Camacho

                                       Terapeuta Transpersonal
                                (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
                             Especialista en Bioneuroemoción
                               (Instituto Español de Bioneuroemoción)
                             Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                               (Cellular Memory Release)                   
                             Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                               (Transpersonal Anatheóresis Madrid)



                       www.centroelim.org           Telf.  653-936-074
                            



lunes, 5 de noviembre de 2018

El sanar no siempre se siente bien



El sanar, casi siempre, implica un trauma de algún tipo: abrir viejas heridas, exponer a la luz energías reprimidas, ignoradas y mal entendidas; tratar de ver lo amoroso dentro de aquello que no amamos… es por esto que la sanación no siempre luce o se siente bien, o hermosa o amable.
Uno de los mitos más peligrosos y desconsiderados que hemos heredado de nuestra cultura es que la sanación debería ‘SENTIRSE BIEN’. ¡No! A veces nuestro dolor realmente aumenta y se intensifica conforme la oscuridad sale hacia la luz. ¡Pero el dolor que inmediatamente juzgamos como 'malo’ podría indicar que nuestro proceso de sanación se está intensificando y alineando, y no que está estancado!
Está la tendencia en nuestra cultura de evitar el sufrimiento, de distraernos de él, de etiquetarlo como 'equivocado’ o 'negativo’, que es necesario meditarlo o medicarlo para deshacernos de él, que es necesario prevenir la experiencia de éste (¡y por supuesto, hay una gran inteligencia en esto también!). Mucha de nuestra así llamada 'medicina moderna’ está orientada a la eliminación de los síntomas, a calmar la incomodidad, a adormecer el caos y a dirigirnos hacia una idea socialmente aceptable de 'normalidad’.

Pero a veces, amigos, ¡simplemente ya no tenemos ningún interés en 'volver a la normalidad’! ¡Lo 'normal’ era el problema, no la solución! El estatus quo necesitaba cambiar. Era completamente inestable y falso. ¡Ya es hora de una nueva medicina!
A veces, nuestra frágil 'normalidad’ necesita romperse en el caos, el dolor necesita ser sentido más a fondo, el corazón tiene que romperse con mucha más intensidad. Y esto no es para destrozarnos, sino para deshacer formas no auténticas de ser.
El sufrimiento no es un castigo que mande un dios sentencioso, tampoco se trata de un error en un universo descompuesto, tampoco es la evidencia de nuestro fracaso y nuestra ignorancia, sino una enseñanza espiritual profundamente viva. Mira a Jesús en la cruz. El dispositivo de su tortura se convirtió en su última invitación para sanar - el redescubrimiento de su propia Presencia, previa a su encarnación humana, previa al tiempo mismo. La crucifixión fue la invitación para descubrir de nuevo a Dios.

¡Todos estamos en la cruz con Jesús! ¡La cruz nunca discrimina a nadie!
Considera la posibilidad de que dentro de tu sufrimiento estás siendo invitado a dejar ir, a dejar 'las cosas de niño’, a despertar del sueño de la normalidad para abrazar la vida con todo su quebranto y asombro. Para enamorarte del sitio en donde te encuentras en este momento. Para ser aquí, ahora.
Deja que los vientos soplen, deja que la tempestad ruja, deja que todo lo falso se purifique, deja que todo lo muerto permanezca muerto, ¡permite que la vida estalle allí, justo donde estás! Tan sólo estás siendo invitado a una más profunda sanación, aunque se sienta como dolor, aunque el corazón se sienta frágil y en carne viva, aunque seas incapaz de ver todavía algún mañana.
Dios es aquí.
Jeff Foster


sábado, 29 de septiembre de 2018

"Nadie te hace nada...."



Una mirada profunda te permite comprender que nadie hace nada para herirte, todo tiene que ver contigo, con lo que no conoces de ti, con lo que aún no has integrado en ti...
El mundo, las situaciones, las personas, son un reflejo de tu interior, tanto lo que te gusta como lo que te es más difícil de aceptar….entonces, no te tomes nada “personal”, observa en tu interior qué quiere enseñarte esta situación, que es lo que aún no terminas de integrar en ti.

