SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

domingo, 23 de octubre de 2022

Trabajo interior: ¿Cómo hacer el cambio interno? (M. Brown)

 

En el mundo en que vivimos actualmente, si no estamos satisfechos con la calidad de nuestra experiencia, lo más probable es que intentemos hacer cambios en nuestra vida operando sobre las circunstancias físicas externas. Esto se debe a que el aspecto físico externo de nuestra experiencia es el más tangible y el de más fácil acceso. 

Sin embargo, aunque podamos hacer un cambio relativamente rápido en nuestras circunstancias físicas, estos cambios no perduran, debido a que los aspectos físicos de nuestras circunstancias son siempre efectos, y no causas.

 Por otra parte, el cambio es una constante en la naturaleza de nuestra experiencia física, de manera que cualquier cosa que cambiemos físicamente volverá a cambiar de nuevo, inevitablemente, con el transcurso del tiempo. 

Podemos utilizar la fuerza para cambiar algo rápidamente en nuestro mundo físico, pero esto significa que tendremos que invertir una gran cantidad de energía para mantener el cambio en esas condiciones. Por tanto, para hacer cambios físicos y mantenerlos, con la intención de alterar la calidad de nuestra experiencia vital, vamos a tener que controlar y sedar nuestras circunstancias. Tales cambios requieren de la aplicación constante de energía para que el cambio se mantenga. Y ésta es una tarea imposible.

También podemos intentar cambiar la calidad de nuestra experiencia vital mentalmente, cambiando nuestros pensamientos acerca de las cosas. Los cursos de pensamiento positivo aspiran a lograr este objetivo. 
El cambiar el enfoque mental acerca de algo llevará con el tiempo a un ajuste en la calidad de la experiencia vital que estamos teniendo. Sin embargo, nos llevará más tiempo ver los efectos que los cambios mentales producen en el mundo físico que lo que precisaríamos desde un enfoque puramente físico. 
Los cambios dirigidos desde la mente perduran algo más, siempre y cuando no cambiemos de nuevo nuestros pensamientos. Pero nuestra capacidad para cambiar la calidad de nuestra experiencia vital a través de cambios mentales tiene un alcance y una duración ciertamente inconsistentes, porque este enfoque tiene que defender sus logros constantemente ante la naturaleza y los contenidos de nuestros procesos de pensamiento inconscientes.

En realidad, sólo sabemos lo que pasa con nuestros procesos de pensamiento inconscientes cuando observamos las circunstancias que manifestamos en nuestro campo de experiencia que resultan contradictorias con nuestros intentos de «pensar en positivo». 

El mero hecho de que cambiemos conscientemente nuestra manera de pensar acerca de las circunstancias no significa que vayamos automáticamente a sentirlas de otra manera. Por tanto, aun cuando un cambio consciente de nuestros pensamientos consiga eventualmente los ajustes necesarios en nuestras circunstancias físicas, hasta el punto de que realmente lleguemos a sentir de un modo diferente, por mucho control mental que apliquemos no vamos a poder alcanzar una sensación auténtica de paz.

                             

Los sentimientos inconscientes, y los procesos de pensamiento inconscientes que aquéllos alimentan, seguirán alterando nuestra paz mental.

Una experiencia de paz no es simplemente el resultado de un pensamiento positivo, a menos que vaya subrayado por un sentimiento. Los procesos de sentimiento y de pensamiento deben armonizarse estrechamente para que podamos alcanzar el estado del ser que pretendemos. 
Así pues, al igual que en los intentos por hacer cambios puramente físicos, la realización de cambios puramente mentales para ajustar la calidad de nuestras experiencias no deja de ser otra cosa que jugar con los efectos, y sigue sin dirigirse a las causas.

Afortunadamente, también disponemos de la opción de ir directamente a las raíces de nuestro malestar y de hacer ajustes causales, siempre y cuando realicemos cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional. 
Éste es el enfoque más complicado, pero es el único verdaderamente efectivo y gratificante. Aunque es complicado hacer cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional, tenemos que acercarnos a él de forma suave y regular; y, para ello, vamos a necesitar grandes dosis de compromiso y perseverancia.

Es como talar un enorme árbol. Tenemos que ir dando golpes con el hacha, uno tras otro, y habrá veces que el trabajo se nos antojará interminable. Puede dar la impresión de que no estamos consiguiendo nada. Pero luego, sin advertencia previa, oímos un crujido y, pocos segundos después, el árbol cae. Y, una vez está cayendo, ya no hay nada que lo detenga. Una vez está en el suelo, no lo podemos volver a poner en pie.

