SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Nuestra experiencia está en perfecto equilibrio


Nuestra experiencia está en perfecto equilibrio: si hay guapo, tiene que haber feo. Si hay éxito, tiene que haber fracaso. Si hay iluminado, tiene que haber no iluminado. Si hay amado, tiene que haber no amado. Así son las cosas, y no es un problema hasta que entramos en guerra con el modo en que son, hasta que nos oponemos al equilibrio de la vida. 

La belleza de la vida es que está en constante movimiento, siempre cambiando. No podemos sentir lo mismo todo el tiempo. En la experiencia presente, no hay «todo el tiempo», y tampoco hay «nunca»; solo la danza de las olas ahora. 

Cuando decimos: «Quiero ser atractivo, quiero ser guapo», lo que queremos decir es que deseamos sentimos atractivos todo el tiempo, nunca sentirnos feos. Recuerda, lo que eres no puede ser nada en particular, pero, a la vez, lo que eres es la facultad de sentir cualquier cosa ahora. 

Queremos ser algo inmutable y sólido en el tiempo y el espacio, y sin embargo, cuando observamos, vemos que nuestros sentimientos están constantemente fluctuando, cambiando, en el momento intemporal. 

La realidad es que, en cualquier momento, podemos sentirnos bellos o feos. A veces sentimos que somos un éxito, y a veces que somos un fracaso. 

A veces nos sentimos débiles, y a veces fuertes. A veces nos sentimos seguros, y a veces inseguros. 

A veces nos sentimos alegres, y a veces tristes. 

A veces sentimos que estamos a favor de algo, y a veces en contra de eso mismo. 

Así es como son las cosas, y es totalmente natural tener estos sentimientos aparentemente contradictorios uno detrás del otro, o incluso sentirlos al mismo tiempo. No nos gustan las paradojas, pero, cuando comprendes que somos en esencia criaturas paradójicas y que eso está profundamente bien, ves lo natural que es no sentir lo mismo todo el tiempo. 

En el océano que eres, el cambio, la fluctuación y la impermanencia son la manera de ser de las cosas. Al océano inmutable le encanta expresarse en forma de olas que cambian constantemente; lo que sucede es que, en nuestro empeño por ser un yo coherente, por tener un relato de quiénes somos sólido, congruente e inmutable, consideramos negativa la incoherencia y la volubilidad, e intentamos evitarlas a toda costa. 

Queremos sentirnos igual mañana que hoy. Queremos tener los mismos pensamientos y opiniones, querer las mismas cosas, albergar las mismas creencias día tras día y año tras año. 

No queremos cambiar de idea. No queremos que se nos considere personas volubles, cambiantes, con las que no se sabe a qué atenerse, incapaces de decidirse por una cosa o por otra. 

El cambio, el movimiento, el flujo son la manera de ser de todo cuanto existe, y sin embargo, nosotros deseamos ser inamovibles, llevar por bandera una imagen definida e inmutable de quiénes somos, contar un cuento coherente sobre nosotros mismos día tras día. 

Queremos ser algo, no obstante, nuestra naturaleza nos impide ser jamás «algo» fijo. Y a causa de nuestro malentendido sobre quiénes somos realmente, entramos en guerra con la integridad de la experiencia, intentando inmovilizar el flujo natural de la vida..., lo cual tiene como resultado una gran frustración y sufrimiento. 

Estamos en guerra con los opuestos; rechazamos cualquier opuesto que no se ajuste a nuestra imagen de nosotros mismos, y no nos damos cuenta de algo muy importante: de que en realidad, no hay opuestos. Los opuestos son creación de la mente. Solo la mente separa la realidad, divide en dos las experiencias y luego se lanza en pos de uno de los opuestos e intenta escapar del otro. 

He aquí algo que resulta crucial entender: en realidad, los sentimientos no tienen opuesto. La energía del cuerpo no tiene opuesto. La vida no tiene opuesto. 

