SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

viernes, 25 de junio de 2021

Despertar y trabajo interior


Despertar quiere decir dejar de vivir en el mundo mental y vivir en la Realidad, en el momento Presente, en lo que está sucediendo aquí y ahora. Despierto quedan todos los juicios en suspenso, el entorno no nos presiona, ni nos invade y nos damos cuenta de que somos la vida en expresión.

Cuando empezamos a despertar, esa experiencia es breve y no se puede mantener, pero nos habrá marcado por su autenticidad y por ser una experiencia real y vívida del lugar hacia el que nos dirigimos. Hay que hacer todo un proceso para estabilizar dicha experiencia.

1- Darse cuenta que uno está dormido y despertar aunque sea por unos momentos, para luego trabajar en esa dirección.

2- Descubrir el error, el personaje, el ego, los mecanismos aprendidos mediante los que funcionamos, para trascenderlos.

3- Reequilibrar y expresar el yo-experiencia, para dejar de vivir en el yo mental o personaje y vivir la Realidad.

4- Paralelamente al trabajo anterior, realizar la limpieza del inconsciente.



¿Para qué hacer limpieza en el inconsciente?

Para ser capaces de vivir el momento presente, sin arrastrar temas del pasado, estar lo suficientemente libres para vivir el aquí y el ahora, sin lastres que influyan en nuestra conducta.

Lo mismo nos esclaviza un pasado doloroso que uno glorioso, por lo que es fundamental limpiar el inconsciente paralelamente a fortalecer el yo experiencia (dejar de vivir en el yo mental o personaje para vivir la realidad, el yo experiencia. Lo que hemos desarrollado menos es lo que nos hace sufrir, así que es eso lo que hay que trabajar más, pero siempre en los tres ejes (energético, afectivo e inteligencia). Cuando los tres centros estén desarrollados adecuadamente, no necesitaremos manipular el afuera para cubrir nuestras carencias, sino que, veremos la oportunidad en cada momento de expresar lo que somos, las capacidades que tenemos.

Equilibrar el yo experiencia (ego sano) es madurar como personas adultas. El objetivo del yo experiencia es conseguir que en cada situación, los pensamientos, emociones y acciones sean lo más adecuado en aquel momento. Cada momento es único, por lo que debemos estar bien despiertos para actuar dando la respuesta más adecuada a ese momento, actuar y expresarnos libremente en cada situación, mas allá de lo mecánico.

“Yo solamente puedo hacer aquello a lo que me siento llamado a hacer, cualquier otra cosa, sería una traición contra mi propia persona.” Solo cuando nos experimentamos tal y como somos, obtenemos la propia felicidad y plenitud, por lo que el autoconocimiento nos hace “libre” internamente.

El inconsciente es nuestro aliado, ya que es parte de nosotros mismos y busca nuestro bien, pero ese bien no es el mismo a los 4 o 5 años que a los 40 y, aunque los años han pasado, el inconsciente es atemporal y sigue con las mismas normas, que ya no nos son útiles, por lo que habrá que cambiarle las normas y explicarle claramente y él nos prestará su apoyo.

Por otro lado, el inconsciente es como una caja o un baúl donde guardamos todo lo que no queríamos ver, nos asustaba o queríamos ignorar, por lo cual, dentro de él, hay cosas que considerábamos “terribles” de nuestra infancia y de nuestra adolescencia, que cuando las miramos ahora, parecen tonterías.

Además nuestro inconsciente no nos mostrará nada que no podamos sortear sin problemas, por lo que no debemos temer, el inconsciente está deseoso de liberarse de todo ese peso inútil.


La limpieza ha de ser en los tres niveles:

- Limpieza del inconsciente energético para recuperar nuestra fuerza, energía, espontaneidad, sexualidad.

- Limpieza del inconsciente emocional para estar más cerca interiormente de las personas y amarlas.

- Limpieza del inconsciente intelectual, para soltar las creencias impuestas, la rigidez mental.


Todo lo que hemos acumulado, nos pesa y nos impide despegar. Al limpiar esa carga retenida, la energía del inconsciente se une a la de la parte consciente y nos vivimos con más energía, logrando una adultez equilibrada, una normalización del ser humano, para poder trascenderla hacia los niveles superiores, y dejar que se trasluzca la Realidad que somos.