El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional funciona igual. Trabajamos con él de forma regular y, en ocasiones, da la impresión de que tanto trabajo no nos lleva a ninguna parte. Pero, de pronto, hay un cambio repentino y, cuando esto ocurre, ya no hay nada que lo detenga. 
Cuando este cambio interior ha tenido lugar, es literalmente imposible devolver el cuerpo emocional a su estado previo. Debido a la tendencia que tiene el cuerpo emocional a realizar cambios súbitos, la experiencia de cambio es potencialmente traumática, si no se realiza de forma consciente, suave y responsable. De ahí que no se recomiende zambullirse directamente en el cuerpo emocional para activar los cambios. Aquí, las palabras clave son suavidad., paciencia responsabilidad.

Los cambios en el cuerpo emocional, cuando se abordan responsablemente, se convierten en experiencias maravillosas, dado que llevan a un cambio inmediato en las percepciones; literalmente, vemos el mundo de otra manera a partir del momento en que se produce el cambio. 
Las consecuencias de este ajuste emocional se filtran posteriormente poco a poco, y se manifiestan en la calidad de nuestra experiencia mental y física. Y, cuando se da el cambio, es duradero, y no precisa de esfuerzos para mantenerlo. 
El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional nos abre la puerta a un nuevo mundo de experiencias sin tener que ir a ninguna parte. 
Es un proceso integrador.

Te acompaño en el proceso...




                                    Juana Ma. Martínez Camacho
  Terapeuta Transpersonal
                                     Terapeuta   Acompañante en Bioneuroemoción
                                       Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
                                      Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                                     Formación Internacional  en Psiconeuroinmunoendocrinología
              
                               www.centroelim.org               Telf.  653-936-074

                                      


viernes, 22 de abril de 2022

Confianza

 

“La confianza no es otra cosa que la sintonía con ese poder que mueve los átomos y las galaxias”. Ramayat

La confianza es un estado en el cual sentimos la certeza que estamos “protegidos”, que todo lo que nos haga falta para nuestra evolución lo obtendremos, que hay una inteligencia que mantiene la armonía en todo el universo, que todo está interconectado, de manera que nada es casual.

Cuando confiamos, estamos en sintonía con la inteligencia del universo, una inteligencia que podemos verla en todo, la vemos en la semilla que guarda un potencial y con los nutrientes de la tierra, el calor del sol y el agua, germina y crece hasta dar flores y frutos.

Podemos ver esa inteligencia en el mismo cuerpo humano, cuando nos hacemos una herida física, el organismo busca reparar, regenerar, cada célula sabe lo que tiene que hacer y se solidariza con las demás células trabajando en grupos; nuestro sistema nervioso vegetativo, no necesita de nuestro control para funcionar, nuestro corazón bombea sangre durante toda nuestra vida física, sin que tengamos que intervenir en ello, al igual que cada uno de los órganos sabe desempeñar sus funciones guiados por esta inteligencia que escapa a nuestro control, la respiración, aunque la podamos regular, influir en ella, ocurre espontáneamente por sí sola, y confiamos que así suceda….

Si observamos esa misma inteligencia, ese poder que mueve los átomos a nivel microcósmico y las galaxias a nivel macrocósmico, y que hace que la tierra gire alrededor del sol y que los planetas estén suspendidos en el espacio, es la misma inteligencia que organiza el ADN y que impulsa a los seres vivos a crecer, desarrollarse, reproducirse y transformarse; el meditar en esa inteligencia, el tomar conciencia de ella, nos permite vivir confiados.

La misma inteligencia que mantiene el equilibrio en la naturaleza, que nutre a los animales y a las plantas, es la misma que nos da lo que necesitamos si confiamos en ella.

Ese poder inteligente hace que ocurran acontecimientos sincrónicos, llenos de sentido para quien confía y aprende a ver …

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Centrarse para superar estados negativos

 

   ¿Te sientes con ansiedad, preocupación, tristeza, etc.?

Cuando te asalta un estado de ánimo que viene por pensamientos influidos por esquemas, patrones mentales, tiendes a buscar alternativas para salir rápidamente del estado. Quieres solucionarlo por medio del pensamiento, pero al ser el pensamiento mismo el que crea el estado, no puedes solucionarlo mientras estés atrapado en la mente.

Como dice Albert Einstein: 

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de consciencia en que se creó”.

 Si el problema surge de la mente, del pensar, debo “salirme” del pensamiento y despertar al observador, debo tomar consciencia, prestar atención.

El darse cuenta, la consciencia, tiene un gran poder curativo. El observar los mecanismos que hacen que adoptemos determinadas maneras de ser que no nos benefician, que nos invitan a estados emocionales insalubres; el darnos cuenta de los pensamientos, ideas, creencias, que dan origen al dolor y a tensiones, por viejas heridas irresueltas y que buscan salir a la superficie para ser “liquidadas”, ese darse cuenta, de por sí, es sanador, e invita a una profunda calma interior.

