SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

viernes, 26 de abril de 2019

La importancia del sistema de creencias en nuestra vida


Características de las creencias

Las creencias actúan como filtros

Filtros que tenemos entre el mundo y nuestra comprensión del mundo, orienta nuestra atención y limita nuestra percepción de los estímulos que provienen del medio ambiente, hace que seleccionemos las informaciones.

Continuamente estamos recibiendo estímulos, tanto del mundo exterior como del mundo interior (corporal y psicológico) esto desborda nuestra capacidad neurocognitiva de procesamiento de la información, por ello debemos seleccionar las informaciones, retener unas y eliminar otras.

Estos procesos ocurren de manera muy rápida y automática. La selección de estímulos, ocurre en función de las motivaciones, no solo comprendemos, interpretamos o probamos las cosas de maneras diferentes, sino que también, en el plano sensorial perceptivo, no percibimos las mismas cosas; ej. vamos a un grupo, y unos lo perciben como cálido, otro dirá que se sintió rechazado, etc., según las necesidades de cada quien se vean satisfechas o no.

Omitimos lo que nos perturba, nos contradice, o no encaja con nuestras creencias.

La selección de información no se realiza por azar, ni por saturación de nuestras capacidades neurocognitivas, sino que responde a todo un mundo de representaciones, de motivaciones, de intenciones, de valores, y de deseos.

Ej. una persona depresiva, enuncia una serie de creencias negativas en relación consigo misma (Beck), con el mundo y con el futuro, y retiene la información que refuerza sus creencias, que es una persona que no vale, que los hombres son unos mentirosos, que es una mala madre, que el mundo es vacío, duro, hostil, que nunca saldrá adelante, que se siente vacía, y las creencias que desmienten sus conclusiones, son apartadas del campo de la conciencia o bien son deformadas.

Ej. si supere ese examen es porque era muy fácil, o justo me cayeron preguntas que sabía, etc..


Las creencias actúan como estabilizador

son como una guía que dan sentido a nuestras experiencias, nuestra vida, estableciendo una coherencia en el mundo que nos rodea y en nuestro mundo interno. El hecho de eliminar informaciones nos permite reducir las divergencias y mantenernos en la ilusión de contar con una comprensión del mundo lo bastante sólida para poder descansar en esta con tranquilidad, es una cuestión de equilibrio y estabilidad.

Ej. una mujer cree que todos los hombres son mentirosos, y dice prefiero creer eso y desconfiar, que ser confiada y que un día me mientan, eso sería muy doloroso para mí, no podría soportarlo una vez más…en principio, la creencia tiene un sentido y una utilidad vital, pero a la vez la vuelve más rígida.


Las creencias actúan como una profecía

son autovalidantes, se verifican a sí mismas, y no están dispuestas a ponerse en duda, el objetivo de las creencias es probar lo que afirman, actúan como profecía autocumplida.

Ej. dos hombres, un cree que el mundo es receptivo y el otro que es peligroso, un coche se abalanza hacia ellos y se detiene a último momento, el primero dirá que suerte, no tuvimos un accidente; el segundo, ves cómo el mundo es peligroso!. El acontecimiento es el mismo, la interpretación es diferente.

Esto se asemeja a un principio descubierto hace mucho tiempo por el medico Emilio Coue, quien exploró los caminos al inconsciente y descubrió el poder la sugestión y la imaginación (el subconsciente). Este poder es mucho más potente que la voluntad y cuando hay conflicto entre la voluntad y la imaginación, gana la última.

Coue enuncio un principio fundamental del funcionamiento psíquico que dice que:

“todo pensamiento que generamos, tiende a convertirse en realidad”

Aquí no se trata de los pensamientos racionales, lógicos del consciente, sino de pensamientos del inconsciente (cargados de emoción):

creencias, representaciones.…si creemos que algo es difícil, lo será, si creemos que podemos, podremos…

al cambiar la creencia, las cosas cambian o las vemos diferentes.


Baudoin, discípulo de Couen formula la “ley de la finalidad del inconsciente”, dice que:

si el subconsciente (la imaginación) ha comprendido y aceptado la necesidad de un cambio, cualquiera sea esta, va a poner en marcha los medios necesarios para lograrlo, y hace uso de mucha imaginación..