Apuntes tomados de A. Blay



domingo, 2 de mayo de 2021

Entrenar la mente desde el Mindfulness


La mente es como un músculo, su tendencia es a la dispersión, como un mono que salta de rama en rama. Según algunos investigadores, la divagación de la mente ocupa un 47% del tiempo que pasamos despiertos (Killingsworth y Gilbert), otros calculan que la mente produce entre doce mil y setenta mil pensamientos al dia. Los estudios actuales, sugieren que la divagación mental es el modo de funcionamiento por defecto de nuestro cerebro (Hasenkamp). De modo que no se trata de tu mente, sino que es la naturaleza de la mente.


Acepta la divagación mental como parte del proceso de la meditación, del entrenamiento, en vez de combatirla como algo pernicioso que deba quedar fuera de la habitación cuando meditas.

Trabajar con la respiración es el método más universal para la regulación de las emociones.

La atención es como un músculo, que se puede entrenar.

Nos enorgullecemos a veces por la cantidad de tareas que hacemos al mismo tiempo…, sin embargo, recientemente, estudios científicos sugieren lo que los maestros de meditación saben hace miles de años y es que la multitarea es un mito, solo podemos prestar atención de verdad a una cosa a la vez (Wang y Tcherbew, 2012).

Prestar atención debería ser como respirar: algo natural, no forzado y que no requiere ningún esfuerzo. Pero dirigir la atención a donde queremos que vaya, y mantenerla ahí el tiempo que deseemos, no es tan fácil, y es que no nos han enseñado a prestar atención, ni siquiera nos lo han explicado.

El psicólogo y filósofo William James, define la atención así: la toma de posesión por parte de la mente, de forma clara y vivida, de uno de los varios objetos o líneas de pensamiento que parecen posibles simultáneamente. La focalización, la concentración y la conciencia forman parte de su esencia. Implica prescindir de unas cosas para ocuparse efectivamente de otras, y es una condición cuyo verdadero opuesto es el estado de confusión, aturdimiento y dispersión.

Dice James sobre la importancia de la atención en nuestra vida: la facultad de traer voluntariamente de vuelta la atención dispersa, una y otra vez, es la propia raíz del juicio, el carácter y la voluntad. Nadie es dueño de sí mismo si no la posee. La educación que mejorara esa facultad seria la educación por excelencia. Pero es más fácil definir ese ideal que dar orientaciones precisas para alcanzarlo.

Aquí es donde la práctica de la meditación, atención plena, aporta este entrenamiento.

La mejor forma de comenzar es centrando la atención en las sensaciones que la respiración produce en nuestro cuerpo. En el budismo, esta práctica es la primera de sus “cuatro fundamentos”, los otros tres son la atención plena de las sensaciones, de la mente y de los dharmas (factores mentales)


Hay varias razones para comenzar con la atención a la respiración:

1- Porque las sensaciones de la respiración son relativamente más tangibles y concretas que el resto de las sensaciones, los pensamientos y las emociones, lo cual facilita que se pueda utilizar como ancla para traer de vuelta la atención una y otra vez, además, al traer la atención a la respiración, la desviamos de la cabeza, permitiendo así el acceso a una perspectiva más física y experiencial.

2- La respiración está presente mientras estamos vivos, suele ser algo bastante neutro y que no provoca fuertes sentimientos de placer o de rechazo, lo cual hace más fácil estabilizar la mente.

Aunque sean más o menos sutiles, siempre hay sensaciones asociadas a la expansión de la inhalación y a la contracción de la exhalación.

3- La mayoría de las veces, respirar no requiere ningún esfuerzo.

4- La respiración tiende un sutil puente de integración y equilibrio entre diversos pares de opuestos: la actividad mental y los estados corporales, las funciones voluntarias e involuntarias del cuerpo y las ramas simpática (luchar o huir) y parasimpática (descansar y digerir) del sistema nervioso autónomo.

5- La respiración es la estrategia más simple, rápida y a menudo accesible para regular la emoción. Es obvio que la respiración se acelera y se hace más superficial ante emociones fuertes, como el miedo o la ira, y no hay duda de que dos o tres respiraciones profundas pueden ser útiles para navegar por un sentimiento intenso.

Sabemos lo que hay que hacer y sabemos que funciona, el problema radica en que es difícil acordarse de hacerlo, porque la mente y el cuerpo están preparados para perpetuar la emoción.

