SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

miércoles, 2 de abril de 2025

Cuento de reflexión: los mineros (J. Bucay)


Esta es una historia verídica, que sucedió en África. 

Seis mineros trabajaban en un túnel muy profundo. De repente un derrumbe los dejó aislados del afuera sellando la salida.
En silencio cada uno miró a los demás. Con su experiencia, se dieron cuenta de que el problema sería el oxígeno. 
Si hacían todo bien les quedaba unas tres horas de aire, cuanto mucho tres horas y media.

Mucha gente de afuera sabían que estaban allí atrapados, pero un derrumbe como ese,  significaba horadar otra vez la mina, ¿podrían hacerlo antes de que se termine el aire?

Los mineros decidieron que debían ahorrar todo el oxígeno que pudieran. Acordaron hacer el menor esfuerzo físico, apagaron las lámparas que llevaban y se tendieron en silencio en el piso....era difícil calcular el tiempo que pasaba... incidentalmente uno tenía reloj.
Hacia él,  iban todas las preguntas ¿Cuánto tiempo pasó? ¿Cuánto falta? ¿Y ahora?

El tiempo se estiraba, cada minuto parecía una hora y la desesperación agravaba más la tensión. 
El jefe se dio cuenta que si seguían así, la ansiedad los haría respirar más rápidamente y esto los podía matar, ordenó al que tenía el reloj que sólo él controlara el paso del tiempo y avisara cada media hora.

Cumpliendo la orden, a la primera media hora dijo "ha pasado media hora". Hubo un murmullo entre ellos y una angustia que se sentía en el aire...

El hombre del reloj, se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, iba a ser cada vez más terrible comunicarles que el minuto final se acercaba.
Sin consultar a nadie, decidió que ellos no merecían morir sufriendo. Así que la próxima vez que les informó la media hora, habían pasado 45 minutos. 
No había manera de notar la diferencia. 
Apoyado en el éxito del engaño,  la tercera información, la dio casi una hora después... así siguió el del reloj, cada hora completa les informaba que había pasado media hora....

La cuadrilla apuraba la tarea de rescate, sabían en qué cámara estaban atrapados y que sería difícil poder llegar antes de cuatro horas. 

Llegaron a las cuatro horas y media. Lo más probable era encontrar a los seis mineros muertos.
Encontraron vivos a cinco de ellos. Solamente uno había muerto de asfixia: el que tenía el reloj…

Esta es la fuerza que tienen las creencias en nuestras vidas. Esto es lo que nuestros condicionamientos pueden llegar a hacer de nosotros.

Cada vez que construyamos una certeza de que un hecho irremediablemente siniestro va a pasar, no sabiendo cómo (o sabiéndolo) nos ocuparemos de producir, de buscar, de disparar (o como mínimo de no impedir) que algo de lo terrible y previsto nos pase realmente.
De paso y como en el cuento, el mecanismo funciona también al revés: Cuando creemos y confiamos en que se puede seguir adelante, nuestras posibilidades de avanzar se multiplican.

Claro que si la cuadrilla hubiera tardado doce horas, no habría habido pensamiento que salvara a los mineros.

NO digo que la actitud positiva por sí misma, sea capaz de conjurar la fatalidad o de evitar tragedias. Digo que las creencias autodestructivas, indudablemente condicionan la manera en la cual enfrento las dificultades.

El cuento de los mineros debería obligarnos a pensar en estos condicionamientos.
J. Bucay


martes, 1 de abril de 2025

CARTAS ASOCIATIVAS- METAFÓRICAS OH

 

Las Cartas OH, son cartas asociativas o cartas proyectivas, también conocidas como cartas Kesem.

No son juegos, no tienen nada que ver con el Tarot, ni con Oráculos.

Esta herramienta valiosa, se utiliza en Psicología, Psiquiatría, Psicoterapia y en Naturopatía, para el desarrollo personal y profesional, también se utilizan para la búsqueda del origen del conflicto que puede estar afectando a nivel de salud física, emocional o mental.

Su principal ventaja, reside en que es la propia persona la que se “auto-cura”, puesto que es ella misma quien las interpreta. 
Es decir, de una forma totalmente inocua y natural, la persona obtiene información a nivel de su subconsciente que de otro modo, sería extremadamente complicada de conseguir y a partir de ese conocimiento comienzan a surgir las soluciones a sus conflictos internos; en la mayoría de las ocasiones de forma instantánea.