Ej. si el subconsciente integra la sugestión de una curación física, pondrá en marcha los procesos orgánicos para esa curación.

No es necesario que la persona sea consciente de los detalles de lo que va a suceder, ya que el inconsciente lo sabe, hace su trabajo, moviliza la energía, etc…

Cuando hay dudas no hay resultados, si digo intentare, es que hay dudas, diferente a decir yo lograre superar tal cosa…


La creencia existe sin noción de verificación, o de validación

el adherirse internamente a ella, es suficiente, no necesita que la validen y si se presenta la validación, no interesa, la creencia carece de lógica racional o científica.

Toda verificación de una creencia limitante es subjetiva: yo siento eso y entonces es verdad. Interpretamos las situaciones en función de nuestras creencias, no en función de elementos objetivos.

Los valores, creencias, motivaciones, intervienen en la elaboración de nuestra interpretación del mundo, la percepción de lo real está sometida a la prioridad de la imaginación.


La creencia ocupa el lugar de la realidad

lo que preocupa al ser humano no son las cosas, sino las opiniones que tiene. No reaccionamos ante los otros, o ante los acontecimientos, sino que los interpretamos, reaccionamos a los movimientos psíquicos compuestos de pensamientos y emociones.

Nuestras creencias nos condicionan y nos hacen dependientes del ambiente, enmascaran nuestra libertad de ser lo que en realidad somos, están ligadas a la manera en que utilizamos nuestro pensamiento- de modo inconsciente, por ello vivimos en un mundo virtual, que no se corresponde a la realidad tal como es, sino a lo que quisiéramos que fuera o que no fuera, como la interpretamos.

Esto es la base de nuestro malestar, nuestras crisis, nuestras patologías, e insatisfacciones crónicas.

Lo que te irrita no es la persona sino tu opinión hacia la persona, su comportamiento, es tu interpretación…


Una creencia no reconoce su naturaleza de creencia

nos conducen fuera del campo de nuestra voluntad consciente, la creencia es una verdad tan evidente como banal para la persona.

El ser humano se piensa en función de sus creencias, se convierte en su objeto y pierde gran cantidad de energía a su servicio, nos pasamos gran parte la vida siendo esclavos de algo desconocido, sin siquiera buscar conocerlo y liberarnos de ello.

Para poder liberarnos de las creencias tenemos que conocerlas y reconocerlas, debido a que una creencia es una evidencia que no se pone en duda, no se la interroga.


Toda creencia tiene una función positiva, un beneficio

generalmente podemos ver los impedimentos, las limitaciones de creer algo, y somos inconscientes de sus beneficios. Todos los síntomas de conducta, de las relaciones o psíquicos, contienen en sus raíces una “intención positiva” para la persona o para el sistema. 
Implementamos creencias para no estar en contacto con experiencias desagradables, en las cuales hemos estado privados de lo positivo o hemos estado en contacto con demasiadas cosas negativas.

Las redes de creencias tienen así, una función de protección, o defensa para prevenir cualquier nueva experiencia negativa.

La creencia se implementa en un contexto en el cual cumple una función, en el que constituye una respuesta de adaptación al ambiente. Luego se generaliza, y el contacto con el contexto real se pierde.

Las creencias no son ni buenas ni malas, participan en la coherencia y estructuración de la persona, por ello, hay que abordarlas con precaución y delicadeza.



¿Quieres aprender más sobre las creencias?

¿Cómo se programan? ¿Cómo nos afectan más de lo que imaginamos y dirigen nuestra vida cuando no son observadas y cambiadas?

¿Cómo mueven estados emocionales que se traducen en sustancias químicas en cada célula del cuerpo, afectando la salud?

¿Cómo afectan en la interpretación de los acontecimientos, influyendo en la calidad de las relaciones?

¿Cómo hacer para cambiarlas?

¿Quieres romper los hábitos tóxicos y crear nuevos hábitos saludables en todos los niveles?....





miércoles, 27 de marzo de 2019

Curando al niño herido que hay en tu interior (Thich Nhat Hanh)


Muchos de nosotros tenemos aún un niño herido viviendo en nuestro interior. Quizá las heridas nos las hayan producido nuestro padre o nuestra madre. O tal vez a nuestro padre le hirieran de niño. A nuestra madre también pueden haberla herido cuando era niña.