En Oriente, suelen afirmar que “un conflicto observado, es un conflicto resuelto”, este concepto se aplica también en psicología y, la física cuántica dice que el observador, modifica lo observado, si observamos una partícula subatómica, ésta se verá afectada en su carga y en su órbita, sólo por observarla.

La consciencia es el gran sanador.

El darse cuenta no tiene que ver con el pensar, es ir más allá del pensamiento, es observar el movimiento de la mente, es ser testigo de lo que está sucediendo en un plano superficial y pasajero.

El sólo hecho de darse cuenta de los programas mentales, nos lleva a la raíz de lo que ahora nos duele, nos preocupa, y nos permite hacer algo con ello, dejar de actuar mecánicamente, poder elegir pensamientos y acciones más saludables, saliendo del automatismo.

Se trata de despertar al testigo, a nuestra identidad Real, donde la dualidad no existe, desde donde surge el potencial que somos.

En la mente pensante, el ego, hay dualidad: bien/mal, placer/dolor, alegría/tristeza, etc., son como dos caras de una misma moneda, no podemos quedarnos con una sola cara y descartar la otra, es imposible; al igual, la mente dual, intenta aferrarse al placer, al bien, a la alegría, pretendiendo descartar el “mal, el dolor, la tristeza”, y no se da cuenta, que en ese plano no puede tener lo uno sin lo otro, que si tiene alegrías, tarde o temprano tendrá tristeza, que los estados son impermanentes, que hay que ir más allá de la mente, si uno busca trascender la dualidad, salir de la ilusión, debemos Aceptar la mente, las luces y las sombras de la personalidad e ir más allá, si queremos la plenitud, la comprensión, lo real.

Entonces: ¿te sientes ansioso, triste, desanimado.....?

CÉNTRATE, presta atención.


Hay una vieja anécdota sobre Bokuju, un maestro Zen:

Bokuju, vivía solo en una cueva. Durante el día, y a veces por la noche, decía en voz alta su propio nombre “Bokuju”, y luego se contestaba: “sí señor, aquí estoy” y no había nadie más.

Sus discípulos, que estaban muy intrigados, le preguntaban: ¿porqué te llamas a ti mismo “Bokuju”, tu propio nombre, y luego te contestas: “si señor, aquí estoy”.

A lo que el maestro Zen respondió: Cada vez que empiezo a pensar, tengo que recordar que debo estar alerta, entonces, pronuncio mi propio nombre “Bokuju” y me respondo “si señor, aquí estoy”, y el pensar con su carga de ansiedad, desaparece…

Al final de sus días, durante los últimos tres años, los discípulos advirtieron que el maestro dejó de pronunciar su nombre “Bokuju” y de responderse “si señor, aquí estoy”.

Un día, los discípulos le preguntaron:¿ maestro, porque no has vuelto a hacerlo?

Y el maestro respondió: es que ahora Bokuju siempre está ahí.

Esta historia, está tomada de The Book of Secrets, de Osho.


Cuando te sientas en un estado de ansiedad o cualquier estado “negativo”, puedes llamarte por tu nombre y responderte, verás una diferencia, ayuda a centrarte, la ansiedad desaparecerá, porque experimentarás que, más allá del estado, en un nivel más profundo y real, la ansiedad y cualquier otro estado, no existen, al ir al Ser, al centrarte, puedes observar el mecanismo y darte cuenta que eres muchísimo más que el estado de ansiedad, y que éste, como todo estado de la mente, es pasajero y efímero.
 Mientras estás en la mente, el querer salirte del estado, el resistirte a lo que te está pasando en el ahora, la falta de aceptación y querer solucionarlo rápidamente, no te da salida, te genera sufrimiento, porque estas todo tú en el estado, te conviertes en el estado, debes tomar distancia y observarlo, y para ello debes cambiar el nivel de consciencia, ir al observador, “salirte de la mente”, trascenderla; luego, podrás tomar las mejores decisiones y trabajar para “desinstalar” los patrones que ya no te sirven para una vida plena y en paz.

Namasté

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sábado, 26 de febrero de 2022

Derechos asertivos en las relaciones interpersonales


1-  Tienes derecho a sentir lo que sea que estés sintiendo y a decidir cómo actuar de acuerdo a lo que sientes. Nuestros sentimientos son sensores que nos avisan si algo es bueno o malo para nosotros y respetar esto e irlo entendiendo poco a poco como usarlo, como protegerte, como usar el enojo, como usar la tristeza, como usar la paz y el amor como indicadores de qué tan bien o mal hace un tipo de relación en tu vida, es importante.

2- Tienes derecho a cometer tus propios errores y a asumir las consecuencias y aprender de ellos.

3- Tienes derecho a ser el único juez de tus actos, tus sentimientos y tus motivaciones, de tus intenciones.