Si es necesario pon un límite o hasta aléjate de la persona o salte de la situación si es muy dura para ti en este momento, pero no dejes pasar la oportunidad de integrar y sacar el aprendizaje de la experiencia, para poder trascenderla. Lo que no comprendas, volverá a repetirse para que puedas integrarlo...

La vida es muy simple, no obstante, nuestra personalidad/ego la complica pues vemos el mundo con nuestros propios filtros, interpretamos de acuerdo a nuestro propio sistema de creencias infantil que hemos utilizado gran parte de nuestra vida y está apoyado en nuestra niñez, aprendido cuando no teníamos nuestra Corteza Prefrontal (con la que analizamos, juzgamos, planificamos, etc.) aun desarrollada como para poder entender lo que estábamos viviendo doloroso, quedando heridas sin resolver a nivel emocional en nuestro inconsciente, creencias y decisiones, que siguen afectándonos en nuestra vida de adultos, limitándonos a la hora de expresar la potencialidad que en esencia somos.

 Juana Ma. Martínez Camacho




Te acompaño en el proceso...
algunos de los beneficios: 

      ·   Aprender a escuchar el mensaje de las emociones, superando la ansiedad, el miedo, la depresión, la agresividad…

        ·    Sanar  tus patrones tóxicos, tus creencias limitantes, los bloqueos de la niñez que afectan tu vida actual. Te harás de  herramientas sencillas y prácticas para aplicar en tu vida cotidiana.

        ·     Aprender a  descubrir y a satisfacer tus necesidades saludablemente.

        ·     Sentirte  más tranquilo, más seguro de tí mismo, con más confianza en tus recursos internos, más claro y  creativo para poder poner en acción tus proyectos. 

     ·  Mejorar  tus relaciones en general (familiares, pareja, amigos, conocidos…), aprendes a poner límites sanos,  aprendes a conectar con la felicidad interior.

        ·   Comprobar  que las crisis son  verdaderas oportunidades de cambio interior, haciéndote responsable de tí mismo, sin culpar al entorno por lo que te ocurre.

        ·       Aprender a aceptar lo que te está pasando, y desde ahí, poder cambiar tus patrones limitantes, viviendo más relajado, aprendiendo a amarte y respetarte.

       ·    Sentirte más integrado en cuerpo, mente y espíritu, y entender la vida como un proceso de aprendizaje.

         ·         Conectar con tu sentido de vida.

           . Conectar con lo que tu eres a nivel esencial




domingo, 23 de septiembre de 2018

Las tres respuestas



Un cierto emperador pensó un día que si se conociera la respuesta a las siguientes tres preguntas, nunca fallaría en ninguna cuestión. Las tres preguntas eran:

  1.  ¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
  2.  ¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?
  3.  ¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?


El emperador publicó un edicto a través de todo su reino anunciando que cualquiera que pudiera responder a estas tres preguntas recibiría una gran recompensa, y muchos de los que leyeron el edicto emprendieron el camino al palacio; cada uno llevaba una respuesta diferente al emperador.

Como respuesta a la primera pregunta, una persona le aconsejó proyectar minuciosamente su tiempo, consagrando cada hora, cada día, cada mes y cada año a ciertas tareas y seguir el programa al pie de la letra. Sólo de esta manera podría esperar realizar cada cosa en su momento. Otra persona le dijo que era imposible planear de antemano y que el emperador debería desechar toda distracción inútil y permanecer atento a todo para saber qué hacer en todo momento. Alguien insistió en que el emperador, por sí mismo, nunca podría esperar tener la previsión y competencia necesaria para decidir cada momento cuándo hacer cada cosa y que lo que realmente necesitaba era establecer un “Consejo de Sabios” y actuar conforme a su consejo.
  Alguien afirmó que ciertas materias exigen una decisión inmediata y no pueden esperar los resultados de una consulta, pero que si él quería saber de antemano lo que iba a suceder debía consultar a magos y adivinos.