¿Puede tener un opuesto el canto de un ave? En este momento, escuchando a un pájaro cantar, ¿hay algo semejante a un opuesto? Es posible que el pensamiento diga que «lo opuesto de un pájaro que canta es un pájaro que no canta», pero eso no es más que otro pensamiento, otra imagen que aparece justo ahora. ¿Tiene el auténtico pío, pío de un pájaro —escúchalo— un opuesto, en la realidad? 

¿Tiene este momento un opuesto? ¿Tiene un opuesto la presencia de la vida aquí y ahora? ¿Hay realmente algo que se oponga a ella? 

¿Tiene un opuesto la sensación? Pellízcate. Pon tu atención en las intensas sensaciones que siguen. ¿Puedes encontrar algún opuesto a esas sensaciones? Sí, claro, el pensamiento diría que «lo opuesto de este dolor es la ausencia de ese dolor», pero, de nuevo, eso no es más que otro pensamiento que aparece ahora. 

En realidad, ¿tiene la sensación presente un opuesto que puedas encontrar de verdad en la experiencia presente? 

¿Es un sentimiento abominable lo opuesto de un sentimiento hermoso, o son simplemente dos experiencias muy distintas, acompañadas de sensaciones diferentes, de sabores diferentes? 

¿Es un sentimiento alegre lo opuesto de un sentimiento triste? El pensamiento diría que lo son, pero, fuera del pensamiento, ¿encuentras algún opuesto? 

En la realidad, no existe lo opuesto de un sentimiento o una emoción. Todo sentimiento y toda emoción son una experiencia completa en sí mismos. 

La experiencia en sí no tiene opuesto. Sentirse feo no es lo opuesto de nada..., es simplemente sentirse feo. Sin calificar de «negativo» sentirse feo y de «positivo» sentirse guapo, sin convertirlos en opuestos, vemos que sentirse feo es sencillamente una experiencia que está sucediendo ahora..., nada más que una ola de experiencia, nada más que algo que pasa por nosotros. Ninguna ola es intrínsecamente mejor ni peor que cualquier otra. Es solo energía de vida con un movimiento en particular. 

Profundicemos un poco más. No solo es que la belleza no sea lo opuesto de la fealdad, sino que la fealdad es además simplemente un concepto, y, como tal, no puede capturar la auténtica experiencia del momento presente. En otras palabras, sin el relato que cuenta que lo que estoy experimentando es fealdad, ¿qué está ocurriendo aquí de hecho? 

Sin el relato de que lo que experimento en este momento es el fracaso, ¿qué hay aquí de hecho? 

Sin el relato de que lo que experimento en este instante es dolor, pesar, aburrimiento, ira, malestar, depresión, confusión, o incluso búsqueda, ¿qué hay de hecho aquí? 

Sin cualquier relato sobre lo que está sucediendo ahora, sin catalogar esta experiencia como «fracaso» y compararla con el éxito, sin calificarla de «fealdad» y compararla con la belleza, sin llamarla «ira» o «dolor» y compararla con sus opuestos conceptuales, ¿cómo sé lo que de hecho estoy sintiendo? 

Como decía antes, sin relato, no tienes forma de saber lo que estás experimentando. Sin ningún relato, sin nombrar las olas, la vida es simplemente energía en bruto, energía pura, en movimiento. Es el océano —sin nombre, y misterioso—. 

Intentamos calificar esa energía; la juzgamos, tratamos de escapar de ella, la convertimos en el negativo de un opuesto positivo, y luego buscamos lo positivo. Y sin embargo, por debajo de todo esto, ni siquiera sabemos en realidad de qué huimos. 

Llamamos a una ola «miedo», «ira», «tristeza», «aburrimiento», «pesar», «alegría» o «dolor» porque estos son los nombres y conceptos que hemos aprendido —solo por eso—, y luego o intentamos escapar de estas olas o nos aferramos a ellas. Pero quítales todos esos rótulos que les has puesto y, en realidad, ¿de qué intentas escapar, o a qué te aferras? ¿Lo sabes? 

¿Qué sucede cuando nos desprendemos de todos los rótulos, de todas las descripciones que hemos aprendido, y afrontamos la energía en bruto de la vida tal como es en este momento, sin intentar cambiarla, eludirla ni aferramos a ella? 