Nuestro subconsciente, se expresa y entiende por medio de imágenes, símbolos, sensaciones, sentires. Todas las experiencias de nuestra vida, están guardadas en forma de imágenes y nuestro subconsciente piensa y trabaja con ellas; por medio de las cartas OH, nos comunicamos en su mismo idioma, un idioma que a él, le es familiar.


Beneficios

• Estimula la utilización de funciones del hemisferio derecho, el pensamiento lateral, la intuición, y la espontaneidad.

• Descubrir el cómo y el para qué de nuestras actitudes ante la vida y ante una situación puntual, en especial el para qué de las emociones: rabia, tristeza, depresión, ira,….esa toma de conciencia, hace más fácil el cambio de actitud.

• Desarrollo personal.

• Desarrollo de la creatividad, creación de nuevas perspectivas.

• Aumento la capacidad de comunicación y expresión.

• Mejora de la memoria.

• Resolución de problemas, búsqueda de soluciones creativas a problemas complejos.

• Entender la situación de las empresas, negociar en la empresa.

• Creación de metas. Ayuda a desarrollar nuevas perspectivas y ampliar los puntos de vista.

• Estimulación de la imaginación.

• Búsqueda de propósito en la vida.

• Trabajo con enfermedades psicosomáticas.

• Resolución de problemas de relación.

• Reformulación de las situaciones problemáticas.

• Incremento de la imaginación, práctica de la narración de cuentos.

• Desarrollo de habilidades comunicativas, etc.


Hay que tener en cuenta, como modo de clarificar, que las cartas OH, no tienen nada que ver con la adivinación, ni con el mundo esotérico.

El interactuar con ellas en una sesión, nos muestra conflictos, bloqueos, que a veces pensamos que no los tenemos, o que los hemos superado, incluso conflictos que ni sospechábamos que teníamos.

En ocasiones, el conflicto se resuelve en la sesión, por esa toma de consciencia que sucede al verlo reflejado en las imágenes simbólicas de las cartas.

Ante una situación de conflicto, donde no vemos salida aparente, nos pueden ser muy útiles para aclarar de dónde viene el problema, el origen, ayudándonos así a encontrar la solución más adecuada.


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viernes, 28 de marzo de 2025

¿Vacío interior?- Habita el presente


Cuando la vida se vuelve ausente —cuando el presente no se vive con profundidad, cuando los sentidos se embotan y la atención se dispersa— surge un vacío interior que exige ser colmado. Y en ese espacio deshabitado, crece la búsqueda ansiosa. No como una exploración serena, sino como una persecución angustiada de algo que otorgue sentido, pertenencia o identidad.

La ausencia de vida presente no es una condición física, sino existencial. Uno puede tener salud, actividad, vínculos, y aun así sentirse deshabitado. Esta “ausencia” es una desconexión del momento, del cuerpo, de la experiencia directa. En lugar de vivir, se sobrevuelve la vida, atrapado en pensamientos, comparaciones, miedos o nostalgias. Se habla de lo que se hará, de lo que se fue, pero rara vez de lo que es.

Desde esa carencia, la búsqueda se vuelve ansiosa: se persigue una pareja, un trabajo, una causa, un maestro, una respuesta… no desde la claridad, sino desde la incompletud. Como si el sentido estuviera afuera, esperándonos en algún rincón del tiempo o del mundo. Pero lo trágico es que todo aquello que se alcanza desde la ansiedad nunca llena, solo distrae. Y la ausencia vuelve, renovada.

Esta inquietud constante es una forma de sufrimiento autogenerado. Se basa en la premisa, profundamente arraigada, de que lo que soy no es suficiente. Es una negación del valor inherente al ser mismo. En lugar de comprender la raíz de esta insatisfacción, se busca anestesiarla con logros, acumulaciones o experiencias intensas. Pero ninguna acumulación externa puede sustituir una presencia interna.

Ejemplos contemporáneos abundan: redes sociales llenas de vidas proyectadas pero vacías de vivencia real; consumos culturales voraces que no dejan espacio al silencio; incluso las prácticas espirituales, cuando se convierten en metas que hay que alcanzar, pierden su esencia y alimentan esta ansiedad de búsqueda.


Tres ejercicios para reflexionar:

1- Nombrar el vacío:

Tómate un momento de quietud y pregúntate con honestidad: “¿Qué estoy evitando sentir ahora?” No se trata de resolverlo, sino de nombrarlo. Ponerle nombre ya es un primer acto de presencia.