También puede ser que la simplicidad de la estrategia nos confunda y la rechacemos por ser demasiado obvia, o por no parecer lo suficientemente potente para afrontar el estado en que nos encontramos.

En cualquier estado, el Mindfulness de la respiración nos ayuda a ejercitar la atención y además, fortalece las vías neuronales que nos recordaran enfocarnos en la respiración, facilitando así el acceso a esta estrategia cuando nos sintamos descontrolados o atosigados.

La atención se entrena llevando la conciencia a la respiración cada vez que te des cuenta que la mente se ha puesto a divagar.

Cada vez que la mente se dispersa, se abre una nueva oportunidad de entrenar la atención.



Atención plena de la respiración. (ejercicio)

Siéntate cómodo, sin hacer esfuerzo para mantenerte en esa postura durante todo el ejercicio. Mantén la espalda recta con los hombros relajados y el mentón leve inclinado hacia pecho.

Inhala profundo varias veces para relajarte y soltar cualquier tensión. Cierra suavemente los ojos o déjalos entreabiertos, como estés más cómodo.

Imagínate a ti mismo sentado. Observa tu postura como si te estuvieras viendo desde fuera. Deja a tu cuerpo y a tu mente tal como están.

Ahora presta atención a la respiración. Presta atención dónde la notes con más fuerza. Algunos la notan en la nariz, otros la perciben en el pecho que sube y baja, otras personas la sienten más en el abdomen, al expandirse el vientre con la inhalación y al retraerse con la exhalación.

Recorre mentalmente tu cuerpo y descubre dónde te es más fácil notar la respiración.

Ahora descubre cuándo notas la respiración con más fuerza – al exhalar, o al inhalar_. Si ambas son más o menos iguales, elige una de las dos.

Presta atención a la sensación de cada exhalación (suponiendo que has elegido la exhalación).

Siente el aire al salir por las fosas nasales cada vez que lo espiras. Al inhalar, simplemente descansa la atención y deja a la inhalación en paz mientras esperas. Luego vuelve a sentir la siguiente exhalación.

Deja que tu cuerpo respire – lo hace automáticamente_. Presta atención sólo a la sensación del aire en la nariz, cada vez que exhalas, una y otra vez.

Tu mente se distraerá de la respiración muchas veces por minuto.

No te preocupes por cuántas veces tu mente se distrae. Vuelve suavemente a la sensación en la nariz al exhalar, cada vez que notes que la atención se ha ido.

Luego de 15 min., continúa respirando sintiendo la tranquilidad lograda.


Notar la respiración, percibir como la mente se dispersa y traerla de nuevo con amabilidad, son componentes importantes para el entrenamiento de la atención.

Con la práctica de la atención plena y la conciencia de nuestras sensaciones corporales, recuperamos activamente el cuerpo como una dimensión preciosa de la vida (incluso durante una enfermedad grave), poco a poco sintonizándonos con nuestra experiencia y alejándonos de la objetivación y manipulación de nosotros mismos.

La atención es la capacidad de centrar la mente a voluntad en un determinado objeto. Se trata de una destreza fundamental necesaria para cualquier tipo de aprendizaje efectivo. La capacidad de prestar atención es esencial para el equilibrio emocional, porque da libertad de enfocar la mente de manera constructiva, en vez de estar constantemente distraído por estímulos aleatorios internos o externos.

M.Cullen/G.Brito

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jueves, 18 de febrero de 2021

Ejercicio de discernimiento ante la emoción


Cuando surge una emoción, podemos utilizar la herramienta del discernimiento, de esta manera: procura mantenerte alerta para diferenciar la emoción en sí misma, (con su sensación-sentida inervándose en el cuerpo), y los argumentos mentales que la acompañan.

Si puedes discernir estos dos factores internos, observarás distintas variables:

-  Muchas veces la emoción no es muy intensa, pero cuando la mente comienza a dar sus razones, la emoción comienza a magnificarse, como si le echáramos combustible al fuego. Cada persona, tiene sus argumentos neuróticos típicos, según su historia y su estructura de base. Y desde esos argumentos, se dice cosas internamente que exacerban la emoción inicial.

La mayoría de las veces estos argumentos tienen que ver con generalizaciones: "A mí nunca...", o "Yo siempre...", o bien "Todo el mundo...".