¿Qué ocurre cuando nos desprendemos de todas las descripciones de lo que es o no es este momento y sentimos profundamente las sensaciones presentes? 

Aquí es donde empieza la verdadera aventura de la vida. 

Cuando trasciendes el relato de lo que sientes en cualquier momento, acabas viendo que en realidad nunca has sabido realmente de qué escapabas. Y te encuentras con la energía en bruto de la vida. Estás desnudo ante la vida..., y esta es la verdadera sanación. Es el derrumbe de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento. 

J. Foster




domingo, 10 de mayo de 2020

¿Puedo simplemente admitir lo que aparece en la experiencia presente?


La pregunta que tienes que hacerte a ti mismo es siempre: 

¿cuál es mi verdad en este momento? 

Dicho de otro modo: ¿qué pienso y siento realmente ahora mismo? 

¿Puedo simplemente admitir lo que aparece en la experiencia presente? 

¿Puedo empezar, al menos, a admitir estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos, por mucho que no los quiera admitir, por mucho que hagan peligrar la imagen que tengo de mí? 

¿Puede considerarse entonces que lo que admita ya está admitido en la experiencia presente? 

¿Es posible simplemente percibir, ahora mismo, que lo que soy ya ha dicho sí a este momento, que la aceptación que busco ya está aquí? 

Si de verdad he de aceptar este momento, como muchas enseñanzas espirituales me dicen que haga, debo aceptar todo —sencillamente todo— lo que aparece justo ahora. 

Y en ese «todo» podría estar incluida cualquier resistencia a aceptar o no aceptación que aparezca justo ahora. 

La aceptación no tiene por qué ir acompañada de una sensación bonita o tener una apariencia agradable. La verdadera aceptación va más allá de todas las ideas que tengamos sobre la apariencia que debería tener. 

La verdadera aceptación es lo que eres en esencia; es eso que permite que este momento sea exactamente como es. Lo que eres acepta incluso lo inaceptable. Es una aceptación radical. 

Admitir lo que aparece en la experiencia presente —es decir, percibir simplemente y sin ningún esfuerzo que estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos están presentes aquí y ahora— es percibir que lo que eres ya ha admitido estos pensamientos, sentimientos y sensaciones aquí, en este momento, incluso aunque no quieras admitirlos porque ponen en peligro una imagen de ti. 

Así que, en este momento, ¿cuál es mi verdad? 

Mi verdad es que no puedo aceptar este momento. Lo admito, aunque haga peligrar la imagen que tengo de mí mismo. Pienso que debería ser capaz de aceptarlo; sé que las enseñanzas espirituales me dicen que lo acepte, pero mi verdad, en este momento, es que no lo puedo aceptar. Eso es lo que es. Debo decir la verdad. Debo admitir que no lo acepto. 

En este momento, soy incapaz de aceptar a mi marido, a mi esposa, a mi amigo, a mi jefe, a mi madre, a mi padre, a mi gurú. En este momento, soy incapaz de aceptar su comportamiento, lo que me han dicho, lo que me han hecho. En este momento, soy incapaz de aceptarlos como son. 

Quizá mañana pueda hacerlo. Quizá el año que viene. Quizá nunca. No lo sé. Lo único que sé es que, ahora mismo, no los puedo aceptar. Admito la verdad acerca de este momento. Admito lo que es. 

La verdadera libertad llega cuando me doy cuenta de que esa imposibilidad mía de aceptarlos en el presente es totalmente aceptable para la vida, en este momento. Admito que no los puedo aceptar (o que no puedo aceptar el dolor, el miedo, la tristeza, la ira, el aburrimiento o lo que quiera que aparezca ahora) y descubro que mi falta de aceptación esta ya admitida en la experiencia presente. Es lo que es, y la vida lo acoge en este momento. 

Esa es la verdadera aceptación que he estado buscando..., una aceptación que es más profunda que ninguna otra que tú pudieras ofrecerme, más profunda que ninguna otra que pudiera encontrar en el mundo del tiempo y el espacio. 