2- Suspender la búsqueda:

Durante un día, decide no buscar. No buscar distracción, aprobación, sentido. Solo observa lo que emerge cuando se deja de perseguir. A menudo, en esa quietud, aparecen comprensiones profundas.


3- Reencuentro con lo simple:

Escoge una actividad que solías disfrutar de niño: caminar descalzo, mirar las nubes, tocar agua. Hazlo no para obtener algo, sino para estar con eso, sin objetivo. El juego es el lenguaje natural de la presencia.

La vida ausente genera búsqueda ansiosa porque el ser humano no tolera el sinsentido. Pero cuando se habita el instante, cuando se acoge la realidad tal como es, sin necesidad de modificarla, la búsqueda se transforma. Ya no es ansiosa, es un descubrimiento. Y en ese descubrir, uno deja de estar ausente. La vida, entonces, ya no se persigue: se revela.

Esteban Rojas Nieto



jueves, 20 de marzo de 2025

Atención Plena- “Si estás bien contigo mismo, todo está bien”

 

Te invito a simplificar tu vida:

Contempla cada momento como un nuevo comienzo, como una nueva oportunidad para volver a empezar, para sintonizar, para volver a conectarte con la vida. 
Date el permiso de vivir cada momento de manera plena y total.

Existe una manera de vivir la “adversidad” que hace la vida más rica, más agradable y tú puedes tomar las riendas de tu vida y esa manera es el camino de la Atención Plena.

La práctica del “no hacer”, sintonizar con la intensidad de cada instante es intentar estar despierto y darse cuenta del momento y luego del siguiente: practicar el “Ser”.

Relájate en el presente sin intentar llenarlo de algo, permite a tu mente y a tu cuerpo descansar en este momento, en este instante, sin apegarte a los contenidos que hay en tu mente o a cómo se siente tu cuerpo, sólo observando, permitiendo, respirando y soltando...

Sintonizar con las experiencias básicas del vivir, aceptando las cosas, las situaciones tal y como están, ya que desde esa aceptación, podrás luego hacer los cambios oportunos, si procede.

Adquiere un compromiso contigo mismo para “solo ser”, permitir que todo “el hacer” automático y compulsivo de la mente, se detenga.

Conecta con ese espacio profundo de tu Realidad Esencial, “detrás” de los pensamientos, detrás del ruido mental, con ese estado de puro gozo, inafectado, con ese potencial que eres, desde donde todo está surgiendo…

Aprender a pasar del “modo hacer” del ego/personalidad, al modo “ser”, es aprender a buscar tiempo para uno mismo y a ralentizar, a alimentar la calma y la aceptación de uno mismo, observar a qué está dispuesta la mente en cada momento, aprender a observar nuestras ideas, y a darle rienda suelta sin que nos capturen, o arrastren. 

La observación es sin juicio, sin razonamiento, sin intentar aferrarse a los pensamientos que te resulten agradables, ni enfadarte con aquellos pensamientos que no te agraden, es decir sin rechazar, soltando, dejando pasar como “sin interés”, aprender a hacer sitio a nuevas formas de contemplar mejor los problemas y percibir la vinculación de unas cosas con otras, esta clase de aprendizaje hace que nos asentemos en el ser.

Cuando se amplia la conciencia, y aprendes a observar la mente concreta y a darte cuenta que eres más que todos esos mecanismos, condicionamientos que te hacen funcionar, que eres más que esos programas mentales, entonces puedes aprender a responder de nuevas maneras más acordes a los valores Esenciales, del Ser, y todas tus decisiones se ven afectadas por ello.
La Atención Plena no es  la “respuesta”, la solución a todos nuestros problemas de la vida, sino más bien que, todos los problemas de la vida, pueden verse con más nitidez a través de una mente clara y serena.