Las respuestas a la segunda pregunta tampoco eran acordes. Una persona dijo que el emperador necesitaba depositar toda su confianza en administradores; otro le animaba a depositar su confianza en sacerdotes y monjes, mientras algunos recomendaban a los médicos. Otros que depositaban su fe en guerreros.

La tercera pregunta trajo también una variedad similar de respuestas. Algunos decían que la ciencia es el empeño más importante; otros insistían en la religión e incluso algunos clamaban por el cuerpo militar como lo más importante.

Y puesto que las respuestas eran todas distintas, el emperador no se sintió complacido con ninguna y la recompensa no fue otorgada.
Después de varias noches de reflexión, el emperador resolvió visitar a un ermitaño que vivía en la montaña y del que se decía era un hombre iluminado. El emperador deseó encontrar al ermitaño y preguntarle las tres cosas, aunque sabía que él nunca dejaba la montaña y se sabía que sólo recibía a los pobres, rehusando tener algo que ver con los ricos y poderosos.   Así pues el emperador se vistió de simple campesino y ordenó a sus servidores que le aguardaran al pié de la montaña mientras él subía solo a buscar al ermitaño.

Al llegar al lugar donde habitaba el hombre santo, el emperador le halló cavando en el jardín frente a su pequeña cabaña. Cuando el ermitaño vio al extraño, movió su cabeza en señal de saludo y siguió con su trabajo. La labor, obviamente, era dura para él, pues se trataba de un hombre anciano, y cada vez que introducía la pala en la tierra para removerla, la empujaba pesadamente.

  El emperador se aproximó a él y le dijo: “He venido a pedir tu ayuda para tres cuestiones:
“¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
¿Quienes son las personas más importantes con las que uno debe trabajar?
¿Qué cosa es la más importante que hacer en todo momento?

El ermitaño le escuchó atentamente pero no respondió. Solamente posó su mano sobre su hombro y luego continuó cavando. El emperador le dijo: “Debes estar cansado, déjame que te eche una mano”. El eremita le dio las gracias, le pasó la pala al emperador y se sentó en el suelo a descansar.

Después de haber acabado dos cuadros, el emperador paró, se volvió al eremita y repitió sus preguntas. El eremita tampoco contestó sino que se levantó y señalando la pala y dijo: “¿Por qué no descansas ahora? Yo puedo hacerlo de nuevo”. Pero el emperador no le dio la pala y continuó cavando. Paso una hora, luego otra y finalmente el sol comenzó a ponerse tras las montañas. El emperador dejó la pala y dijo al ermitaño: “Vine a ver si podías responder a mi tres preguntas, pero si no puedes darme una respuesta dímelo para que pueda volverme a mi palacio”.

El eremita levantó la cabeza y preguntó al emperador: “¿Has oído a alguien corriendo por allí?”. El emperador volvió la cabeza y de repente ambos vieron a un hombre con una larga barba blanca que salía del bosque. Corría enloquecidamente presionando sus manos contra una herida sangrante en su estómago. El hombre corrió hacia el emperador antes de caer inconsciente al suelo, dónde yació gimiendo. Al rasgar los vestidos del hombre, emperador y ermitaño vieron que el hombre había recibido una profunda cuchillada. El emperador limpió la herida cuidadosamente y luego usó su propia camisa para vendarle, pero la sangre empapó totalmente la venda en unos minutos. Aclaró la camisa y le vendó por segunda vez y continuó haciéndolo hasta que la herida cesó de sangrar.

