SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

jueves, 26 de abril de 2012

Centrarse


  
   El objetivo de la meditación es centrarse en el aquí y ahora, en el presente. Nosotros estamos donde está nuestra atención. Permanecer en el momento presente y permitirnos experimentar y responder a lo que está sucediendo ahora en el nivel de los sentimientos (hemisferio derecho del cerebro) más que quedarnos en el pasado o el futuro (hemisferio izquierdo del cerebro), es una disciplina y un objetivo.
  El estar en el presente, es salir de los automatismos de los viejos hábitos, contemplando lo que está sucediendo a nuestro alrededor y en nosotros mismos con ojos puros y responder a las situaciones de manera espontánea y apropiada, no mecánica.
  Cada momento vivido plenamente, enriquece la calidad de nuestra vida..

Practicar la meditación, es recordarnos lo que realmente somos.
  Si no somos nuestras mentes y si somos capaces de observar nuestros pensamientos, quiere decir que estamos separados de ellos, entonces ¿Quiénes somos?....
  Entonces, por la misma razón, no podemos ser nuestros cuerpos, o nuestros sentimientos: podemos observarlos, por lo que debe existir distancia entre nosotros y ellos. Formulamos la pregunta ¿quién soy?, que en sí misma es una meditación.
  En nuestro nivel más profundo, no somos nuestros nombres, ni ninguna etiqueta que la sociedad nos haya puesto, como hombre, mujer, clase social, etc., no somos ni ricos, ni pobres, ni médicos, ni maestros, ni fontaneros, ni amas de casa o funcionarios, etc. esas son actividades  que desempeñamos, no lo que somos, sólo puedo conocer lo que no soy.

  Al final, cuando hemos abandonado nuestras falsas identificaciones, solo queda la Esencia, el Ser, y en consecuencia, no hay separación con Dios, la Vida, el Universo, o como queramos llamarle.  Tenemos consciencia vacía de nosotros mismos, pura, inexpresable, para la cual, todo lo demás es un objeto, no solo el mundo exterior (incluyendo nuestros cuerpos), sino también el mundo interior del pensamiento, y del sentimiento.
  Y el modo en que nos damos cuenta de esto, simplemente es este: “estar tranquilo y saber que en ese nivel yo soy Dios, yo soy la Vida”.
  Recordar quienes somos realmente cuando nos sentimos estresados, agobiados por los problemas y tomando las cosas demasiado en serio, es como “volver a casa”, y en esto consiste Centrarse, también recordar que “esto también pasará”, y que “la vida es un misterio para ser disfrutado, no un problema para resolver…”

                                                                                                                        Juani

miércoles, 11 de abril de 2012

Niveles de desarrollo en las relaciones humanas



   En el mundo tan variado de las relaciones emocionales, podemos ver cinco niveles de desarrollo.

  El primer nivel es el de la “Dependencia”, es el primer escalón en la evolución de las relaciones, lo podemos ver claramente en un niño recién nacido, que depende naturalmente de su madre, pero también se da en muchos casos, por ejemplo, cuando un enamorado no es correspondido, se da mucho en la adolescencia, pero también en adultos , donde se proyecta en el ser amado todas las ilusiones y fantasías, creyendo no poder vivir sin la otra persona, y que conducen a la pareja a un desequilibrio donde predomina un patrón de dependencia, de sumisión y de dolor, cuando la otra persona no responde como uno quiere…, con frecuencia se suele decir:”no puedo vivir sin ti”.
  Si bien es cierto que uno puede amar mucho a una persona, y sentir lo maravillosa que es, y que si la “perdiera” se sentiría muy dolido, muy triste, ello no significa que es la única persona en el mundo, y que no se puede seguir viviendo sin esa persona, y esto generalmente se ve como algo normal, incluso las canciones románticas apoyan este modelo de dependencia, que a la larga, produce sufrimiento por el apego a la persona amada.