Como no supieron curar las heridas de su infancia, nos las han transmitido. Si nosotros no sabemos transformar y curar las heridas que hay en nosotros, las vamos a transmitir a nuestros hijos y nietos. Por eso hemos de volver al niño herido que hay en nosotros y ayudarle a curarse.

A veces el niño herido que hay en nosotros necesita nuestra atención. Ese niño pequeño puede aflorar de las profundidades de nuestra conciencia y pedir nuestra atención. Si eres consciente, puedes oír su voz pidiendo ayuda. En ese momento, en lugar de contemplar un bello amanecer, vuelve a ti mismo y abraza tiernamente al niño herido que hay en ti.

«Inspirando, vuelvo con el niño herido que hay en mí; espirando, cuido muy bien de mi niño herido.»

Para cuidar de nosotros mismos, debemos volver y cuidar del niño herido que hay en nuestro interior. Has de practicar cada día el volver a tu niño herido. Debes abrazarlo tiernamente, como si fueras un hermano o una hermana mayor. Has de hablarle. Y también puedes escribir una carta al niño pequeño que hay en ti, de dos o tres páginas, para decir que reconoces su presencia y que harás todo lo posible para curar sus heridas.

Cuando hablamos de escuchar con compasión, normalmente creemos que se refiere a escuchar a otra persona. Pero también debemos escuchar al niño herido que hay en nuestro interior. Está en nosotros aquí, en el momento presente. Y podemos curarlo ahora mismo.

«Mi querido niño herido, estoy aquí por ti, listo para escucharte. Por favor, cuéntame tu sufrimiento, muéstrame todo tu dolor. Estoy aquí, escuchándote de veras.»

Y si sabes volver a él, escucharle cada día durante cinco o diez minutos, la curación tendrá lugar. Cuando subas una bella montaña invita al niño que hay dentro de ti a subir contigo. Cuando contemples una hermosa puesta de sol, invítale a disfrutarla contigo.

Si lo haces durante algunas semanas o meses, el niño herido que hay en ti se curará. La plena conciencia es la energía que puede ayudarnos a hacerlo.





www.centroelim.org




domingo, 24 de febrero de 2019

La causa raíz de nuestro sufrimiento (texto de Jeff Foster)



A mi entender, todos nuestros problemas, todo nuestro sufrimiento y nuestros conflictos, tanto personales como globales, se derivan de un problema básico: la ignorancia de quiénes somos realmente.

Hemos olvidado que somos inseparables de la vida y, como consecuencia, hemos empezado a temerla, y ese miedo nos ha hecho entrar en guerra con ella de maneras diversas.

Hemos empleado nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras emociones y nuestros cuerpos para combatir lo único real, que es el momento presente. Y al intentar protegernos del dolor, el miedo, la tristeza, el malestar, el fracaso..., de todas aquellas partes de la vida que se nos ha condicionado a creer que son malas, negativas, tétricas o peligrosas, hemos dejado de estar verdaderamente vivos.

La armadura que nos hemos puesto para protegernos de una plena experiencia de la vida se llama «yo individual»; pero en realidad no nos protege de nada, solo nos mantiene cómodamente anestesiados.

El despertar espiritual —el darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser — es la respuesta a este problema básico de la humanidad.

Hoy en día existen innumerables libros sobre el tema, y al parecer se descubren constantemente enseñanzas antiguas a las que hasta hace muy poco solo había tenido acceso una minoría selecta. Pero cuidado, porque también aquí hay trampa: la espiritualidad puede convertirse fácilmente en una capa más de nuestra armadura y, en vez de favorecer nuestra apertura a la vida, desconectarnos todavía más.

Muchos conceptos y tópicos espirituales como «el yo no existe», «este no es mi cuerpo» o «la dualidad es pura ilusión» pueden no ser más que nuevas creencias a las que aferramos, nuevas maneras de eludir la vida y apartarnos del mundo que acaben generando un sufrimiento aún mayor, a nosotros y a nuestros seres queridos.