4- Tienes derecho a decir que no cuando así lo desees.

5- Tienes derecho a buscar y proteger tu bienestar.

6- Tienes derecho a no dar explicaciones o pretextos, ni razones o justificaciones de tu comportamiento, decisiones o acciones que tomas a nadie, si así lo decides.

7- Tienes derecho a decidir si quieres implicarte o no en los problemas de otras personas, y cómo y cuándo.

8- Tienes derecho a cambiar de opinión y de parecer ante lo que vaya cambiando en tu vida.

9- Tienes derecho a no saberlo todo, a decir no sé y a tomarte el tiempo que necesites si eso es algo que tú quieres aprender o entender más.

10- Tienes derecho a aceptar tus emociones y a tomar decisiones en base a ellas aunque pueda parecer ilógico.

11- Tienes derecho a preguntar si hay algo que no entiendes y a investigar si necesitas más información.

12- Tienes derecho a decidir en qué, con quién y cómo emplear tu tiempo.

13- Tienes derecho a decidir las prioridades en tu vida.

14- Tienes derecho a expresar en la vida, en alguna actividad o en alguna forma tus mejores talentos, la mejor versión de ti.

15- Tienes derecho a decidir con quién te relacionas.

16- Tienes derecho a dejar una relación si te hace daño.

17- Tienes derecho a pedir lo que necesitas.

18- Tienes derecho a comunicar cómo te sientes si así lo decides o a no comunicarlo, si así lo decides.


Cuando no respetamos estos derechos que son buenos para preservar nuestra vida, que son derechos esenciales de todo ser humano, nos empezamos a sentir incómodos, nuestra vida se ve lastimada en varias maneras y el cerebro y el cuerpo nos empiezan a enviar señales mediante sentimientos desagradables que nos lo avisan.


Las señales emocionales que nos están avisando que estamos cruzando nuestros propios límites son:

1- Empezamos a sentir más resentimiento, que se va incrementando cada vez más.

2- Nuestro enojo con nosotros mismos o con otras personas se va acumulando.

3- Cada vez estamos más ansiosos, inseguros y empezamos a pedir disculpas por muchas cosas.

4- Terminas haciendo cosas que no quieres, que te incomodan y no sientes por ellas ni satisfacción, ni alegría, esto va restando alegría en tu vida.

5- Terminas viviendo de maneras que no son las que tu decidiste y que no están en base ni a tus prioridades, ni a tus talentos ni a tus propias decisiones.

6- Terminas viviendo bastante más en torno a los valores de otras personas que a los tuyos propios, entonces te vuelves una persona más incongruente.

7- Antepones constantemente las necesidades de los demás a las tuyas, estas ansioso por ello y también estás insatisfecho, esto también le resta alegría a la vida.

8- Terminas incluso tomando decisiones hasta cómo pasas tu tiempo en base a las necesidades de otros y esto te quita alegría en la vida y te genera ansiedad.

9- Terminas compartiendo demasiado tiempo de tu vida con gente que no es la que te hace bien.

10- Te quedas en una relación a pesar que esa relación te está haciendo daño.

11- Regresas a una relación que te está haciendo daño.

12- Das mucho, recibes poco y esto genera resentimiento.

13- Los demás empiezan a tomar más de ti de lo que te dan y tú te empiezas a sentir empobrecido y en ocasiones resentido por esto.

14- Permites que sean otros quienes definen tus motivaciones, tus sentimientos, tus prioridades y cómo te defines como ser humano y entonces empiezas a sentir que ellos definen tu autoconcepto y tu autoestima.

15- Tienes más dificultad para pedir lo que realmente necesitas.

16- Empiezas a sentirte culpable por lo que otros sienten o piensan con respecto a ti, a tus acciones, a tus pensamientos o a las expectativas que ellos tenían con respecto a ti.

17- Te sientes al límite en lo emocional con demasiada frecuencia.

18- Cada vez te sientes más culpable o ansioso si tienes que decir que no.

19- Te cuesta separar tu autoconcepto o tu autoestima de lo que piensan otros de ti.

20- Te afecta mucho más cada vez la desaprobación de otros, sobre todo de personas significativas.

21- Empiezas a estar cada vez más involucrado en resolver problemas y cosas que son de otros y que ellos podrían resolver por ellos mismos.

22- Cada vez evitas más temas y conversaciones complicadas porque sabes que te van a poner en situaciones de mucho conflicto y eso a veces te estresa más que incluso renunciar a pedir lo que quieres o a decir lo que esperas, entonces tratas de evitar estos temas cada vez más y se van acumulando.

23- Terminas sintiendo que no te perteneces, algo de despersonalización siendo muy diferente a lo que tu hubieras decidido ser y haciendo cosas que son muy diferentes.