  El segundo nivel se denomina “Codependencia”, o algo así como “dos dependientes juntos”. En este tipo de relación, predomina el apego, la atadura, los celos y manipulaciones, controles, reproches, por ambas partes.
  En este nivel, la pareja pasa por vaivenes de atracción y rechazo, de goce y sufrimiento; donde el amor y el odio se van alternando con facilidad. La relación de co-dependencia se basa en uno es el complemento del otro, muchas veces tiene que ver con lo económico, uno es el sustento y la mujer permanece en casa, como sucede en parejas mayores, donde la mujer no ha trabajado fuera del hogar. Es común escuchar en este tipo de relaciones frases como “nos complementamos y no podemos vivir uno sin el otro”; no se trata de no definir roles, que es necesario en una pareja, sino que literalmente cada miembro en esta relación se siente la “mitad” del otro, se basa en el mito de la “media naranja”, donde uno necesita al otro, “te quiero porque te necesito” que no es igual que “te elijo, te abrazo porque te amo”.
  Conviene trabajar, desarrollar con lo que a uno le falta, la mujer desarrollar sus aspectos “masculinos”, y el hombre sus aspectos “femeninos” (que no tienen que ver con la homosexualidad).
  Esta estructura codependiente, lleva implícita la necesidad de cambiar al otro para que se ajuste a nuestros deseos, toda una manipulación emocional, muchas veces inconsciente, que lleva al miedo al abandono e incluso sentir confusión de la propia identidad. La manipulación se trata de amenazas sutiles, una manera de decir y hacer las cosas con otros fines que los que aparecen a primera vista, actitudes de “dar pena”, “lo que me hace sufrir”, algunas personas han aprendido de niños a ser simpáticos o hacer gracias para obtener de sus padres golosinas, y demás, y estos patrones de seducción, tienden a crear la necesidad de aprobación de los demás luego de adultos.

  La codependencia se puede ver también en personas que con frecuencia se han sentido tratadas injustamente y utilizan frases del tipo: ”con lo que yo he hecho por ti”, “no esperaba que te comportes así conmigo”, “pensaba que actuarías diferente”, “creí en ti y me has decepcionado”, “me has amargado la vida”….., tambien frases como “me haces tan feiíz”…..que depositan la responsabilidad en otra persona, tienen que ver con la expectativa que la persona se hace de cómo debiera responder el otro. Y lo cierto es que, nadie es responsable de los sentimientos ajenos, uno debe asumir su propia independencia emocional.
  Así es que si alguien dice sufrir por tu causa, es responsabilidad de esa persona que, en nombre del amor te ha dado un “poder” sobre ella basado en un patrón de dependencia.
  Pensemos que estos patrones se forman en la niñez, en la relación que tienen los padres entre ellos y con los hijos.   Tengamos en cuenta que la codependencia socialmente es aceptada, ejemplo: en muchos países, la esposa al casarse figura como Señora “de” tal;  generalmente decimos: mi mujer, mi marido, mi niño, con una cierta carga de propiedad…
  Para salirse de los patrones tóxicos de la dependencia emocional, hay que apostar al desarrollo personal, donde uno sienta que “no necesita al otro para ser feliz, sin embargo lo elije para compartir”.

  
  El tercer nivel es la“Independencia”, habla de una persona no dependiente, una persona que ha desarrollado una sensata autonomía emocional, es decir, una vida sin apegos excluyentes y con capacidad de renovarse y autogestionar los niveles de afectividad e intimidad. Personas que no tienen que negarse a si mismas para satisfacer las expectativas de los demás acerca de ellas. Personas que no necesitan la aprobación sistemática de los demás y que se saben completas y auto-referenciadas, que han aprendido a buscar lo que requieren para su equilibrio, y además, saben encontrarlo, esto recuerda a la frase de Fritz Perls (Gestalt) acerca de la Independencia:

“Yo hago lo mío y tu haces lo tuyo,
No estoy en el mundo para satisfacer tus expectativas
Y tú no estas en el mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si, por casualidad, nos encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.”

  Se trata de modelos de desarrollo que han superado la manipulación soterrada, y pueden vivir en la sociedad sin necesidad de aislarse. Tengamos en cuenta que la soledad y el retiro es una bendición para el alma, no así el aislamiento, que resulta enfermizo y patológico.
  Para llegar a este nivel de independencia emocional, se ha de haber trabajado en integrar y desarrollar aquellas cualidades que, en principio nos faltaban para expresar nuestra madurez emocional. Se puede tomar como referencia que, aquella cualidad o habilidad que nos atrae de forma un poco exagerada del otro, es justo lo que debemos desarrollar en nosotros.. Una relación de amor en nuestra vida, es una bendición donde podemos aprender a sanar, gozar y crecer. Que pasaremos por dificultades, miedo a ser abandonados, etc., pero si sabemos ver, creceremos….
  Es importante tener en cuenta la diferencia entre amor y pasión. La pasión busca la felicidad en el otro, mientras que el amor busca la felicidad del otro.