El herido recuperó la conciencia y pidió un vaso de agua. El emperador corrió hacia el arrollo y trajo un jarro de agua fresca. Mientras tanto se había puesto el sol y el aire de la noche había comenzado a refrescar. El eremita ayudó al emperador a llevar al hombre hasta la cabaña donde le acostaron sobre la cama del ermitaño. El hombre cerró los ojos y se quedó tranquilo. El emperador estaba rendido tras un largo día de subir la montaña y cavar en el jardín y tras apoyarse contra la puerta se quedó dormido.   Cuando despertó, el sol asomaba ya sobre las montañas. Durante un momento olvidó donde estaba y lo que había venido a hacer. Miró hacia la cama y vio al herido, que también miraba confuso a su alrededor; cuando vio al emperador, le miró fijamente y le dijo en un leve suspiro: “Por favor, perdóneme”.

- Pero ¿qué has hecho para que yo deba perdonarte?- preguntó el emperador.

- Tú no me conoces, Majestad, pero yo te conozco a ti. Yo era tu implacable enemigo y había jurado vengarme de ti, porque durante la pasada guerra tú mataste a mi hermano y embargaste mi propiedad. Cuando me informaron de que ibas a venir solo a la montaña para ver al ermitaño decidí sorprenderte en el camino de vuelta para matarte. Pero tras esperar largo rato sin ver signos de ti, dejé mi emboscada para salir a buscarte. Pero en lugar de dar contigo, topé con tus servidores y me reconocieron y me atraparon, haciéndome esta herida. Afortunadamente pude escapar y corrí hasta aquí. Si no te hubiera encontrado seguramente ahora estaría muerto. ¡Yo había intentado matarte, pero en lugar de ello tú has salvado mi vida! Me siento más avergonzado y agradecido de lo que mis palabras pueden expresar. Si vivo, juro que seré tu servidor el resto de mi vida y ordenaré a mis hijos y a mis nietos que hagan lo mismo. Por favor, Majestad, concédeme tu perdón.

El emperador se alegró muchísimo al ver que se había reconciliado fácilmente con su acérrimo enemigo, y no sólo le perdonó sino que le prometió devolverle su propiedad y enviarle a sus propios médicos y servidores para que le atendieran hasta que estuviera completamente reestablecido.

Tras ordenar a sus sirvientes que llevaran al hombre a su casa, el emperador volvió a ver al ermitaño. Antes de volver al palacio el emperador quería repetir sus preguntas por última vez; encontró al ermitaño sembrando el terreno que ambos habían cavado el día anterior.

El ermitaño se incorporó y miró al emperador. “Tus preguntas ya han sido contestadas”.

-Pero, ¿Cómo?- preguntó el emperador confuso.

-Ayer, si su Majestad no se hubiera compadecido de mi edad y me hubiera ayudado a cavar estos cuadros, habría sido atacado por ese hombre en su camino de vuelta. Entonces habría lamentado no haberse quedado conmigo. Por lo tanto el tiempo más importante es el tiempo que pasaste cavando los cuadros, la persona más importante era yo mismo y el empeño más importante era el ayudarme a mí. Más tarde, cuando el herido corría hacia aquí, el momento más oportuno fue el tiempo que pasaste curando su herida, porque si no le hubieses cuidado habría muerto y habrías perdido la oportunidad de reconciliarte con él. De esta manera, la persona más importante fue él y el objetivo más importante fue curar su herida.


Recuerda que sólo hay un momento importante y es ahora. El momento actual es el único sobre el que tenemos dominio. La persona más importante es siempre con la persona con la que estás, la que está delante de ti porque quien sabe si tendrás trato con otra persona en el futuro. El propósito más importante es hacer que esa persona, la que está junto a ti, sea feliz, porque es el único propósito de la vida.

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viernes, 14 de septiembre de 2018

El cambio Interior





En el mundo en que vivimos actualmente, si no estamos satisfechos con la calidad de nuestra experiencia, lo más probable es que intentemos hacer cambios en nuestra vida operando sobre las circunstancias físicas externas.
Esto se debe a que el aspecto físico externo de nuestra experiencia es el más tangible y el de más fácil acceso. Sin embargo, aunque podamos hacer un cambio relativamente rápido en nuestras circunstancias físicas, estos cambios no perduran, debido a que los aspectos físicos de nuestras circunstancias son siempre efectos, y no causas.