Juani




lunes, 10 de febrero de 2025

Recuerda


Recuerda que estamos de paso.
Recuerda que no sólo eres un cuerpo, una mente…
Recuerda ir despacio.
Recuerda conectar con lo sagrado.
Recuerda caminar descalzo.
Recuerda contemplar el cielo inmenso con sus nubes, las estrellas, la luna...
Recuerda arroparte en el calor de sol.
Recuerda aspirar el aroma de las flores.
Recuerda acariciar, abrazar, mirar a través de los ojos la esencia de la otra persona, y de tus mascotas.
Recuerda dar lo mejor de ti, desde el Amor esencial.
Recuerda ir soltando los apegos, aligerando el equipaje en tu viaje.
Recuerda cambiar la dirección de tu vida, si fuera necesario.
Recuerda que todo pasa, nada permanece.
Recuerda aceptar lo que no es como quieres.
Recuerda mantener una actitud de servicio.
Recuerda que en esencia todos somos uno, todos somos lo mismo a ese nivel, más allá de la personalidad.
Recuerda que en la personalidad se requiere delimitar, poner límites internos y externos sanos.
Recuerda cuidar tu energía vital.
Recuerda que estás aprendiendo a vivir.
Recuerda que no hay nada nuevo, solo hay que Recordar.
Recuerda que la vida es un juego, suelta el sufrimiento.
Recuerda que ya Eres.
Recuerda que has venido a desplegar y desarrollar el potencial que eres.
Recuerda que eres Luz, Conciencia, Paz, Amor.
Recuerda darte cuenta desde donde estas funcionando, desde la personalidad/ego condicionado (reacción/automatismo, patrones aprendidos, muchos en la infancia) o conectado a los valores del Ser esencial (elegir respuesta apropiada a la situación, asertividad…)
Recuerda aprender a dar, como también a recibir.
Recuerda aprender a ceder, como también a sostener.
Recuerda entrenarte en el “camino del medio”, en la justa medida; demasiado calor, quema; demasiado frio, congela: la justa medida.
Recuerda entrenarte en la sabiduría, comprensión de lo que toca por aprendizaje evolutivo.
Recuerda que, a un nivel más profundo, nadie “te hace nada”, cada quien actúa como puede, como sabe en este momento, de acuerdo a sus creencias, de acuerdo a sus programas aprendidos, de acuerdo a sus heridas y condicionamientos, al igual que tú; nada es personal en el juego de la vida; así que, despierta, observa, aprende de las dificultades, integra y suelta. Lección aprendida, ya no se repite, aligera el camino…
Recuerda que es necesario aprender a perdonar y perdonarte hasta que comprendas que no hay nada que perdonar, libérate.
Recuerda compartir con personas que quieran “bonito”, que aporten a tu vida y que tú les aportes a ellas, y de las que “no aporten”, aprende lo que la vida tiene para enseñarte y si es necesario, pon distancia, mas hazlo desde el amor y la comprensión, no desde el rencor y el resentimiento.
Recuerda hacer tu parte, la que te corresponde, sin interferir en la evolución de los demás (sin invadir, sin rescatar, sin agredir, sin imponer, sin prohibir, sin manipular, aunque sea de manera sutil)
Recuerda resignificar tu pasado y soltarlo con las lecciones aprendidas.
Recuerda no aferrarte a expectativas, ni a un futuro imaginario, vive el aquí y ahora con lo que hay y desde el cambio aquí y ahora, es que se gesta tu futuro.
Recuerda agradecer todo lo que está en tu vida en este momento y valorarlo, pues eso te abre a la abundancia.
Recuerda que todo lo que te sucede es absolutamente necesario para tu evolución, aunque a tu mente no le agrade.
Recuerda que no puedes cambiar a nadie, solo puedes hacer en tu interior.
Recuerda que es mediante ensayo y error que aprendemos, así que de los errores saca el aprendizaje.
Recuerda abrazarte en tus momentos de mayor dificultad, amar a tu niño interior cuando más lo necesite.
Recuerda desidentificarte de los contenidos de tu mente, pues eres Conciencia que todo lo abarca.
Solo Recuerda y todo lo demás, se acomodará naturalmente en este curso de la escuela que es la Vida.


Juana María Martínez Camacho
www.centroelim.org

miércoles, 22 de enero de 2025

Vivir entre la incertidumbre y la impermanencia

 

La experiencia de estar vivos no puede ser confundida con lo que nos pasa. Estar vivos implica magia, misterio, milagro, es la suma de las potencialidades no desarrolladas, todo lo que aún queda por vivir.

La educación, la sociedad, intenta conducirnos lejos del misterio para entrar en el dominio de poder y que, mediante ese poder, ganamos seguridad y certezas, por lo que, si perdemos el control, nos sentimos impotentes y todo cuanto nos rodea se convierte en amenaza.

Precisamente, es en las crisis o en la adversidad cuando experimentamos la sensación de que por más empeño que pongamos, el control se nos escapa como el agua entre las manos.