El sentirte bien contigo mismo depende de cómo te trates a ti mismo, en los hechos (lo que haces) o en como piensas de ti o en cómo te hablas a ti, a veces repitiendo las críticas o maltrato que otras personas hicieron en algún momento con nosotros, se trata de detectar, darse cuenta de ese diálogo interno tóxico, y detenernos, pararnos, no invalidarnos, no juzgarnos, no maltratarnos y de ser amables con nosotros mismos, así como lo harías con una persona que amas y que está atravesando una situación como la tuya, así como usas tu capacidad de amor hacia los demás, ahora la utilizas hacia a ti mismo.

Ana Sanchez




sábado, 5 de febrero de 2022

Gratitud y abundancia


Expresa gratitud

Ser agradecido por todo lo que la vida nos ofrece, es una tarea bastante difícil, muchas personas creen que tienen poco o nada que agradecer. Tomamos como obvias, muchas cosas, que en realidad son un regalo: el sol que nos proporciona calor, el aire que respiramos, las plantas y animales que nos alimentan, la vida misma, etc. 
Generalmente, el ser humano, sólo le da valor a las cosas cuando las pierde. 

“Hasta que el pozo no se seca, desconocemos el valor del agua”.

El significado no está en las cosas en sí, sino en la actitud que tenemos en relación con ellas. A veces nos quejamos por tener que trabajar, en vez de agradecer que tenemos un trabajo, o nos quejamos en tener que hacer quehaceres domésticos, en lugar de dar gracias por tener un hogar. 
Pedimos salud, en vez de agradecer que estamos vivos, reclamamos a nuestros padres, en vez de agradecer por haber nacido y que llevamos dentro nuestro más de ellos de lo que suponemos. Hay gente que se queja por no tener zapatos, mientras otros ni siquiera tienen pies. O nos quejamos porque llueve, en vez de agradecer que el agua limpia la polución y favorece la agricultura, etc.

La gratitud, nos conecta con el principio de la abundancia. Cuando nos sintonizamos con una actitud de gratitud y nos sentimos agradecidos por lo que recibimos, también por lo que somos y sabemos, comenzamos a atraer magnéticamente la abundancia.

En este planeta, no falta nada, es el sistema de distribución, el que no funciona adecuadamente por la codicia de los seres humanos y por nuestras ilusiones sobre la carencia.

Cuando agradecemos anticipadamente al universo lo que deseamos, reconocemos la existencia de eso que deseamos, con lo cual la postura correcta en la oración, no es la súplica, sino el agradecimiento, la confianza en que lo que necesitemos lo obtendremos, no sabemos que es lo mejor para nosotros, pero confiamos que todo tiene un sentido para nuestra evolución.

“ El agradecimiento nos sintoniza con el principio de la abundancia”

Namasté



sábado, 18 de septiembre de 2021

El Secreto del Rey


En el antiguo reino de Ezra vivía un joven humilde llamado Yuan, el rey que allí gobernaba era el monarca más rico de toda la tierra, y en su reino siempre había abundancia, justicia y prosperidad para todos.

Un día, Yuan se preguntó cuál sería el secreto de su rey para haber podido acumular tanta riqueza.

Decide preguntarle a su madre, que tenía fama de ser una mujer con mucho conocimiento y sabiduría; ella le cuenta que cuando el rey era un joven humilde, una vez se encontró con un sabio anciano que pasaba por el pueblo en donde él vivía, a quien le preguntó: Usted que ha recorrido toda la tierra puede decirme ¿Cuál es el tesoro más grande que existe?.

El sabio le respondió: "El tesoro más grande que existe es aquel que nunca se puede gastar”... y que hasta hoy el rey no le ha contado a nadie el resto del secreto.

Yuan siente que en su interior se despierta un gran interés por averiguar el resto del secreto, y para ello decide pedir una audiencia al rey. Después de mucho insistir y de una serie de entrevistas y explicaciones con diferentes funcionarios del gobierno, finalmente a Yuan le llega la noticia de su próxima entrevista con el soberano.

Ese día, Yuan se levanta muy temprano y llega al palacio con un gran sentimiento de regocijo y admiración. En el momento que se encuentra ante el monarca, con voz muy baja y temblorosa le expone el motivo de su visita: descubrir el tesoro más grande que existe.

El rey, que es un hombre justo y sabio, piensa que no es casual que este joven se haya atrevido a preguntarle su secreto, que aunque siempre ha estado a la vista de todos, nadie realmente lo ha descubierto; por lo cual le dice a Yuan que como recompensa por su valor y dedicación le confesara la segunda parte de su secreto. 
Yuan le confía, que aunque no resiste el deseo de saber la segunda parte, le pediría antes, con todo respeto, que le explique de qué sirve un tesoro que no se puede gastar.
El rey añade sonriente que el tiempo se devuelve, ya que él le preguntó lo mismo al anciano, quien le dijo la segunda parte del secreto así: "El tesoro que puede llegar a ser más grande de todos, es aquel que nunca podrás gastar, porque siempre que lo utilices se crecerá más".