El despertar espiritual no tiene nada que ver con que estés más protegido; tiene que ver con que te des cuenta de que el ser que de verdad eres no necesita protección, de que el ser que de verdad eres es tan receptivo, tan libre, rebosa hasta tal punto de amor y profunda aceptación que permite que la vida en su totalidad penetre en él.

La vida no puede hacerte daño, puesto que eres la vida. Por lo tanto, el momento presente no es un enemigo al que debas temer, sino un querido amigo al que abrazar. Así es, la verdadera espiritualidad no refuerza la armadura con la que te proteges de la vida; la destruye.

El despertar espiritual es en realidad muy sencillo. Es el reconocimiento atemporal de quien eres realmente: la consciencia previa a la forma.

Ahora bien, vivir en la práctica ese reconocimiento en la vida diaria, sin olvidarlo, perderlo de vista totalmente o dejar que se suba a la cabeza..., ahí, ahí es donde empieza la verdadera aventura de la vida, y ahí es donde, al parecer, muchos de los que recorren el camino espiritual se debaten y entran en lucha, da igual que sean buscadores que maestros.

Una cosa es saber quién eres realmente cuando todo va sobre ruedas y tienes la sensación de que la vida te sonríe, y otra es recordarlo en momentos de máxima crispación, cuando todo se derrumba a tu alrededor, cuando las circunstancias te superan y se rompen los sueños.

En medio del dolor físico y emocional, de las adicciones, los conflictos de pareja y los fracasos mundanos y espirituales, solemos sentirnos menos despiertos que nunca, y más separados de la vida, de los demás y de quienes somos realmente. Los felices sueños de iluminación pueden evaporarse en un instante, y parecer que la aceptación se halle a millones de kilómetros de distancia.

Depende de nosotros interpretar la existencia humana de cada día, con sus complicaciones y su belleza, como algo que se ha de evitar, trascender o incluso aniquilar, o verla como lo que es realmente: un secreto y una constante invitación a despertar ahora, incluso aunque creamos que ya despertamos ayer. La vida, por su compasión infinita, no nos va a dejar dormirnos en los laureles.

Una profunda y confiada aceptación de cualquier cosa que la vida ponga en nuestro camino, no se trata de practicar una rendición pasiva ni un frío desapego, sino de emerger con creatividad adentrándonos en el misterio del momento. 
 Jeff Foster


viernes, 8 de febrero de 2019

Habitando felizmente el presente



Respirar y caminar con consciencia genera la energía del mindfulness. Esta energía hace que nuestra mente regrese a nuestro cuerpo a fin de habitar de veras el instante presente y así poder estar en contacto con las maravillas de la vida que hay en nuestro interior y que también nos rodean. Si podemos reconocer estas maravillas, la felicidad nos inundará de inmediato.

Plenamente disponibles para el momento presente, descubrimos que ya contamos con suficientes condiciones para ser felices; más que suficientes, en realidad. No tenemos que buscar nada más en el futuro o en otro lugar. Es lo que llamamos permanecer o habitar felizmente en el presente.

Buda enseñó que todos nosotros podemos vivir felizmente aquí y ahora. Cuando en el instante presente nos inunda la felicidad, podemos detenernos; no debemos correr en pos de otros objetos de deseo. Nuestra mente está tranquila.

Cuando nuestra mente aún no está en calma, cuando aún estamos agitados, no podemos ser realmente felices. Nuestra felicidad o falta de ella depende en gran medida del estado de nuestra mente, y no de nada externo. Es nuestra propia actitud, la forma en que observamos las cosas, nuestro modo de plantearnos la vida, lo que determina si somos felices o no.

Ya disponemos de muchas condiciones para ser felices, ¿por qué deberíamos buscar más? Tenemos que parar y dejar de perseguir otros señuelos: es el rumbo más sabio. De otro modo, no dejamos de perseguir uno u otro objetivo, pero cada vez que lo alcanzamos descubrimos que todavía no somos felices.

