SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

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La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

lunes, 27 de abril de 2026

Felicidad



En nuestra cultura occidental, se pretende que la persona esté feliz todo el tiempo y que tiene que sentirse alegre y optimista, con cara sonriente y si no sentimos este tipo de felicidad, pareciera que algo anda mal, que somos inadecuados.

Hemos de aceptar que en nuestra vida habrá diversas experiencias, agradables, desagradables y otras neutras. 
Es normal y frecuente que la gente no tenga lo que quiera, que tenga lo que no quiere, que esté alejada de personas que quiere, y cerca de otras que no le gustan… además, todo es cambiante, lo que apreciamos, cambia, desde nuestros seres queridos y nosotros mismos. Y en ello no hay nada personal, le pasa a todo el mundo en todas las razas y culturas.

Al tomar consciencia de todo esto, la experiencia desagradable pierde su fuerza, o se hace más llevadera, ya que somos conscientes que todo es dinámico y cambia, que pasará… que los momentos de dolor se intercalan con momentos agradables y neutros.

Agudizar el poder de observación, detectando sensaciones sutiles en el cuerpo, observando pensamientos, lo que pasa por la mente cuando está la sensación desagradable… esta observación hace que se incremente el nivel de felicidad interior.

Distingamos entre felicidad eudaimónica y el placer hedónico.
La felicidad eudaimónica, se suele comprender como el florecimiento humano, y apunta a un tipo más profundo de felicidad que nace del amor, la generosidad y de acciones virtuosas. De ella surge el equilibrio emocional y la fortaleza de aceptar hasta las situaciones más difíciles y adaptarse a ellas. 
Es la felicidad que podemos cultivar mediante las prácticas mindfulness, la autocompasión, el agradecimiento, la felicidad sin causa, que implica abrazar la vida como un todo y no solo como una pequeña parte de ella, una felicidad que no depende de las circunstancias externas.

Cuando conseguimos obtener un deseo, sentimos el cese del dolor de no obtenerlo y la satisfacción de haberlo obtenido, si nos identificamos con el alivio que produce el fin del deseo, pensamos que el sentimiento agradable provino de la consecución del deseo.
Para poder percibir el alivio que se produce cuando cesa el dolor del deseo, se requiere una mente muy tranquila y concentrada, capaz de observar el deseo, tolerar la incomodidad que genera y ver qué ocurre cuando no se actúa sobre el de manera inmediata.
 El cultivo de esta capacidad, genera una gran fuerza y da muchísima libertad.

Cuando meditamos pueden surgir sensaciones incómodas, emociones incómodas como también placenteras, solo es respirar y observarlas, sin modificar nada… la conciencia es lo suficientemente grande como para sostener todas las emociones, todos los pensamientos y todas las sensaciones físicas.

La respiración es un ancla al momento presente y para conectarnos con la dimensión espaciosa de la conciencia.


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