Si puedes observar este mecanismo, le devolverás a la emoción su dimensión real, objetiva, sin generar una "realidad paralela" en base a los propios "rollos" personales. Pero no es tan fácil darse cuenta mientras se está identificado con la emoción.

-  Otro mecanismo es el inverso: la emoción que se siente es intensa, pero la mente argumenta distintos artilugios para que creamos que "no es para tanto", los minimiza.

-  Una cosa es la emoción y otra los argumentos que te da la mente: justificaciones, racionalizaciones, deformaciones de lo que realmente sientes. 
 Ej. sientes envidia ante alguien querido que está en una situación que desearías para ti, pero internamente al no poder aceptar sentir eso hacia alguien que amas, lo disfrazas ante tí mismo, diciéndote algo como: "No es que tenga envidia: tengo miedo de que fracase y que se haga mal"... etc.

Se trata de mirar lo que es: no eres peor persona por sentir lo que sientes, la medida de nuestra ética está dada por lo que hacemos con lo que sentimos. Lo que sentimos no podemos evitarlo, si podemos hacer algo con lo que sentimos.

Lo esencial, entonces, es discernir la emoción como energía vital, respecto de los pensamientos que se construyen en torno a ella. Y como esos argumentos, están insuflados de esa emoción no resuelta, sería conveniente no creer en ellos, simplemente observarlos.

Cuando estemos sin la química de las emociones, podremos evaluar si esos pensamientos tienen fundamento sustentable o no.


viernes, 29 de enero de 2021

Aceptar los sentimientos


Aceptar la alegría parece natural, pero tal vez no está claro por qué hemos de aceptar la ira y el miedo. Los sentimientos negativos como éstos son precisamente lo que deseamos evitar. 

Por lo general consideramos que los sentimientos negativos impiden o interfieren la felicidad. Todos tenemos alguna idea sobre cómo nos gustaría ser: sin determinados defectos, limitaciones y “problemas” emocionales. Combatimos estas condiciones, confiando en ser más felices si por lo menos nos deshacemos de nuestros aspectos negativos, si por lo menos nos volvemos mejores.

Luchamos contra la infelicidad misma. Sin embargo, la psicología actual enseña que existe un lugar para la aceptación de los sentimientos y condiciones negativos.

En realidad, al no aceptar perpetuamos la negatividad en lugar de liberarla. El concepto de aceptación no es fácil de aprehender, porque estamos adiestrados para resistir a lo que no nos gusta y combatirlo.

De hecho, comprender la aceptación es algo sutil, y las cuestiones fundamentales siguen siendo: ¿Cómo? ¿Cómo acepto mi cólera? ¿Qué significa aceptar mi miedo? ¿Cómo resuelvo mi problema si lo acepto? 

Si los sentimientos son dolorosos y se vuelven problemas, se debe únicamente a que no son aceptados, o integrados. Creamos dolor al resistirnos y al no aceptar. 

Para ir más allá del dolor y disfrutar de la totalidad, debemos aprender a integrar esas partes de la vida que encontramos dolorosas y preferiríamos evitar. Una vez integradas ya no son dolorosas. Por el contrario, agregan nuevas dimensiones a nuestra existencia. 
Estas nuevas dimensiones son imprevisibles. La vida se vuelve más rica, dando lugar a una conciencia auténtica, y no fingida, de prosperidad material y espiritual. Se permite que se manifieste la creatividad. La felicidad se hace incondicional. Nos convertimos en artistas de la vida y nos damos cuenta de que estábamos resistiéndonos a algo que en realidad se hallaba dentro de nosotros y no en el mundo exterior.

Aceptación significa abrirse a los sentimientos.

La aceptación no significa la automática aprobación de cualquier hecho, sea un sentimiento interior, la interacción con otra persona o algo que ocurre en el mundo exterior. Aceptación significa más bien que nos abrimos a la experiencia del acontecimiento.

Podemos retener nuestra discriminación intelectual y la preferencia por que algo sea distinto de cómo se está ahora manifestando; sin embargo, no permitimos que nuestra preferencia interfiera la experiencia. Esto es posible porque la experiencia tiene lugar en el nivel de los sentimientos, no en el del intelecto.