  El cuarto nivel corresponde a la Co-independencia, o sea una relación que se basa en dos independientes unidos. Dos “naranjas enteras” que desde su autonomía e individualidad deciden unirse en sinergias de amor. En muchos casos este tipo de relaciones suelen iniciarse incluso en espacios físicos diferentes, por ejemplo, en casas distintas, situación que se prolonga hasta que deciden vivir en relación de “sumas” mutuas, y no de restas.
  Este es un nivel donde las personas siguen creciendo, sin apegos, y por ello con una gran capacidad, de compartir, interesarse, enriquecerse y aportarse mutuamente. Aquí no se produce ese temor a la pérdida del amor porque el otro triunfe, y el miedo a la pérdida del ser amado, es reemplazado por la confianza en la cooperación y el amor genuino.
  Aquí la relación es gratuita, nadie salva a nadie de nada, ni resuelve ningún problema. Ya no se siente aquello de “te quiero porque te necesito”, sino :”permanezco contigo, porque te amo, o, te elijo porque te amo.
  En este nivel no se depende de la aprobación de los demás, cada miembro de la relación puede tener amistades diferentes, las reuniones familiares de uno, no tienen porqué ser necesariamente compartidas por el otro …se basa en un profundo respeto y confianza al camino maduro y consciente del otro.

  El quinto nivel corresponde a la “Inter-Independencia”, una red de independientes, de relaciones que se encienden y activan cuando la consciencia se enfoca en cada cual, en un presente pleno, sin grietas. La persona está más allá de las perspectivas y está abierta a una red esencial de afectividad y cooperación.
  Su compromiso se establece con la calidad de la relación que es capaz de crear en este instante. Su familia, es la familia humana, y no se siente sola porque vive creando constantemente relaciones de afecto, respeto y sinceridad.
 La inter-independencia la alcanzan aquellas personas que cuando sienten el regocijo del amor, reconocen que, lo que aman en realidad no es tanto el apego carnal al rostro o a la forma del ser amado, sino que han llegado a ser conscientes del estado de consciencia que experimentan cuando interactúan con dicho ser. Esto quiere decir, que, cuando uno quiere y desea una pareja, un hijo, un coche ….en realidad lo que quiere no es esa persona o coche en sí, sino el estado mental que supone que va a experimentar cuando tenga ese coche, o abrase a esa persona, etc.
  Todos los deseos del ser humano, por muy sofisticados e idealizados que sean, corresponden a estados mentales, estados vibratorios de la consciencia, que se traducen en las mas variadas emociones y sentimientos: exaltación, cariño, ternura, protección, entrega….sentimientos que forman toda una gama de frecuencias, y que sólo “suceden” en el interior del cerebro, y se suelen traducir como amor y sus variantes.
  Podemos decir que la motivación para ser felíz, está en la calidad del amor del sujeto amante.
  Las afinidades tanto físicas como mentales y emocionales, son claves en las relaciones, sin embargo, el papel del sujeto que logra limpiar su mente de “proyecciones” que atribuye al otro, de sus carencias y sentimientos de abandono para llegar a no necesitarlo, sino simplemente amarlo, es un desarrollo que corresponde a cada cual hacer.

  De cualquier forma, el amor es un estado de consciencia profunda y esencial. Cuando tu conectas contigo mismo, con la esencia de tu ser, tú eres amor , cuya experiencia en nada depende de tu ser amado. Cuando mejor te lleves contigo mismo, más amarás a tu amada/o , a los árboles, a los pájaros, a todo el universo, incluso a tus propios enemigos.

  Amar no es un pensamiento, un sentimiento, una acción, Amar es una experiencia divina, nacida de un profundo acto de voluntad evolutiva, un Si, a veces misterioso que calienta el corazón.


     Este material es un pequeño extracto del  curso/Programa de Educación de las Emociones.