Conviene aprender a vivir en la incertidumbre. Cuántas veces, en la locura de obtener certidumbres futuras, nos perdemos de percibir lo único seguro que tenemos: la vida en este instante.

Cuando nuestra mayor inversión de energía y atención están en el presente, no necesitamos contar con ningún hecho futuro para ratificar, justificar o dignificar nuestra existencia.

Cada vez que nos preocupamos por el futuro, cada vez que lamentamos o añoramos el pasado, es una defensa para no evolucionar, para no cambiar ahora lo que sabemos que debemos cambiar.

La vida nos muestra, a veces de manera drástica, que no podemos tener control sobre todos los hechos, sin duda, podemos influir con nuestra voluntad y nuestras acciones sobre ciertas situaciones, pero hay otras, en las que la entrega es más apropiada que la lucha por el control.

Basta observar la naturaleza, o nuestro cuerpo en sus procesos de desarrollo y envejecimiento, nuestra mente en un fluir constante de pensamientos, emociones y sensaciones, para darnos cuenta que todo cambia, nada permanece inmóvil.

Lo sabemos, pero no queremos verlo, actuamos como niños que se tapan los ojos jugando al escondite y creen que nadie puede verlos. Así nos tapamos los ojos para no ver que todo pasa, en el afán por ignorar que todo lo que ha nacido, morirá, que lo que se ha recogido, será esparcido, que lo que se ha acumulado se agotará y lo que está arriba, descenderá.

De manera infantil construimos nuestra identidad sobre ilusiones: nuestro nombre, nuestra biografía, nuestras parejas y familiares, el hogar, los amigos, las tarjetas de crédito.


¿Cuántas veces se vive como si no se fuera a morir y se muere como si no se hubiera vivido?


Generalmente el ser humano vive fuera de sí mismo y se dispersa, se está en “todas partes” excepto en sí mismo, constantemente es atraído, distraído, disperso por incontables sensaciones, impresiones, preocupaciones, recuerdos perturbadores, miedo por el futuro. Está fuera de la conciencia, del centro, de lo que es en realidad.

Asume una identidad en un neurótico mundo de cuentos de hadas, creyéndose coloso, olvidando que sus pies son de barro.

Pero, todos tenemos un generador de equilibrio, de seguridad y de poder.


Al identificarnos con la enfermedad, con los problemas y las circunstancias, nos descentramos. Creemos que somos el problema, somos la enfermedad, en vez de verlo como algo que está ocurriendo en este momento y como todo en la vida, también pasará.

Es importante aprender a desidentificarse del cuerpo, de los pensamientos, de los sentimientos, de los deseos y de las ilusiones.


Yo tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Mi cuerpo puede encontrarse en diferentes condiciones de salud o enfermedad, puede estar reposado o fatigado, sano o enfermo, pero eso nada tiene que ver conmigo, con mi “yo real”. Mi cuerpo es un precioso instrumento de experiencia y de acción en el mundo exterior, pero es apenas un instrumento.


Yo tengo emociones, pero no soy mis emociones.

Ellas son incontables, contradictorias, mutables. Si puedo darme cuenta de que en un momento estoy triste, en otro contento y puedo observar esos cambios, yo, observador, no soy lo observado, mis emociones.


Yo tengo deseos, pero no soy mis deseos. 

Estos son activados por impulsos físicos y emocionales o por influencias externas y, por lo tanto, son cambiantes y a veces contradictorios, con alteraciones de atracción y rechazo. Si puedo observarlos, yo no soy mis deseos.


Yo tengo una mente, pero no soy esa mente.

Un día pienso una cosa, otro día sobre lo mismo, me encuentro pensando lo opuesto... y si intento controlarlo, no puedo. Pero si puedo modificar la mente, generando nuevas imágenes, nuevas ideas, si puedo darme cuenta de esto, yo no soy mi mente.


El mejor tratamiento, el que obtiene los mejores resultados es aquel que nos ayuda a trascender la vieja identidad para reencontrarnos con quienes somos realmente.


“La escultura vive en la piedra, la labor del escultor es quitar lo que sobre”. 
Miguel Ángel.


La impermanencia y la incertidumbre rigen para todos y en todo momento.

Frente a la angustia que nos genera esta realidad, solemos aferrarnos a la esperanza. La esperanza es el deseo y la ilusión de que algo ocurra, mientras que la fe es entregarse al misterio de la vida, sin esperar nada en concreto, pero sabiendo que lo que ocurra será para bien. Es una llama que nos permite superar todas las limitaciones, nos acerca a los niveles más profundos de nuestro ser y nos permite superar todo tipo de adversidades.