Al abrirnos a la total experiencia de algo, en el nivel sensitivo, lo aceptamos. La capacidad de sentir tiene suma importancia. Los sentimientos son nuestra conexión con la vida; sin ellos estamos caducos, huecos y aislados de la verdadera realización.

Los autobloqueos se producen en el nivel sensitivo, no en el nivel mental ni en el intelectual. Del nivel sensitivo es del que menos somos conscientes.

Las personas que han alcanzado la autoaceptación, desarrollan la capacidad para sentir en profundidad, sin resistencias, cualquier cosa que ocurra en su vida interior. Sin embargo, la mayoría  no hacen lo mismo, sino que bloquean los sentimientos para que no se hagan conscientes, lo que da como resultado confusión y desequilibrio emocionales.


Te acompaño en el proceso


Consultas Presenciales / Consultas por Skype


Juana Ma. Martínez Camacho
 
 Terapeuta Transpersonal
 Acompañante en Bioneuroemoción
 Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
 Anathéoresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
Formación Internacional en Psiconeuroinmunoendocrinología (IPPNIM)



www.centroelim.org       Telf. 653-936-074


jueves, 21 de enero de 2021

Comunicación Empática y Asertiva


Muchas veces, nuestra manera de expresarnos, ofende o hiere a los demás, o a nosotros mismos (a veces de manera inconsciente).

Generalmente buscamos las respuestas afuera, siendo que están en nuestro interior. Por condicionamiento solemos buscar la resolución del conflicto esperando que cambie el afuera, el otro, así, generamos maneras de relacionarnos violentas en pos de cubrir nuestras necesidades, y no nos damos cuenta de ello, por carecer de educación emocional; muchas personas ni siquiera se plantean que debajo de cada comportamiento, existen necesidades. 

Somos grandes desconocidos para nosotros mismos, y desde ahí nos relacionamos, intentando cubrir necesidades que arrastramos desde muy pequeños, en su mayoría inconscientes de ello.

Desde niños nos fuimos desconectando de lo que sentimos y necesitamos, y tampoco sabemos cómo pedir al otro de manera en que ambos salgamos ganando. Todo esto se traduce en relaciones con cierto tipo de violencia, donde juzgamos, diagnosticamos, culpamos, ordenamos, imponemos, negamos nuestra responsabilidad, etc., en mayor o menor grado.

Sin embargo, cuando renunciamos a la violencia, aprendiendo a gestionar nuestro mundo emocional y a cubrir sanamente nuestras necesidades, surge la compasión que brota del ser humano de manera natural.

Podemos aprender a elegir nuestras palabras, respondiendo de manera saludable, cuando somos conscientes de lo que percibimos, sentimos y deseamos. Podemos expresarnos con sinceridad y claridad, al mismo tiempo que prestamos una atención respetuosa y empática a los demás.

El incorporar esta manera de funcionar, requiere autoconocimiento, práctica, determinación y paciencia.

En cualquier interacción, podemos aprender a tener en cuenta tanto nuestras necesidades más profundas, como las de los demás.

Podemos ir reemplazando nuestras antiguas pautas de defensa, resistencia, de huida y de ataque ante los juicios y las críticas de otras personas, y empezar a percibir a los demás y a nosotros mismos, así como a nuestras intenciones y relaciones, bajo una nueva luz.

Cuando nos centramos en clarificar lo que observamos, sentimos y necesitamos, en lugar de dedicarnos a diagnosticar y a juzgar, descubrimos cuán profunda es nuestra compasión hacia nosotros y hacia los demás, favoreciendo el respeto y la empatía.


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miércoles, 20 de enero de 2021

La expresión de la ira

 

Para trabajar en la profundidad de la ira debemos desvincular al otro de la responsabilidad por lo que sentimos, es muy superficial matar, pegar, gritar; conviene diferenciar entre el estimulo y la causa. Liberarnos de ideas como “el hizo que me ponga furiosa”…ya que nos quedamos en el juicio y en culpar al otro de lo que sentimos nosotros, la conducta de la otra persona es un estimulo para que nos sintamos con ira, pero la causa no esta allí, la raíz es otra. 

Muchas veces se utiliza este mecanismo de culpabilidad para manipular al otro “haces que me irrite”, nos convencemos que nos sentimos así, por lo que nos “hizo el otro”, no somos conscientes que la ira proviene de nuestra manera de pensar. 