Cuando dejo de buscar tu aceptación, ¿qué miedo puedo tener a ser sincera contigo? No voy a perder la aceptación. Incluso aunque rechaces lo que digo, incluso aunque no estés en condiciones de escucharlo ahora mismo, incluso aunque discrepes totalmente, no voy a perder esta aceptación. Esta aceptación seguirá estando aquí incluso aunque sienta que me rechazas de la manera que sea. Me sostiene, siempre, aun en medio del conflicto. 

Y, una vez que he reconocido que lo que soy ha aceptado totalmente mi verdad, en esta admisión total de la experiencia presente ahora soy libre de decírtela a ti sin miedo. Mi verdad tal vez te resulte difícil de escuchar, pero es mi verdad, y no puedo disculparme por ella. Esta profunda aceptación no está bajo mi control. 

Una vez que ves lo que está sucediendo en tu experiencia, una vez que ves la búsqueda que está teniendo lugar y eres sincero contigo mismo acerca de ella, la comunicación fluye, sin esfuerzo. Ya no hay necesidad alguna de buscar la manera de comunicarse. Comunicarse es ahora tan sencillo como decir lo que ves; es decir la verdad sobre lo que realmente está ocurriendo desde tu perspectiva, en tu experiencia..., sin ninguna expectativa. 

¿Podría haber algo más simple? La comunicación clara y sincera fluye con naturalidad cuando descubrimos la profunda aceptación de la experiencia presente. 

Cuando nos desprendemos de todas las ideas sobre el aspecto exterior que debería tener este momento o cómo debería hacer que nos sintiéramos, somos libres de admitir la verdad. Es la verdad la que nos libera de la carga de vivir respondiendo a una imagen.

Jeff Foster





jueves, 7 de mayo de 2020

Aceptación


“Señor/Dios/Universo, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, fortaleza para cambiar lo que si puedo y sabiduría para discernir la diferencia.”    


Hay cosas en la vida sobre las que nunca tienes control. Tal vez las situaciones provocadas por la evolución del grupo, por la naturaleza y por tus experiencias pasadas ya estén escritas, dispuestas por el Espíritu con un propósito mayor en mente que no vas a lograr entender en esta vida. 

Quizá no esté en este momento el comprender por qué suceden ciertas cosas, pero puedes aceptar el misterio y trabajar con lo que esos sucesos y tus circunstancias actuales te pueden enseñar. Y de última, también puedes aceptar el no poder aceptar en este momento lo que te está sucediendo, pues la aceptación es un proceso de comprensión profunda, no puedes aceptar lo que no comprendes y eso te genera sufrimiento, por la interpretación que haces de lo que acontece, que genera un diálogo interno que moviliza las emociones de enojo, rabia, impotencia, tristeza, desesperanza, angustia, temor, miedo, etc., al no poder aceptar. 

Rechazamos lo que no nos agrada, en vez de utilizar lo que nos sucede como una oportunidad para aprender. 

No aceptamos la realidad y tratamos de impedir la experiencia de los demás pretendiendo que se comporten como nosotros queremos para sentir nuestro bienestar… 


¿Cuando estas sufriendo que síntomas tienes? 

La única causa del sufrimiento es la incapacidad de aceptar lo que sucede. 


Cada vez que te encuentres sufriendo, puedes preguntarte:


 ¿que es lo que no estoy aceptando? 


Entonces si el no aceptar lo que me sucede es lo que me genera el sufrimiento, la pregunta oportuna sería:

 ¿Cómo puedo aprender a aceptar eso? 


Y la respuesta es conociendo que hay leyes que rigen el universo, que todo tiene un propósito para nuestra evolución, que infringimos las leyes universales muchas veces de manera inconsciente, por desconocimiento, por ignorarlas, sin embargo siempre están operando para mantener el equilibrio del universo. 

Entonces: 

la causa del sufrimiento es la incapacidad de aceptar lo que sucede porque no lo comprendo. 




¿Como reconocer algunas formas de la no aceptación? (G. Schmedlin)


- Rechazo a la vida: no estoy aceptando la oportunidad de aprendizaje que ofrecen las dificultades. 

- Sobreprotección: no acepto la experiencia de destino y de misión que cada persona trae. 

- Perfeccionismo: no acepto que existen diferentes formas de organización y manejo. 