Por otra parte, el cambio es una constante en la naturaleza de nuestra experiencia física, de manera que cualquier cosa que cambiemos físicamente volverá a cambiar de nuevo, inevitablemente, con el transcurso del tiempo. Podemos utilizar la fuerza para cambiar algo rápidamente en nuestro mundo físico, pero esto significa que tendremos que invertir una gran cantidad de energía para mantener el cambio en esas condiciones.

Por tanto, para hacer cambios físicos y mantenerlos, con la intención de alterar la calidad de nuestra experiencia vital, vamos a tener que controlar y sedar nuestras circunstancias. Tales cambios requieren de la aplicación constante de energía para que el cambio se mantenga. Y ésta es una tarea imposible.




. También podemos intentar cambiar la calidad de nuestra experiencia vital mentalmente, cambiando nuestros pensamientos acerca de las cosas. Hay muchos cursos de “pensamiento positivo”, que buscar lograr esto.

El cambiar el enfoque mental acerca de algo llevará con el tiempo a un ajuste en la calidad de la experiencia vital que estamos teniendo. Sin embargo, nos llevará más tiempo ver los efectos que los cambios mentales producen en el mundo físico que lo que precisaríamos desde un enfoque puramente físico.

Los cambios dirigidos desde la mente perduran algo más, siempre y cuando no cambiemos de nuevo nuestros pensamientos. Pero nuestra capacidad para cambiar la calidad de nuestra experiencia vital a través de cambios mentales tiene un alcance y una duración ciertamente inconsistentes, porque este enfoque tiene que defender sus logros constantemente ante la naturaleza y los contenidos de nuestros procesos de pensamiento inconscientes.
En realidad, sólo sabemos lo que pasa con nuestros procesos de pensamiento inconscientes cuando observamos las circunstancias que manifestamos en nuestro campo de experiencia que resultan contradictorias con nuestros intentos de «pensar en positivo».

El mero hecho de que cambiemos conscientemente nuestra manera de pensar acerca de las circunstancias no significa que vayamos automáticamente a sentirlas de otra manera.
Por tanto, aun cuando un cambio consciente de nuestros pensamientos consiga eventualmente los ajustes necesarios en nuestras circunstancias físicas, hasta el punto de que realmente lleguemos a sentir de un modo diferente, por mucho control mental que apliquemos no vamos a poder alcanzar una sensación auténtica de paz.





Los sentimientos inconscientes, y los procesos de pensamiento inconscientes que aquéllos alimentan, seguirán alterando nuestra paz mental.

Una experiencia de paz no es simplemente el resultado de un pensamiento positivo, a menos que vaya subrayado por un sentimiento. Los procesos de sentimiento y de pensamiento deben armonizarse estrechamente para que podamos alcanzar el estado del ser que pretendemos. Así pues, al igual que en los intentos por hacer cambios puramente físicos, la realización de cambios puramente mentales para ajustar la calidad de nuestras experiencias, no deja de ser otra cosa que jugar con los efectos, y sigue sin dirigirse a las causas.
Afortunadamente, también disponemos de la opción de ir directamente a las raíces de nuestro malestar y de hacer ajustes causales, siempre y cuando realicemos cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional. Éste es el enfoque más complicado, pero es el único verdaderamente efectivo y gratificante.

Aunque es complicado hacer cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional, tenemos que acercarnos a él de forma suave y regular; y, para ello, vamos a necesitar grandes dosis de compromiso y perseverancia.

Es como talar un enorme árbol. Tenemos que ir dando golpes con el hacha, uno tras otro, y habrá veces que el trabajo se nos antojará interminable. Puede dar la impresión de que no estamos consiguiendo nada. Pero luego, sin advertencia previa, oímos un crujido y, pocos segundos después, el árbol cae. Y, una vez está cayendo, ya no hay nada que lo detenga. Una vez está en el suelo, no lo podemos volver a poner en pie.