En vez de ver que hace el otro, conviene conectarnos con nuestro interior y ver qué sentimientos y necesidades insatisfechas hay ahí, que en realidad son la causa de nuestro enojo… 

Ejemplo, si alguien llega tarde a una cita y tengo la necesidad de ver como le importo a la otra persona, me sentiré furiosa o enfadada por su tardanza, si al contrario, mi necesidad es de espacio y tranquilidad por una rato, esa tardanza hasta me viene muy bien y no me afecta…. 

Por lo tanto, es conveniente conectar con mis necesidades en cada momento, en vez de juzgar y culpabilizar al otro… 

Al conectar con nuestras necesidades, conectamos con nuestra energía vital, si bien nuestros sentimientos pueden ser intensaos, no llegamos a sentirnos enojados. 

Al aprender a estar presentes a nuestros sentimientos y necesidades, también podemos aprender a estarlo a las necesidades de los demás, así no sentimos el enfado y tampoco reprimiremos la ira… 

La ira encierra algo que nos es útil para la vida, descubrir nuestras verdaderas necesidades, al escucharlas, colaboramos con la vida y generamos menos violencia, nos hacemos responsables de nosotros mismos. Pasamos de “estoy enfadado porque me hizo….” A “estoy enfadado porque necesito…” 

Cuando tomamos conciencia de nuestras necesidades, nuestra furia da lugar a sentimientos útiles para la vida. 

La violencia surge al creernos que son los otros los que nos producen dolor y por lo tanto, merecen ser castigados. 

Todo juicio sobre otra persona, reduce la posibilidad de ver satisfecha nuestras necesidades. 

Los juicios hacia las otras personas, tienden a actuar como profecías que se autorrealizan. 

Si nos centramos en los errores de las otras personas, en jugarlos como mentirosos, irrespetuosos, etc. tenemos pocas posibilidades que podamos satisfacer nuestras necesidades. Si, por vergüenza o culpa, pueden modificar su comportamiento y así satisfacer nuestros deseos, pero no así nuestras necesidades; cuanto más la acusamos, mas a la defensiva la otra persona estará. 


Podemos utilizar 4 pasos para expresar saludablemente la ira: 

- Detenerse, respirar profundamente 

- Identificar los pensamientos que contienen juicios 

- Conectarse con las propias necesidades 

- Expresar nuestros sentimientos y necesidades no satisfechas. 

Cuanto más escuchemos a los demás, mas nos escucharan a nosotros: empatía. 

Cuanto más empáticos, más nos damos cuenta que tenemos necesidades comunes los seres humanos. 

Nuestra necesidad radica en que el otro escuche verdaderamente nuestro dolor. 

Las personas no escuchan nuestro dolor cuando se sienten en falta, cuando se sienten juzgadas… 

Se trata de tomarnos el tiempo necesario para este cambio de conductas, salir del condicionamiento de culpabilizar al afuera y aprender a conectar con nosotros mismos, con esas necesidades que están insatisfechas.




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viernes, 11 de diciembre de 2020

El poder de las creencias

 

Cuentito: 

Un mercader de camellos, un árabe que atravesaba el desierto del Sahara, acampó para pasar la noche. 

Los esclavos levantaron tiendas y clavaron estacas en el suelo para atar a ellas los camellos. 

- Hay sólo diecinueve estacas y tenemos veinte camellos; ¿cómo atamos el vigésimo camello? - le preguntó un esclavo al amo. 

- Estos camellos son animales tontos. Hagan los movimientos como para atar al camello y permanecerá quieto toda la noche. 

Eso hicieron, y el animal se quedó quieto allí, convencido de que estaba atado. 

A la mañana siguiente, al levantar campamento y prepararse para continuar el viaje, el mismo esclavo se quejó al amo de que todos los camellos lo seguían, excepto aquél, que se rehusaba a moverse. 

- Se olvidaron de desatarlo - dijo el amo. 

Y el esclavo realizó entonces los movimientos como si lo desatara, y el camello comenzó a andar... 

Ésa es una imagen de la condición humana, de cómo estamos atados a cosas que no existen; tenemos miedo de cosas que no son... Son ilusiones, falsedades, creencias y hábitos; no son realidades. 

¿Alguna vez te has preguntado por qué en muchas áreas de la vida vivimos por debajo de nuestras verdaderas posibilidades? 