                                                                  Juana María Martínez Camacho
                                                                                                                  


viernes, 6 de abril de 2012

La Paciencia



  ¿Tienes la paciencia de esperar
  A que todo se asiente y el agua se aclare?
 ¿Eres capaz de permanecer inmóvil
 Hasta que la acción correcta surja por sí sola?
                               Lao Tse

   La paciencia es una actitud que podemos cultivar. Cuando no estamos intentando llegar a ningún otro lugar, cuando vivimos en el ahora, la paciencia surge por sí sola.
  Hemos olvidado cómo esperar. Nuestro mayor tesoro, es ser capaces de esperar el momento apropiado. Si observamos, toda la existencia espera el momento oportuno. Los árboles saben cuándo ha llegado el momento de florecer y cuándo es la época de dejar caer sus hojas y permanecer desnudos frente al firmamento, y son hermosos en esta desnudez, esperando el nuevo follaje, con la confianza en que lo viejo  se ha marchado para dar paso a lo nuevo, el crecimiento de las nuevas hojas. En la primavera las semillas despiertan, la hierba comienza a crecer por sí misma, las flores se despliegan en todo su esplendor.…

  Los humanos, nos olvidamos cómo esperar…lo queremos todo de prisa.

  Paciencia es recordarnos que las cosas se despliegan a su propio ritmo.
No podemos acelerar el paso del día a la noche, ni el cambio de una estación a otra…… El vivir apurados, con prisa, no sólo no nos beneficia, sino que va instalando el estrés en nuestra vida, el sufrimiento en nosotros y en las personas que nos rodean.

  Con la mente agitada por pensamientos, estresada por llegar… nos perdemos el valioso momento presente, convirtiéndolo en un medio para un fin, olvidándonos de vivir; ante esta situación, surge la alternativa de cultivar la paciencia.

  Observemos: ¿qué hay debajo de la impaciencia?
  En mayor o en menor grado, encontramos enfado, resistencia a que las cosas sean como son, la necesidad imperiosa de encontrar culpables por lo que acontece, a veces son los otros, otras veces, nos culpamos a nosotros mismos.

  El actuar con paciencia, no significa que cuando es necesario ir un poco más de prisa, en ocasiones puntuales, no podamos hacerlo, pero con paciencia, presentes, moviéndonos con rapidez pero atentos, dándonos cuenta que hemos elegido hacerlo de esta manera, que no es un automatismo, una costumbre de ir de prisa, a veces sin motivos aparentes.

  Es importante recordar que nada está separado ni aislado, que los acontecimientos ocurren por algo y una cosa está encadenada con otra, así que no se trata de ir por la vida buscando culpables, no es útil ni saludable.

  Para cultivar la Paciencia, es muy importante aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con el otro, sabiendo que cada quien actúa como puede según sus condicionamientos, con sus heridas internas, muchas veces inconscientes.

  El cultivar la compasión, por comprensión, nos permite estar en paz y permanecer pacientes ante una provocación o un sufrimiento intenso. El ser compasivo, es toda una educación, donde utilizamos esa energía del enfado para transmutarla en paciencia, compasión y armonía, nada fácil al principio; esto no significa que si es necesario enfadarse, porque nuestro discernimiento en ese momento así nos lo indica, no podamos hacerlo, pero luego, conviene mirar el enfado, entenderlo, quien sabe las múltiples razones ocultas o no  que hay tras esa situación… todo nos sirve para crecer, después de todo se trata de comprender nuestro ego, sanarlo y trascenderlo, no dejándonos arrasar por sus impulsos y preferencias.

  La cualidad de la paciencia, la podemos cultivar por medio de la meditación. Cada vez que meditamos, que nos tornamos conscientes del flujo de la respiración entrando y saliendo de nuestro cuerpo, cultivamos la paciencia, entramos en un estado de armonía interna. También durante las asanas del yoga, cada vez que permanecemos unos minutos en cada postura, respirando y observando las sensaciones corporales, sintiendo el cuerpo estirándose, observando el devenir de los pensamientos sin involucrarnos, estamos cultivando la paciencia. Podemos practicar esta cualidad en la vida diaria, ante cualquier situación que nos resulte estresante, respirar conscientemente para aquietarnos y aprender a despertar al “observador”, al testigo, tomando distancia interna de la situación para poder verla con más objetividad, aceptando las cosas como son.

   Aun en los momentos dolorosos de nuestra vida, intentemos no dejarnos llevar por la ansiedad de que las cosas sean de otra manera a como son, intentemos buscar esta cualidad de la paciencia, aceptando los hechos, en definitiva, todo pasa, todo cambia, todo tiene un ritmo, nada permanece estable, en el nivel del ego.
  A veces es necesario actuar, moverse, empujar, pero otras solo cabe esperar, aportar equilibrio al momento presente, al ahora, comprendiendo la sabiduría que se esconde en la paciencia, las cosas se desplegarán de acuerdo a este estado de paciencia alcanzado ahora.