- Preocupación: no acepto que puedo perder algo que ya no necesito para mi evolución. 

- Fanatismo: no acepto que hay otras formas, caminos, creencias, opciones diferentes a las mías. 

- Mal genio: no acepto lo que otros hacen o dicen o lo que está sucediendo. 

- Ganas de condenar: no acepto actitudes y comportamientos diferentes a los míos. 

- Rebeldía: no acepto la necesidad de adaptarme al medio que me correspondió. 

- Angustia: no acepto que perdiendo algo, puedo vivir de otra manera. 

- Tristeza: no acepto la experiencia y comportamientos de otros. 

- Ganas de criticar: no acepto las ideas costumbres y decisiones de los demás. 

- Rencor: no acepto que los demás no tienen la culpa de mis propias experiencias. 

- Ganas de juzgar: no acepto que cada quien hace lo correspondiente con lo que sabe. 

- Apegos: no acepto que nada ni nadie me pertenece y siempre tengo todo lo necesario. 

- Estrés: no acepto que las cosas puedan salir de otra manera y solo doy lo que puedo. 

- Miedo: no acepto la posibilidad de perder lo que tengo o de no lograr lo que quiero. 

- Celos: no acepto que no soy dueño de nadie y que solo el amor puede unirnos. 

- Culpa: no acepto que yo no tengo la culpa de las experiencias de los demás. 

- Enfermedad: no acepto que el problema no está en mi cuerpo sino en mi mente. 


PARA  VER  LA  REALIDAD  NECESITO  VERLA  NEUTRA. 


Consejos para hacer fotos al amanecer - Haciendofotos.com


SÓLO ENFRENTAMOS SITUACIONES QUE NO HEMOS 

 NI COMPRENDIDO NI ACEPTADO PREVIAMENTE. 




¿Cómo sabes que ya comprendiste algo? 

- Porque lo puedes aceptar con felicidad y porque te sientes en paz. 

- aquel que comprende, acepta y obedece la voluntad del padre (las leyes universales), se libera definitivamente de todo sufrimiento, ya nada más tiene que aprender del sufrimiento. 



¿Cómo sabes que ya aceptaste algo? 

PORQUE YA NO TE SUCEDE O DESAPARECE DE TU VIDA. Ya no tienes nada más que aprender de ese suceso.




martes, 5 de mayo de 2020

Relaciones


Por qué el SOL es AMARILLO: explicación sencilla para niños

Por muy iluminado o despierto que estés, o libre de quien piensas que eres, por mucho que te aferres a la imagen de ti mismo de persona «libre de ego», «libre de búsqueda» o «totalmente liberada y en paz», en las relaciones íntimas tendrás por fuerza un encuentro cara a cara con esas olas de experiencia que no aceptas, que no amas.
Suele decirse que la relación es solo un espejo en el que te ves a ti mismo.

Incluso el individuo más «iluminado» puede seguir experimentando conflicto en sus relaciones personales más íntimas.
¿Significa esto que no está de verdad iluminado, o tal vez que debemos revisar la idea que tenemos de lo que significa estar iluminado? 
 Nada como las relaciones puede hacerte despertar a quien realmente eres, de eso no hay duda.

 Cuando nos damos cuenta de que las relaciones íntimas siempre van a hacer que afloren las olas que hemos rechazado, las olas que no amamos, una respuesta posible sería decir: «No quiero experimentar esas olas. ¡Voy a evitar por completo todo tipo de relación! Voy a hacerme asceta espiritual; me voy a ir a vivir a una cueva de algún lugar lejano y a mantenerme apartado de la gente. Voy a hacerme célibe, a reprimir los sentimientos más íntimos; voy a desconectarme del resto de la gente, porque la gente me hace sufrir, y no quiero sufrir».