Yuan queda sorprendido y dice que eso es imposible; no obstante, el monarca dice que un tesoro solo puede crecer cuando es útil para los demás que pueden beneficiarse de él, Yuan comenta que aun así no comprende. Como es posible que no pueda gastarse y que donde podría encontrar un tesoro con esas características. 

Tu deber, como lo fue antes para mí, dijo el rey, es cumplir con dos tareas en compensación por la segunda parte del secreto que te he confiado: la primera es encontrar el lugar donde puede residir ese tesoro; y la segunda, que descubras cómo se utiliza, entonces sabrás la tercera y última parte del secreto y se obrará en ti el MILAGRO que una vez se obró en mí.

Apesadumbrado por el requerimiento impuesto por el rey, Yuan permanece varios días buscando los lugares donde se guardaban los antiguos tesoros, las joyas y el oro de los adinerados. Pensaba que observando esos lugares encontraría alguna clave que lo condujera a ese gran tesoro.

Aburrido de realizar tantas actividades sin encontrar el resultado esperado, Yuan permanece reflexivo y silencioso durante algún tiempo, al cabo del cual observó que la fuerza que lo impulsaba a seguir la búsqueda había aumentado y provenía de un lugar a donde nunca antes había mirado, entonces pensó: si mi fuerza, comprensión, cualidades y valores están en mí, y cada vez que las utilice crecen más, nunca las podré gastar. 
En ese momento Yuan comprendió que se había encontrado a sí mismo, y se preguntó cuál sería la mejor manera de utilizar lo que acabo de encontrar?

Estaba soleado el día en que Yuan regresó a donde su rey. Después del saludo de rigor le dice que aburrido de buscar sin éxito en diferentes lugares, observé que nunca había mirado dentro de mí, y allí encontré el tesoro que nunca se puede gastar. Además me di cuenta que existe solo una manera de utilizarlo.

Con esto comprendí cuál era la tercera parte del secreto de su majestad.

Pasado el tiempo Yuan llegó a ser rey, y se dice que nunca antes un rey había sido tan rico y feliz para siempre.

ENTREGANDO SIEMPRE LO MEJOR DE MÍ MISMO EN TODAS LAS FUNCIONES CON LAS QUE ME HE COMPROMETIDO DENTRO DEL REINO.


El tesoro interno que poseemos y cada día acumulamos más reside en nuestra capacidad de comprender y servir, que nos permite reconocer lo mejor de las personas, hacer excelentes relaciones, reconocer el valor de la vida y aprovechar la oportunidad de aprender diariamente a expresar el amor a través del servicio.




viernes, 20 de agosto de 2021

El porqué del sufrimiento emocional. La identificación.

 

En nuestra existencia, necesitamos constantemente movernos, interesarnos por las cosas, fijarnos objetivos, poner nuestra confianza en algunas personas, tener esperanzas, triunfar en distintas áreas de la vida, o sea que, tenemos la sensación que para vivir plenamente, debemos tener ilusiones, proyectos, adherirnos a ideas sobre nosotros mismos, sobre los demás y sobre la vida.

Luego la experiencia nos enseña con dolor que, con frecuencia, las cosas no salen como habíamos imaginado, soñado, previsto, que todo ese entusiasmo, ilusión y confianza, se convierten en desilusión, desengaño, frustración. Al no funcionar bien las cosas, tenemos la sensación de que nosotros tampoco funcionamos bien, que tarde o temprano llega el desengaño y entonces nos cerramos a la espontaneidad afectiva y adoptamos una actitud de desconfianza, escepticismo y encogimiento.

El principal problema es la identificación. Nos identificamos con las cosas que hacemos, con las que percibimos, con las que pensamos, sentimos y vivimos. Identificarse significa que uno confunde la propia realidad de sí mismo con la realidad de la cosa.

Nos identificamos con las cosas externas a nosotros, con las cosas que poseemos, por ejemplo, si alguien nos da un golpe en el coche, hay una reacción interna de molestia y con frecuencia se reacciona de una manera desproporcionada, como una ofensa personal. Existe en nosotros una proyección hacia nuestras cosas. Todos tenemos algún lugar donde queremos que nadie toque nada, como si fuera una extensión de uno mismo.

También hay una identificación con los fenómenos internos:

Nos identificamos con el cuerpo, la persona que, por ejemplo, tiene una idea de sí de ser muy alta, muy baja, etc., puede llegar a preocuparse tanto, como si su valor dependiera de su físico.

Nos identificamos con las sensaciones que provienen del cuerpo, ya sean de dolor o de placer; por ejemplo, si siento dolor, creo que soy todo yo ese dolor y todo lo miro y valoro en función de ese dolor.