Para renunciar a las ilusiones que aprisionan el alma en cualquier nivel de la conciencia, es necesaria la fe, pero no la fe en una forma concreta de divinidad, sino en la naturaleza de la realidad.

S. M. Marusso


domingo, 19 de enero de 2025

El Juego psicológico del triángulo (A. de Mello)


Hay un juego psicológico, el del triángulo, que se suele llamar el juego del "Sí, pero..." 
Es como una transac­ción entre dos o más personas. 
Tú, en ese juego, irremediablemente haces uno de esos tres papeles del triángulo:
 rescatador, perseguidor o víctima.

- El rescatador actúa bajo el influjo de la culpabilidad.
- El perseguidor actúa bajo el influjo de la agresividad.
- La víctima actúa bajo el influjo del resentimiento.

Si tú entras en el triángulo, irreme­diablemente cargarás con las conse­cuencias: te quemarás.
Supongamos que estoy cansado y necesito tiempo para mí. Y tú vie­nes a mí con cara de víctima recla­mando mi atención. Yo, que soy in­capaz de decir que no a nadie, te doy una cita para después de cenar.

Inmediatamente me voy sintiendo cada vez más resentido por tu in­tromisión, me pongo furioso por haberte dicho que sí.
Entonces vie­nes, y me contengo y te recibo bas­tante bien, pero cuando veo que no son más que banalidades lo que me dices, empiezo a impacientarme y el enojo se me sale por los poros. 
Así es que, te interrumpo para decir: "Pero ¡para esta tontería me vienes a molestar a estas ho­ras!" Y estalla el conflicto.

Con de­cirte que no podía atenderte a esa hora se hubiese evitado todo esto; pero al no saber decir que no, hice:
- de rescatador cuando dije que sí,
- de víctima cuando me dolí por dar un tiempo que no quería dar,
- de perseguidor porque te di un palo.

¿Qué hay de bueno en esto?

Pero aún no se termina allí, pues por la no­che me siento culpable y arrepentido; con lo que, por la mañana voy con mucha amabilidad a preguntarte qué tal estás. Y tú aprovechas mi buena dispo­sición para pedirme otra entrevista.

¿Ves el juego?

He querido hacer de res­catador y no sólo me he dejado utilizar, sino que, a consecuencia de ello, he pasado a ser víctima y perseguidor y,"además, tú sigues con la misma actitud, no aprendiste nada.
La responsabilidad es mía, por meterme en el juego y dejarme enre­dar en él, en vez de ser sincero y decir que no puedo.

Es como aquel prover­bio:

"Si dejas la puerta abierta, los que se meten son los fuertes y quedan fue­ra los débiles."

Dejar la puerta abierta para todos, sin discernimiento, es peligroso.
Alardeas de servicial y de bueno y no caes en la cuenta de que no saber decir que no, es una actitud de cobardía, del ego, y no es sincera, porque dices si cuando quieres decir no, pues te gusta parecer bue­no cuando por dentro estás enojado o en desacuerdo.

Todos, alguna vez, dijimos sí cuando deseábamos decir no, y lo ha­cemos por el sentido de culpabilidad metido en nuestra mente y por las bue­nas apariencias, por lo que puedan pensar de nosotros.

Sólo el día que no nos importe lo que piensen de nosotros las personas, comenzaremos a saber amar­las como son y darles la respuesta adecuada. Lo cierto es que nuestro ego es el que propicia esa necesidad de que nos necesiten para sentirnos importantes.

Vamos a poner unos ejemplos, que muestran cuatro casos de "rescatador":

1) Cuando me lanzo a darte ayuda, pero, en realidad, no lo veo claro o no veo la necesidad de que tenga que ha­cerlo yo y no otro; o cuando sin pedír­melo tú, yo me ofrezco.

2) Cuando me presto a ayudarte por­que me lo pides, pero yo no quiero ayu­darte.

3) Cuando intento ayudarte yo, sin antes insistir para que seas tú quien te ayudes.

4) Cuando tú necesitas algo de mí, pero no lo dices explícitamente, es­perando que yo lo adivine.

Sólo el día que no nos importe lo que piensen de nosotros las personas, comenzaremos a saber amarlas como son y darles la respuesta adecuada.