Un día, cuando Buda se disponía a hablar en el monasterio del bosquecillo Jeta, uno de sus discípulos laicos, Anathapindika, hombre de negocios, llevó a cientos de compañeros consigo para que escucharan su palabra. Buda les enseñó la práctica de habitar felizmente en el presente.
Evidentemente, podemos seguir haciendo negocios, podemos continuar aumentando nuestro éxito profesional, pero también deberíamos comprometernos a vivir con atención plena a fin de disfrutar el hecho de ser felices ahora y no desperdiciar las preciosas oportunidades que la vida nos ofrece para amar y cuidar a nuestros seres queridos y cercanos. Si malgastamos nuestro tiempo pensando en nuestros futuros éxitos, desperdiciaremos completamente la vida, porque la vida solo puede encontrarse en el instante presente.

Thich Nhat Hanh







lunes, 28 de enero de 2019

Un amor auténtico desde dentro



No esperes una razón para amar.


No esperes el cuerpo perfecto, o los pensamientos perfectos, o el compañero perfecto, o el éxito perfecto, o el momento perfecto.

No estás buscando la ‘vida perfecta’, sino el abrazo perfecto a esta vida imperfecta, el abrazo a la presencia misma, el amor incondicional de esta historia de ‘mí’ sin resolver que nunca parece ir como lo planeaste, por lo menos no por mucho tiempo.

¡A veces las cosas parecen ir de lo mejor! Estás manifestando espléndidamente, tu vibración es alta, tu sueño está intacto.

Luego, un visitante inesperado irrumpe. Algo falla y se sale de lo que estaba planeado. Llega un diagnóstico. Una certeza se hace añicos. Un tropiezo o una caída. Un viejo sentimiento regresa, un temor, una duda, una sensación de haber sido abandonado por algo que jamás debió abandonarte.

La narrativa de ‘mi vida maravillosa’ se convierte en aire. Y te quedas con la vida en carne viva, una vez más. Sin protección, una vez más. Sin respuestas, una vez más. Sentimientos de fracaso, vergüenza; sin saber cómo vivir.


¿Ninguna razón para amar?
¡No, una razón para amar aún más profundamente!

Para acogerte a ti mismo en un abrazo mucho más profundo.
Para ponerte cara a cara con el decepcionado, con el abandonado, con el avergonzado, con el que se le ha roto el corazón.

Para mantenerlos cerca de ti, en la calidez de la presencia.
Para estar aquí y escuchar el canto de los pájaros, para acariciar la mañana mientras va surgiendo.

Para sentir el porrazo y la presión y el jaleo de la vida, donde estás, como estás, sin esperar.




No te has abandonado a ti mismo. Y esto lo cambia todo, incluso mientras todo cambia. Eres sumamente estable, aquí en el ojo del huracán, inquebrantable mientras todo se viene abajo. 
Sé ese abrazo, nunca esperando amor, sino amando, incluso cuando te sientas rechazado o no amado.

Esto romperá el ciclo de abandono de una vez por todas. Y todo el dinero del mundo, todo el éxito, toda la fama, todas las respuestas, todas las ‘validaciones’ o ‘perfecciones’ externas no podrán tocar este amor divino.

Es tan puro, tan libre, tan auténtico. Es tú, ya no impulsado por el miedo.

Jeff Foster




jueves, 13 de diciembre de 2018

La importancia de cerrar ciclos

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Nuestra psique necesita “cerrar”, “concluir” cada acontecimiento psicológico, pues todo aquello que no cerramos, que no damos por concluido, se mantiene como una carga energética, psíquica, que nos afecta en nuestra vida diaria, el inconsciente necesita elaborar ese dolor no trascendido.

Continuamente estamos experimentando situaciones que no terminamos de digerir, ej. duelos que no hemos sabido como afrontar, cosas importantes que no expresamos en su momento, cosas que no hemos devuelto, a veces no hemos ofrecido disculpas por situaciones donde agraviamos al otro, enojos que nos guardamos por el modelo social de “ser educados, o buenos”, a veces es necesario gestionar el perdón y no solo hacia otros, sino también hacia nosotros mismos, gran variedad de acontecimientos traumáticos, que han quedado cortados, sin resolver, relaciones que cerramos de manera drástica, etc., y nos creemos que esto ya pasó y que no nos afecta, que el tiempo los borrará, pero el tiempo sólo no es suficiente , en el inconsciente no existe el tiempo, y lo que padecimos a edades tempranas sigue está ahí como un presente vivo, que atrae situaciones con la misma carga emocional y energética, para que la resolvamos, integremos.