 Lo que sucede es que evitar la relación se convierte en realidad en otro tipo de relación: una en la que te aíslas de los demás, probablemente porque no quieres que te hagan enfrentarte a esos aspectos de ti mismo que no has permitido y aceptado en tu vida. Pero la relación no-relación es, qué duda cabe, una relación. Es una postura que adoptas ante los demás, una manera de relacionarte con ellos que probablemente nazca del miedo al rechazo.
 Así que, al final, las relaciones no se pueden evitar. Siempre te relacionas con los demás y con el mundo, tanto si te gusta como si no. Siempre estás vinculado con todo: el sol, el mar, los árboles, el cielo, los animales, los pensamientos, los sentimientos, los sonidos, los olores, las sillas, las mesas, otras personas... Eres el mundo, y el mundo eres tú, como decía Krishnamurti. Eres la nada que permite que todo sea.

El final de la búsqueda no es un desapego frío e inhumano de la vida, de los demás, de las relaciones, aunque esta pueda ser una etapa por la que alguna gente pasa en su viaje. El final de la búsqueda es la posibilidad de tener auténticas relaciones humanas, reales, despiadadamente sinceras, porque, cuando no hay búsqueda, cuando ya no esperas que otro ser humano te complete, cuando ya no necesitas manipular a los demás en beneficio propio, cuando ya no ves separación, eres libre por fin de poder escuchar de verdad a los demás, de encontrarte de verdad con ellos exactamente donde están, de ver, oír y entender realmente quién y qué está delante de ti.

 El final de la búsqueda abre un inmenso espacio donde puedes ser de verdad honesto en tus relaciones, y ya no tienes necesidad de esconderte detrás de conceptos espirituales como «no hay un yo» o «las relaciones son una ilusión»..., ni detrás de ningún concepto. Todos los conceptos se convierten en cenizas en la hoguera de la vida real, en los altos hornos de la intimidad.

 Cuando reconoces quién eres realmente, eres libre de amar de verdad a la persona que tienes delante, sin miedo, sin tener que estar jamás a la defensiva. Descubres entonces que el amor es en verdad incondicional por naturaleza.

Todas las preciosas percepciones espirituales que tiene el buscador sobre la completitud y la no existencia son magníficas, pero si esas percepciones no se extienden hasta penetrar en las partes más íntimas de nuestra vida, si no llegan hasta lo más profundo de nuestra experiencia personal, si no conducen a la extinción de la búsqueda en todas sus manifestaciones, seguirán siendo meras palabras.

Creer que no tienes un yo o que no eres «nadie» o que todo es Unidad está muy bien, pero ¿qué sucede con esas percepciones cuando tu pareja, tu hijo, tu hija, tu madre o tu padre empiezan a llorar porque se sienten heridos por algo que acabas de decir?
¿No les haces ni caso, porque «están perdidos en un relato dualista»?
¿Les pides que te dejen solo, porque «no hay nadie aquí»?
 ¿Les dices que lo que han de hacer es iluminarse, como tú, y entonces ya no sufrirán?
 ¿Te retiras y los obligas a que se vayan a algún sitio a meditar, a indagar en sí mismos, a trabajar consigo mismos hasta que se calmen y lo vean todo con claridad?
¿Les das una conferencia sobre cómo no existe ninguna relación y si piensan lo contrario, es porque «todavía tienen un ego»?
 ¿O estás abierto —de verdad abierto— a escuchar lo que tengan que decir y a encontrar la más profunda aceptación en tu propia experiencia mientras escuchas?

Cuando ya no buscas nada de ellos, cuando no hay una imagen que defender, cuando te reconoces como espacio abierto, ¿acaso no hay espacio para escuchar sin más?
¿No hay espacio para ver el mundo a través de sus ojos, para descubrir en qué sentido lo que dicen puede ser verdad, para encontrar el lugar donde realmente la otra persona y tú veáis lo mismo?
¿Y no hay también espacio para ser de verdad sincero sobre cómo te sientes en respuesta y para permitirles dar su propia respuesta a eso, incluso aunque no sea la que tú habrías esperado..., incluso aunque dé al traste con tus sueños, tus esperanzas y tus planes, incluso aunque destruya tu preciosa imagen de ti, la que has estado protegiendo toda tu vida?
¿Es posible permanecer abierto, pase lo que pase?

J. Foster

jueves, 16 de abril de 2020

La vida


· La vida te decepciona para que dejes de vivir con ilusiones y veas la realidad. 