Nuestras conductas están teñidas por las creencias que subyacen en nuestro subconsciente y, en realidad, son las que determinan muchas de las capacidades y conductas que se las atribuimos al azar. 

Es necesario identificar estas creencias, muchas de las cuales derivan en miedos ocultos, silenciosos, que, boicotean nuestros esfuerzos, debilitan nuestra voluntad y hasta nos paralizan a la hora de actuar y tomar decisiones. 

Si en tu vida padeces una limitación y te hace “tropezar varias veces con la misma piedra”, y te resignas creyendo que no puedes cambiar los resultados, podrías pensar que gran parte del problema es que estás influenciado por tu manera de ver los acontecimientos, y te has olvidado que tu capacidad de salto, es más extraordinaria de lo que te imaginas. 

En primer lugar, debemos reconocer que estamos gobernados por nuestras creencias más de lo que nos imaginamos. 

Conviene observar en la niñez qué mensajes limitadores recibimos, como: “no puedes”, “no hagas eso”, “eres un inútil”, “no eres como tu hermano”, “no vales”, etc. 

Las creencias son como filtros de nuestra concepción del mundo, nos apoyan o nos sabotean. Hay creencias que restringen y creencias que expanden, unas nos tornan impotentes y las otras nos dan el poder para cambiar nuestra vida. 

Una vez que asumes una creencia, se convierte en “tu verdad”, y toda tu vida estará teñida por ella. Es como un cristal de color a través del cual vez el mundo. 

En segundo lugar: hacia dónde me conducen las creencias instaladas en mi mente. 

Examinar ideas y creencias fundamentales, es una experiencia de cambio de vida. 

Cuando cambiamos nuestras creencias conscientes y actitudes, cambia la química del organismo. 

Podemos aprender nuevos comportamientos, nuevas formas de pensar. No estamos condenados a seguir repitiendo patrones de conducta que nos resultan tóxicos y dañinos para nuestra salud física, mental o emocional. 

No tenemos que quedarnos conectados con aquellas creencias que nos transmitieron en la infancia: eres torpe, no cambiarás, no podrás seguir la carrera universitaria, eres como tu abuelo, etc. 

A diferencia de los pensamientos, que forman activamente palabras o imágenes, la creencia actúa de manera pasiva y silenciosa. 

Si es tóxica, genera pensamientos negativos, que irán acompañados por imágenes y emociones negativas. 

Nuestras limitaciones personales responden a creencias limitantes. Si alguien por ejemplo, se cree que no merece recibir amor, se sentirá miserable por más que lo quieran, porque su creencia lo hará enfocar su atención en cualquier detalle que confirme que nadie lo quiere. 

Incluso si alguien lo amara de un modo evidente, que no se puede dudar, esta persona no llegaría a confiar por completo de ese amor, es más como las creencias generan actitudes, es probable que esta persona actúe, aunque sea inconscientemente, de manera que provoque el rechazo de los demás, para así alimentar su creencia original, con el tiempo conseguirá eso en lo que está enfocado: el rechazo. 

Así funcionan la mayoría de nuestros patrones de comportamiento. 

Todos actuamos según nuestras creencias y lo que recibimos de la vida depende de nuestras creencias profundas. 

Toda creencia despierta un potencial, 

Que genera una conducta, 

Que a su vez provoca un resultado, 

Y este refuerza la creencia inicial. 


Así una creencia negativa nos hace entrar en un círculo de acción y reacción. 

Nuestros supuestos más profundos son los que activan los cambios físicos. Si la creencia es acertada o no, si es buena o no, no tiene importancia. Una vez aceptada, será el software que manejará nuestra computadora biológica. 

Si creo que “nací para sufrir”, esta es una creencia muy tóxica para mí. 

Pero si afirmo, “todo es posible y tengo el poder para lograrlo”, esa es una creencia muy saludable. 

En cualquier proceso de evolución y de sanación es vital prestar atención a nuestras creencias, muchas inconscientes. 

Hemos de detectarlas, profundizar en ellas y cambiar aquellas que nos limitan por otras que favorezcan nuestro desarrollo y expansión. 



Te acompaño en el proceso 

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Juana Ma. Martínez Camacho 

Terapeuta Transpersonal 
Especialista en Bioneuroemoción 
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
Psiconeuroendocrinoinmunolía 

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