Nos identificamos con los sentimientos, si estoy entusiasmado con algo, me creo ser todo yo el entusiasmo, y negar ese sentimiento, sería como negarme a mí.

Con las ideas ocurre algo similar, si observamos en la vida diaria, cada persona defiende sus ideas y hasta discute por ellas, no como una idea que tiene, sino como si uno fuera esa idea.

Fundamentalmente, nuestro Yo, no es ninguna de las cosas con las que nos identificamos, y esto es muy claro, muy evidente. No somos el cuerpo, que es algo que está en constante renovación. Yo soy el mismo con este cuerpo que tengo ahora, que hace años. No soy las sensaciones, porque van y vienen; tampoco soy las ideas, que cambian continuamente; y, sin embargo, siempre soy yo quien tengo ideas, sentimientos, cuerpo….

Si me observara, vería que en cada momento me adhiero a algo diferente, y el hecho de que me identifique con una cosa y luego cambie y me identifique con otra, me indica que no soy ni la una, ni la otra. Confundimos constantemente la realidad intrínseca del Yo con las cosas, con los fenómenos, con lo que vive y experimenta el yo. Esta fuerte tendencia a la identificación, nos trae serios problemas, ya que es la causa de todos los desengaños, desilusiones y preocupaciones, que provienen de una ilusión previa.

Todo lo que existe, tiene una naturaleza dinámica, está en un constante proceso de renovación, de movimiento; no hay nada estable donde podamos asirnos y vivir en completa seguridad.

La única seguridad, la hemos de encontrar en nuestro núcleo de nuestro Yo. En todo momento, yo soy el sujeto de las cosas que hago, nunca soy las cosas que hago. Hay algo en mí que es el eje central de donde surge toda la acción, la iniciativa, pero mi mente, como siempre que vivo en un nivel superficial, hace que no preste atención a esa realidad central que soy, sino que sólo me sienta Yo, me afirme, en la cosa que hago. Así, me siento Yo en el momento en que hablo, y por ello creo que soy mi inteligencia, o se me ocurre una idea, y creo que el Yo, es el hecho que los demás queden convencidos, me ayuden y estén a mi favor, etc.

Mientras confundo mi realidad con algo, dependeré de ese algo, porque me apego a eso. Lo mismo ocurre con la imagen (la idea) que tenemos de nosotros mismos, el creer que soy esa imagen hace que tienda a ver todo en función de ella.
Si podemos percibir de un modo más directo nuestra realidad intrínseca, estaremos en condiciones de desprendernos de las cosas, manejarlas de manera objetiva, tomando distancia, quedando fuera del ego.

En la medida en que podemos descubrir y vivir nuestro Yo, comenzamos a llevar las riendas de nuestras facultades, encauzar nuestras emociones, dejando de ser marionetas del mundo exterior o del interior por vivir identificados, siguiendo sus vaivenes en las distintas situaciones de nuestra vida. A. Blay



Identificación con la mente. Emociones.

Nos hacemos adictos al pensamiento, confundimos nuestra identidad con el contenido y la actividad de nuestra mente. Creemos que si dejamos de pensar, dejaríamos de ser. Nos formamos una imagen mental de nosotros mismos, un yo ilusorio, el ego, que sólo puede funcionar mediante el pensamiento constante. El ego es disfuncional, porque para él, el momento presente apenas existe.

La mente, en este estado del ego, mantiene el pasado vivo, se nutre de él y se proyecta en el futuro constantemente para buscar en él la satisfacción, la liberación: “Algún día, lograré estar en paz”, “cuando resuelva tal situación, me sentiré feliz”, et. Incluso, cuando el ego está en el presente, lo mira con la carga del pasado, el presente es un medio para un fin, ese fin está siempre en el futuro proyectado por la mente. La clave de la liberación está en el presente, pero no se encuentra mientras uno siga siendo su mente.

El predominio de la mente, es sólo una etapa más en la evolución de la consciencia. El pensamiento es sólo un aspecto menor de la consciencia, no puede existir sin ella; pero la consciencia no necesita del pensamiento, está por encima de él. El pensamiento, por sí solo, desconectado del campo de la consciencia, se convierte en algo insano, destructivo.

La mente es básicamente una computadora para sobrevivir, recoge y almacena datos, analiza información, ataca o se defiende de otras mentes, etc., pero carece de creatividad. Existe una inteligencia mucho mayor que la mente, si observamos cómo funciona el cuerpo, la naturaleza en general, nos damos cuenta de esta inteligencia que opera. Cuando la mente vuelve conectar con esa inteligencia, se convierte en una herramienta maravillosa, porque está al servicio de algo mayor que sí misma.