Creemos ilusoriamente que si no pensamos en ello,  esos acontecimientos se borran; pero no es así, lo que no he resuelto, está allí para resolverse, está tiñendo el presente y sale como impulsos, reacciones inconscientes, exageradas a veces ante la situación actual, es la sombra que se expresa…esas partes negadas, reprimidas que intentamos no dejar salir…pero se escapan por las rendijas del inconsciente…

El inconsciente tiene sus propios mecanismos para “digerir” situaciones difíciles, a igual que cuando comemos un alimento que nos sienta mal, el estómago tiene sus mecanismos para eliminarlo;  a veces necesitamos ayudarlo a hacer esa “digestión psicológica”, expresando nuestro sentir a la persona implicada, o bien escribiendo una carta donde comunicar nuestras emociones (sin enviarla), expresando sanamente las emociones, no huyendo de lo que sentimos, siendo auténticos con nosotros mismos,  hay muchas maneras de poder ayudar a nuestro inconsciente a elaborar estas situaciones inconclusas.

Tengamos en cuenta,  que nuestro inconsciente también dispone de una parte “sabia” y tiene una función reparadora, medicatriz, como la llamaba Hipócrates; el organismo sabe perfectamente como recuperar una quebradura del un hueso, sabe como regenerar un tejido dañado, etc., de la misma manera ocurre a nivel psicológico. 



Te acompaño en el proceso


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                         Juana Ma. Martínez Camacho
                                       Terapeuta Transpersonal
                                (Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
                             Especialista en Bioneuroemoción
                               (Instituto Español de Bioneuroemoción)
                             Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                               (Cellular Memory Release)
Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
Transpersonal Anatheóresis Madrid
              

                             www.centroelim.org           Telf.  653-936-074

Autodependencia- Autopermisos

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Reflexionando con Jorge Bucay


Autopermisos (Virginia Satir)

1/ Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy, en lugar de creer que debo esperar que otro determine dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2/ Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento, en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3/ Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso y también el derecho de decirlo, si quiero, o de callármelo, si es que así me conviene.

4/ Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5/ Me concedo a mí mismo el permiso de buscar lo que yo creo que necesito del mundo, en lugar de esperar que alguien más me dé el permiso para obtenerlo.


Estos permisos me permiten ser auténticamente quien soy. 

Ser autodependiente significa ser auténticamente el que soy, actuar auténticamente como actúo, sentir auténticamente lo que siento, correr los riesgos que auténticamente quiera correr, hacerme responsable de todo eso y, por supuesto, salir a buscar lo que yo auténticamente crea que necesito sin esperar que los otros se ocupen de esto. 

Nada de dejar que los riesgos los corran otros para hacer lo que yo quiero.

Nada de correr riesgos que otros quieren que corra.

Nada de delegar responsabilidades.

Pero atención, ninguno de estos permisos incluye mi derecho a que otro sea como yo quiero, a que otro sienta como yo siento, a que otro piense lo que a mí me conviene, a que otro no corra ningún riesgo porque yo no quiero que lo corra, o a que otro me pida permiso para tener lo que necesita.

Estos permisos no pueden incluir el deseo de que el otro no sea una persona, la intención de esclavizar a otro. Porque mi autodependencia irremediablemente me compromete a defender la tuya y la de todos.


¿Qué pasa con nosotros que cuando amamos creemos que el otro tiene que ser como yo me lo imagino, tiene que sentir por mí lo que yo siento por él, tiene que pensar en mí tanto como yo quiero, no tiene que correr riesgos que amenacen la relación y tiene que pedirme a mí lo que él quiere para que sea yo quien se lo alcance? 

Esta es nuestra fantasía del amor, pero este amor esclavizante, mezquino y cruel no es un amor entre adultos.

El amor entre adultos transita y promueve este espacio de autodependencia en el otro, tal como aquí se plantea. 

El amor concede, empuja, fomenta que aquellos a quienes yo amo transiten también espacios cada vez menos dependientes. 


Este es el verdadero amor, el amor para el otro, este amor que no es para mí sino para vos, el amor que tiene que ver con la alegría de que existas.