El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional funciona igual. Trabajamos con él de forma regular y, en ocasiones, da la impresión de que tanto trabajo no nos lleva a ninguna parte. Pero, de pronto, hay un cambio repentino y, cuando esto ocurre, ya no hay nada que lo detenga.

Cuando este cambio interior ha tenido lugar, es literalmente imposible devolver el cuerpo emocional a su estado previo. Debido a la tendencia que tiene el cuerpo emocional a realizar cambios súbitos, la experiencia de cambio es potencialmente traumática, si no se realiza de forma consciente, suave y responsable.

Los cambios en el cuerpo emocional, cuando se abordan responsablemente, se convierten en experiencias maravillosas, dado que llevan a un cambio inmediato en las percepciones; literalmente, vemos el mundo de otra manera a partir del momento en que se produce el cambio.

Las consecuencias de este ajuste emocional se filtran posteriormente poco a poco, y se manifiestan en la calidad de nuestra experiencia mental y física. Y, cuando se da el cambio, es duradero, y no precisa de esfuerzos para mantenerlo.

El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional nos abre la puerta a un nuevo mundo de experiencias sin tener que ir a ninguna parte. Es un proceso  integrador. M. Brown




Te acompaño en el proceso..

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Juana Ma. Martínez Camacho


  Terapeuta Transpersonal     (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)   Especialista en Bioneuroemoción     (Instituto Español de Bioneuroemoción)   Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)      (Cellular Memory Release)
   
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miércoles, 12 de septiembre de 2018

La Naturaleza de la Mente (cuento)


“Vivimos bajo una cadena de pensamientos que selecciona y aísla un único aspecto de la realidad”            Mathieu Richard                                                                          
  Un día, cuando caminaban por una región montañosa, Gauthama Budha ya mayor, bajo el sol de medio día le dijo a su discípulo Ananda:
_ Estoy sediento Ananda, cuando atravesamos las montañas, pasamos un arroyo,    ¿puedes retroceder el camino y traerme un poco de agua?

  Ananda retrocediendo el camino, llegó al arroyo, pero cuando llegó allí, se dio cuenta de que unas carretas acababan de atravesarlo, embarrándolo todo. Las hojas muertas que antes yacían en el fondo, ahora flotaban sobre el agua, ya no era bebible, y por supuesto no podía llevársela a Budha , así que decidió regresar junto a él. Además, sabía que unas millas más allá del sitio donde habían parado, corría un gran río de agua cristalina.

  Pero Budha que era muy estricto le dijo:
-Vuelve al arroyo otra vez, porque recuerdo que cuando pasamos esa agua era pura y cristalina.

   Ananda, protestó:
- Entiéndelo, entre que llegamos aquí, pasaron unas carretas por el riachuelo y el agua ya no es bebible!!

  Lo sé – dijo Budha- pero ve y siéntate a orilla el tiempo que lleve. Ve y siéntate!. No te metas en la corriente, porque si te metes en ella, la ensuciarás de nuevo, simplemente espera, observa y no hagas nada….esas hojas muertas desaparecerán, el barro se asentará, entonces llena mi cuenco y regresa.

  Ananda fue al riachuelo de nuevo porque no podía desobedecer a Budha y allí se sentó esperando. Y esperando, vio que las hojas muertas y el barro se iban asentando despacito, dejando el agua clara y pura, tal cual es su naturaleza, llenó su cuenco y de regreso, entendió lo que Budha trataba de decirle:

  “Ananda no te metas en el río, no sigas la corriente de tu mente, espera en la orilla, y simplemente abserva: La naturaleza verdadera de tu mente es esa claridad cristalina, ensuciada por pensamientos y emociones pasajeros."

                                                      Extraído del programa Redes, de E. Punset