La mente no es sólo el pensamiento, sino también las emociones y las reacciones inconscientes, tanto mentales como emocionales. Las emociones son el reflejo de la mente en el cuerpo. Nos sentimos agredidos, el cuerpo desencadena una serie de sustancias químicas que darán lugar al enfado; si nos sentimos amenazados física o psicológicamente, el cuerpo se contrae y sentimos miedo, etc. Estos cambios bioquímicos que se producen son el producto de la emoción.

En general, no estamos conscientes de todas las pautas de pensamiento, y en ocasiones, sólo podemos traerlas a la consciencia mediante la observación de las emociones.

Cuanto más nos identificamos con el pensamiento, con lo que nos gusta o nos desagrada, con nuestros juicios y nuestras interpretaciones, más fuerte es la carga emocional, si no podemos sentir las emociones y nos desconectamos de ellas, las acabamos sintiendo a nivel físico.

Todas las emociones son ramificaciones de una emoción básica, que tiene su origen en la pérdida de consciencia de la identidad real, de la desconexión del Yo central, del ser. Se parece al miedo, a una sensación de estar bajo amenaza continua y una sensación de abandono y falta de plenitud, quizá podríamos llamarlo simplemente dolor.

Una de las principales tareas de la mente es luchar contra el dolor emocional e intentar eliminarlo, por eso su actividad incesante, pero sólo consigue calmarlo temporalmente, y cuando más lucha por liberarse del dolor, éste aumenta. La mente no puede encontrar la solución, porque ella misma es parte del problema.

Las emociones, como parte de la mente dualista, están sujetas a la ley de los opuestos, es decir, no puede haber bien sin mal. En el estado de identificación con la mente, la alegría, suele ser el lado fugaz y placentero de un ciclo que alterna entre placer y dolor. Dos caras de la misma moneda. Ese placer viene dado por algo externo y, las mismas cosas que hoy nos dan placer, mañana producirán dolor, o bien, la dicha se irá y su ausencia producirá dolor.

Durante millones de años, los seres humanos hemos estado en manos del sufrimiento por haber perdido consciencia del ser.

El dolor emocional, es inevitable mientras uno siga identificado con la mente, el ego, mientras uno siga siendo espiritualmente inconsciente. E. Tolle



La mente inconsciente.

Constantemente estoy tratando de ser más fuerte, más seguro, mejor persona, etc., retener, repetir las experiencias que me resultan agradables, y evitar todo lo que me parece desagradable, intentando no ver, no sentir, o haciendo como si no existiera lo que me hace sentir mal; así, estoy negando una parte de mis impulsos, de mis recuerdos, de mis experiencias desagradables, y, aunque las ignore con la mente, las inhiba, están ahí.

Mi vida está hecha de constantes represiones, que se acumulan, hasta que llegado un momento me ahogan. Cada vez que me adhiero a algo, es porque estoy rechazando lo opuesto; y esto es lo que crea toda esa carga enorme del inconsciente personal. Éste está formado por todo lo que no hemos aceptado vivir, está lleno de energías mentales, de afectos, de sentimientos, ideas, recuerdos, experiencias, impulsos, que por no ir a favor de lo que deseo llegar a ser , lo he cortado, negado y lo mantengo comprimido dentro (censura). Pero el que estén inhibidos dentro, no significa que desaparezcan, sino que creo una dualidad cada vez más poderosa en mí: lo que acepto y lo que rechazo.

Cuanto más cosas rechazo, dispongo de menos energía para vivir lo que acepto, para vivir libremente y con gozo el presente. El inconsciente es una especie de automotivación latente, que hace que yo vaya suprimiendo zonas de mi existencia, pero al mismo tiempo, estoy deseando una plenitud total. Vivo una contradicción.

Todas las experiencias, se presentan para ser vividas, tomando conciencia de ellas, sintiéndolas y aceptándolas hasta “digerirlas” del todo. Cuando rechazo vivir un dolor, un fracaso, un malestar… estoy yendo en contra de un proceso natural, y todo esto no aceptado, se acumula en mí, es como una “indigestión”. He de asimilar todo. 
El retener cosas, se opone al fluir natural, y hasta que no libere, no acepte, todo esto que está reprimido, iré cargando un peso que me impedirá ser libre, y si no soy libre de mi pasado, no tendrá sentido buscar afuera las situaciones que me den libertad (sean sociales, políticas, económicas, etc.), mientras lleve mi pasado a cuestas, seré un esclavo de él. 
Esta carga del inconsciente, desaparecerá cuando pueda hacerla consciente, y la acepte con todas las consecuencias; pero para ello, debo trascender la idea que tengo de mí, el ego, y permitir que aparezca la mirada limpia, inocente y sin prejuicios, sin comparaciones ni condicionamientos, aceptando todo desde la comprensión que la mente está viviendo en el error.


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