                                                                                                             Namaste


domingo, 18 de marzo de 2012

El papel de víctima


   Este tema del victimismo es muy importante, nos atañe a todos porque la mayoría de las veces, es inconsciente, y por lo tanto muchas veces, no lo detectamos en nosotros.
   Funcionamos de manera condicionada y automática, según unos patrones aprendidos…., y en general, el ser humano no se observa, no sabe como funciona, es un desconocido para sí mismo, entonces, se expresa y actúa de manera automática, mecánica, impulsiva…,que tanto perjudica en ocasiones a la propia persona, pero también a las relaciones interpersonales, (recordemos que, en definitiva, la relación con otra persona es internamente una relación “con uno mismo”). 
  Además, es un tema importante, porque es algo que nos afecta a todos;  de alguna manera, alguna vez quien no se ha sentido víctima de las circunstancias?. 
  Pero si lo observamos con detenimiento y con ánimo de crecer e integrarnos, veremos que se trata de un “papel” de victima, de una manera de funcionar, no muy saludable, que tiene sus “aparentes” ventajas y sus inconvenientes. 

   A saber, cuando la persona se siente víctima, muchas veces consigue lo que desea, consigue que le presten atención, consigue que le proporcionen cariño, cuidados, comprensión, justifica lo que le sucede, etc. Es como ponerse en el papel de " el bueno de la película", este personaje, es generalmente mejor visto socialmente que el papel de "malo". Pero sostener este papel en el tiempo, genera mucho sufrimiento y gastos de energía. 

   La persona que se siente víctima, utiliza este sufrimiento como un medio para conseguir lo que pretende (muchas veces este victimismo es un mecanismo a nivel inconsciente…) la persona se vale de quejas, exigiendo a los demás, a veces soterradamente, que se comporten de una manera determinada, despertando en ellos, en muchas ocasiones, un sentimiento de culpabilidad.

   Esta manera de ver de la persona que se siente víctima, es una distorsión de la realidad, una manera de interpretarla, que se basa en la creencia de que son los otros los responsables, los culpables de lo que le sucede, y por ello, son los otros los que tienen que cambiar, los que tienen el problema, siendo ella la que sufre las consecuencias. Los otros se puede referir a situaciones, personas, el país, etc. proyectando afuera un conflicto que es interior, y de esta manera, no necesita hacerse responsable de su vida, pues si el “afuera” es el culpable, o responsable de lo que le sucede, entonces no tiene mucho para hacer….. 

   Al ver las cosas de esta manera, el víctima, siente que la otra persona saca beneficios a su costa, que no lo trata como se merece, sino de manera injusta, siente que todo le sale mal, que siendo una "buena persona", está padeciendo una serie de injusticias y el culpable siempre es el exterior : la vida, el destino, las personas, la mala suerte, Dios, etc.
   Esta postura de víctima, tiene que ver con percibir sólo una cara de la misma moneda, sólo una parte de la realidad, donde la persona siente que está en lo cierto, que tiene razón, y que es el otro el que está equivocado, por lo que está sufriendo injustamente. De esta manera, al sentirse víctima, delega la responsabilidad de lo que le sucede, porque se siente indefensa, paralizada, sin poder para actuar.

   El papel de victima puede representarse de manera “pasiva” o de manera “activa”. Actúa de manera pasiva, cuando se vale de la queja y siente que el "exterior, el mundo, el otro, la situación" es más fuerte, entonces, la persona se siente indefensa y sumisa, y “permite” que el otro se abuse, prioriza la opinión de la otra persona, carece de una sana autoestima, y muchas veces, por su manera de actuar y hablar despierta sentimientos de culpabilidad en la otra persona (todo un juego psicológico, que conviene observar, para poder salirse de él….).

   Pero puede ocurrir lo contrario, que actúe de una manera más activa, y es la persona que se justifica por todo lo que ha sufrido en la vida, lo que "le han hecho injustamente", por toda la adversidad que ha soportado, y por ello se siente con derecho de mostrarse o comportarse de manera agresiva, guarda un gran resentimiento en su interior, y este resentimiento le da la fuerza para luchar, atacar, contra la situación o contra la persona que siente que es la culpable de lo que le sucede o le sucedió.