· La vida destruye todo lo superfluo para que quede solamente lo importante. 

· La vida no te deja en paz, para que dejes de culparte y aceptes todo como “es”. 

· La vida va a retirar lo que tienes, hasta que dejes de quejarte y empieces a agradecer. 

· La vida envía personas conflictivas para curarte, para que dejes de mirar hacia fuera y empieces a reflejar lo que eres por dentro

· La vida te permite caer de nuevo y de nuevo, hasta que decidas aprender la lección. 

· La vida te quita del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejes de querer controlar todo y fluyas como un río. 

· La vida pone a tus enemigos en la carretera, hasta que dejes de "reaccionar". La vida te asusta y te asustará cuantas veces sea necesario, hasta que pierdas el miedo y recuperes tu fe. 

· La vida te distancia de las personas que amas, hasta que entiendas que no somos ese cuerpo, sino el alma que contiene. 

· La vida se ríe de ti muchas y muchas veces, hasta que dejes de tomar todo tan en serio y puedas reírte de ti mismo. 

· La vida te rompe en tantas partes cuantas sean necesarias, para que la luz penetre en ti. 

· La vida te enfrenta a los rebeldes, hasta que dejes de tratar de controlar. 

· La vida repite el mismo mensaje, si es necesario con gritos y tapas, hasta que finalmente lo escuches. 

· La vida envía rayos y tormentas, para despertar. 

· La vida te humilla y a veces te derrota de nuevo y de nuevo hasta que decidas dejar que tu ego muera. 

· La vida te niega bienes y grandeza hasta que dejes de querer bienes y grandeza y comiences a servir. 

· La vida corta tus alas y poda tus raíces, hasta que no necesites alas ni raíces, sólo desaparezcas en las formas y tu ser vuele. 

· La vida te niega milagros, hasta que entiendas que todo es un milagro. 

· La vida acorta tu tiempo, para que te apures en aprender a vivir. 

· La vida te ridiculiza hasta que te hagas nada, nadie, para que entonces te convierta en todo. 

· La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar

· La vida te lastima y te atormenta hasta que sueltes tus caprichos y berrinches y aprecies la respiración. 

· La vida te esconde tesoros hasta que aprendas a salir a la vida y buscarlos. 

· La vida te niega a Dios, hasta que lo veas en todos y en todo. 

· La vida te despierta, te poda, te rompe, te decepciona... pero créeme, eso es para que tu mejor yo se manifieste... hasta que sólo el amor permanezca en ti"

(BertHellinger, 1925-2019)


martes, 7 de abril de 2020

Soltar


El soltar es una maniobra interna tan potente, que merece la pena ser investigada. 

Soltar significa simplemente lo que dice. Se trata de una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva, o un deseo determinados. 

Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que estos se van desplegando. 

Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos, de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. 

Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando. 

Pero no es solo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. 

Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. 

Para ser transparentes, debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena. 

Soltar solo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados, si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. 

En esos momentos difíciles en que nos hemos quedado enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuando nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos, o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio. 

La calma, la visión profunda y la sabiduría, surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. 

Esta es una afirmación verificable. Compruébala por ti mismo, si soltar cuando una parte de ti quiere realmente aferrarse no te proporciona una satisfacción más profunda que agarrar. 

Jon Kabbat Zinn

www.centroelim.org



domingo, 22 de marzo de 2020

Soltar

Resultado de imagen de soltar

El soltar es una maniobra interna tan potente, que merece la pena ser investigada. 

Soltar significa simplemente lo que dice. Se trata de una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva, o un deseo determinados. 

Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que estos se van desplegando. 

Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos, de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. 

Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando. 

Pero no es solo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. 

Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. 

Para ser transparentes, debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena. 

Soltar solo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados, si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. 

En esos momentos difíciles en que nos hemos quedado enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuando nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos, o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio. 

La calma, la visión profunda y la sabiduría, surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. 

Esta es una afirmación verificable. Compruébala por ti mismo, si soltar cuando una parte de ti quiere realmente aferrarse no te proporciona una satisfacción más profunda que agarrar. 

Jon Kabbat Zinn