 Cuando ha habido un daño real, donde la persona recibió agresiones graves, es natural y saludable, que durante un tiempo, se sienta víctima, debiendo trabajar adecuadamente las emociones, todo un proceso que muchas veces requiere de la ayuda terapéutica, que le ayude a gestionar ese mundo emocional turbulento, y que le aporte una nueva visión más amplia de lo que le sucede, para no quedarse instalada en el papel de víctima indefinidamente, teniendo la posibilidad de salir de la situación crecida, integrada y fortalecida…, como decimos en la Psicología Transpersonal: aprovechar la adversidad como una oportunidad para crecer, integrar y trascender las limitaciones de la personalidad.


 ¿Si he detectado esta conducta, que puedo hacer para salirme del papel de víctima?

  Como en todo proceso de desarrollo personal, lo primero es “darme cuenta”, tomar consciencia de las ocasiones en que se “activa” y adoptamos o hemos adoptado ese papel de víctimas.  Esas circunstancias en que culpamos a la vida, a los demás, de lo que nos está ocurriendo, o de lo que nos ocurrió, asumiendo la parte que nos toca, la responsabilidad que nos corresponde ante lo que nos acontece, y sólo somos responsables de nosotros mismos, de nuestras respuestas ante las situaciones….no podemos hacer que el otro cambie, muchas veces no podemos cambiar una situación, sin embargo, nuestra respuesta, si que es determinante y dará un giro a nuestra vida. Si no nos hacemos responsables, quedamos “paralizados”, “estancados”, sin saber que hacer, cediéndole el poder al “otro, a la situación….” 

   Es importante conectarse con los sentimientos, las emociones, que surjan que tienen mucho que ver con lo que nos dijimos de la situación, tiene que ver con nuestro diálogo interno, conviene sacar esas emociones, trabajarlas para poder integrarlas, aceptando lo ocurrido. Si no lo acepto, es difícil que pueda avanzar, se trata de todo un proceso, que muchas veces no es fácil de transitar, pero que realmente nos hace crecer.
   A veces, sólo se puede aceptar el hecho de que “no puedo aceptar lo sucedido”, es decir, aceptar que no puedo aceptar lo sucedido por el momento, me libera un poco de la carga emocional, pero he de seguir trabajándolo, hasta poder aceptarlo, para liberarme internamente…… 

   Luego, conviene observar tomando distancia: preguntarnos en qué medida contribuimos a lo que nos está pasando, haciéndonos responsables de la "parte que nos toca". Quizá, esto no nos resulte nada fácil, pero es el principio de la salida, el cambio de percepción de los acontecimientos y el pensar que tenemos el poder de hacer algo con lo que nos pasa.   

  Tendríamos que ver, observar, qué se esconde detrás de ese papel de víctima, qué "beneficios ocultos" recibo al adoptar esta actitud, en qué me compensa. A veces, es una manera de controlar al otro, es el liberarse de la responsabilidad de lo que nos ocurre o quizá, una manera de dejar salir la rabia contenida, hacia los demás, de una manera "justificada" socialmente. 

   Es saludable ver qué necesidad no expresada se oculta tras el papel victimista, por ejemplo, puedo estar necesitando afecto, y en vez de decirlo abiertamente a la persona, la "manipulo" quejándome y expresando: "con lo mucho que hago por tí, y no me vienes a visitar, o no eres cariñoso conmigo....." 

  Todo esto, no es fácil, y conviene hacer la observación aprendiendo a tomar distancia interna, y así poder objetivizar y comprender... para ello hay técnicas de meditación, de atención plena, donde uno puede aprender a observarse sin quedar identificado con lo que observa…. Estas técnicas son herramientas muy valiosas en la Terapia Transpersonal. 

   Hacernos responsables de lo que nos pasa, no significa que debemos cargar con la culpa y no reconocer cuando la otra persona actúa de una manera inadecuada y hasta agresiva con nosotros, no se trata de eximir al otro de su responsabilidad, no se trata de negar el daño que la otra persona está provocando, tampoco se trata de exponernos, sino, más bien, buscar una solución saludable a la situación, partiendo de la aceptación de lo que ocurre, y tratando de cambiar lo que se pueda cambiar. 

   Se trata de recuperar el poder sobre nuestra propia vida, sin creer que el afuera es el responsable de mi felicidad; aceptar que cada uno es como es, que las circunstancias son como son, y que el cambio es de adentro hacia afuera. 

    Recordemos que los hechos en sí son neutros, y que es la interpretación que les damos la que nos hace sentirnos de una manera o de otra. Cambiar el "color de las gafas" que llevamos puestas para ver la vida es de gran ayuda..... 

   Tampoco significa que deba seguir relacionándome con la persona que siento me ha dañado, pero si conviene liberarme internamente de la carga emocional, pues aunque ponga distancia física, aunque no vuelva a ver a la persona, aunque la situación dolorosa cambie…., llevaré dentro mío la carga si no me libero de ella, ya que “donde quiera que vayas, allí estás”.
                                                                                Juana Ma. Martínez Camacho 
                                                                                   Terapeuta Transpersonal                 

miércoles, 7 de marzo de 2012

Lo que valoro y lo que Soy



Cuando nos encontramos en un estado de desorden, lo primero que deberíamos hacer es adentrarnos en nosotros mismos, hacer unos momentos de silencio y empezar a descubrir lo que realmente hay en nuestro interior. Descubrir los valores. Entonces la meditación se hará muy sencilla, movida por esos valores.
  Alguien podría decir que no tiene esa demanda, esa necesidad de investigar, pero ¿no la tiene realmente?. Se puede mirar despacio, para descubrir si se tiene o no esa demanda de valores.
 Empecemos por ver que es lo que me mueve en la vida cotidiana. Si lo que quiero es estar tranquilo, que me quieran, tener dinero, una casa nueva, viajar, que me valoren, que me respeten, da lo mismo... 
 Todos los deseos, los que me parecen buenos o los que me parecen menos buenos o malos provienen del mismo origen; de esa necesidad de los valores, de esa necesidad de la manifestación de lo Real en nosotros. Vienen del anhelo de fuerza, de potencia de ser, de amor y de claridad de la Inteligencia.
  Pero es necesario descubrir en nosotros la potencia de ser para que desaparezca la sed del deseo. Es entonces cuando surge la demanda de la meditación, porque ese deseo de triunfo, de ser poderoso, de tener cosas, no es más que la expresión externa del anhelo de ser, de ser de Verdad.

   Si cuando me encuentro ante el escaparate de una tienda, investigo el origen de mi deseo por lo que he visto a la venta, comprobaré que detrás de ese deseo hay un anhelo de algo mayor, que en este caso podría ser de belleza. Si me quedo contemplando la Belleza, comprobaré que está en mí y que por ignorancia, el anhelo de ella ha creado mi deseo. 
  Todos los valores están ahí, en lo profundo de la conciencia. Contemplo la Belleza y soy Belleza. Contemplo el Amor y soy Amor, contemplo el Poder, la Fuerza, y soy Poder y Fuerza.
  Y contemplando voy penetrando en lo profundo, porque es el hilo conductor que me lleva por la Belleza, la Fuerza, el Poder, hacia la conciencia profunda que soy.

  Todo esto se encuentra después de uno o mil intentos, no se sabe cuando, pero hay un momento en el que algo, como una gracia, hace su aparición y sucede lo que tantas veces hemos estado intentando y no hemos alcanzado. Y este descubrimiento compensa con creces el tiempo invertido en intentarlo.
  Queríamos tener una vida maravillosa y no nos damos cuenta de que lo que anhelamos está ya en la conciencia. Queremos cambiar la vida por fuera sin darnos cuenta de que eso no es posible.
  Esto es tan abstracto que nuestra mente no se lo puede creer.Solamente vivenciando el silencio llegamos a descubrir lo divino, lo sagrado, la realidad absoluta que somos. Estoy aquí y ahora, pero ¿qué es lo que realmente soy? No soy estos pensamientos cambiantes que pasan por mi mente y que no se de donde vienen. No soy estas sensaciones de mi cuerpo que aparecen y desaparecen. No soy esos sentimientos, estas emociones, sentirme bien o sentirme mal, que son pasajeros. ¿Donde está lo permanente en mí?.
  Si me quedo en el "darme cuenta", el silencio cobrará vida para mí, será algo creativo, que me llevará a lo que realmente soy, aquello desconocido que está por descubrir.
                                                                                          Texto de Consuelo Martín