SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

jueves, 16 de abril de 2020

La vida


· La vida te decepciona para que dejes de vivir con ilusiones y veas la realidad. 

· La vida destruye todo lo superfluo para que quede solamente lo importante. 

· La vida no te deja en paz, para que dejes de culparte y aceptes todo como “es”. 

· La vida va a retirar lo que tienes, hasta que dejes de quejarte y empieces a agradecer. 

· La vida envía personas conflictivas para curarte, para que dejes de mirar hacia fuera y empieces a reflejar lo que eres por dentro

· La vida te permite caer de nuevo y de nuevo, hasta que decidas aprender la lección. 

· La vida te quita del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejes de querer controlar todo y fluyas como un río. 

· La vida pone a tus enemigos en la carretera, hasta que dejes de "reaccionar". La vida te asusta y te asustará cuantas veces sea necesario, hasta que pierdas el miedo y recuperes tu fe. 

· La vida te distancia de las personas que amas, hasta que entiendas que no somos ese cuerpo, sino el alma que contiene. 

· La vida se ríe de ti muchas y muchas veces, hasta que dejes de tomar todo tan en serio y puedas reírte de ti mismo. 

· La vida te rompe en tantas partes cuantas sean necesarias, para que la luz penetre en ti. 

· La vida te enfrenta a los rebeldes, hasta que dejes de tratar de controlar. 

· La vida repite el mismo mensaje, si es necesario con gritos y tapas, hasta que finalmente lo escuches. 

· La vida envía rayos y tormentas, para despertar. 

· La vida te humilla y a veces te derrota de nuevo y de nuevo hasta que decidas dejar que tu ego muera. 

· La vida te niega bienes y grandeza hasta que dejes de querer bienes y grandeza y comiences a servir. 

· La vida corta tus alas y poda tus raíces, hasta que no necesites alas ni raíces, sólo desaparezcas en las formas y tu ser vuele. 

· La vida te niega milagros, hasta que entiendas que todo es un milagro. 

· La vida acorta tu tiempo, para que te apures en aprender a vivir. 

· La vida te ridiculiza hasta que te hagas nada, nadie, para que entonces te convierta en todo. 

· La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar

· La vida te lastima y te atormenta hasta que sueltes tus caprichos y berrinches y aprecies la respiración. 

· La vida te esconde tesoros hasta que aprendas a salir a la vida y buscarlos. 

· La vida te niega a Dios, hasta que lo veas en todos y en todo. 

· La vida te despierta, te poda, te rompe, te decepciona... pero créeme, eso es para que tu mejor yo se manifieste... hasta que sólo el amor permanezca en ti"

(BertHellinger, 1925-2019)


martes, 7 de abril de 2020

Soltar


El soltar es una maniobra interna tan potente, que merece la pena ser investigada. 

Soltar significa simplemente lo que dice. Se trata de una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva, o un deseo determinados. 

Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que estos se van desplegando. 

Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos, de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. 

Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando. 

Pero no es solo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. 

Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. 

Para ser transparentes, debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena. 

Soltar solo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados, si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. 

En esos momentos difíciles en que nos hemos quedado enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuando nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos, o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio. 

La calma, la visión profunda y la sabiduría, surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. 

Esta es una afirmación verificable. Compruébala por ti mismo, si soltar cuando una parte de ti quiere realmente aferrarse no te proporciona una satisfacción más profunda que agarrar. 

Jon Kabbat Zinn

www.centroelim.org



domingo, 22 de marzo de 2020

Soltar

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El soltar es una maniobra interna tan potente, que merece la pena ser investigada. 

Soltar significa simplemente lo que dice. Se trata de una invitación a dejar de aferrarnos a lo que sea, ya se trate una idea, un objeto, un suceso, un momento, una perspectiva, o un deseo determinados. 

Constituye una decisión consciente de dejar ir con plena aceptación para fluir con la corriente de momentos presentes a medida que estos se van desplegando. 

Soltar significa dejar de forzar, de resistirnos, de luchar, para recibir a cambio algo más poderoso y saludable que surge del hecho de permitir que las cosas sean como son, sin quedarnos atrapados en la atracción o en el rechazo que sentimos hacia ellas, en el enganche al deseo, a lo que nos gusta o a lo que disgusta. 

Es extremadamente similar al acto de permitir que la palma de mano se abra para desasir algo a lo que nos hemos estado aferrando. 

Pero no es solo el enganche a nuestros deseos relativos a los acontecimientos externos lo que nos atrapa. Ni tampoco el hecho de aferrarnos con las manos. Nos aferramos con la mente. Nosotros mismos nos atrapamos, nosotros mismos nos quedamos atascados, al aferrarnos, a menudo desesperadamente, a puntos de vista muy limitados, a esperanzas y deseos que se basan en el interés personal. 

Soltar quiere decir, en realidad, tomar la decisión de volvernos transparentes ante el fuerte tirón de nuestras preferencias y de la inconsciencia que nos lleva a aferrarnos a ellas. 

Para ser transparentes, debemos permitir que los miedos y las inseguridades se manifiesten y se desvanezcan en el ámbito de la conciencia plena. 

Soltar solo es posible si podemos observar con conciencia y aceptación aquello que nos lleva a quedarnos tan atascados, si nos permitimos reconocer las lentes que metemos tan inconscientemente entre el observador y lo observado, que filtran, tiñen, deforman y determinan nuestra visión. 

En esos momentos difíciles en que nos hemos quedado enganchados, podemos abrirnos, especialmente si somos capaces de captarlos con conciencia y podemos reconocer cuando nos quedamos atrapados en perseguir y aferrarnos, o en condenar y rechazar al buscar nuestro propio beneficio. 

La calma, la visión profunda y la sabiduría, surgen cuando podemos reconocer verdaderamente que somos completos en este momento, sin tener que buscar, agarrar ni rechazar nada. 

Esta es una afirmación verificable. Compruébala por ti mismo, si soltar cuando una parte de ti quiere realmente aferrarse no te proporciona una satisfacción más profunda que agarrar. 

Jon Kabbat Zinn


martes, 17 de marzo de 2020

Otra mirada de las Crisis

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La palabra crisis tiene un doble significado: peligro y oportunidad.

En general, vemos las crisis como algo negativo, como una pérdida de "control", como un problema al que tenemos que resolver lo antes posible.

Cuando hay crisis, hay movimiento, cambios. No nos gustan los cambios, la mente en su afán de conseguir la felicidad, huye continuamente del dolor y pretende tenerlo todo controlado. En momentos de cambio, transiciones, que suponen las crisis, nos sentimos amenazados, sentimos miedo, ansiedad, inseguridad, incertidumbre, nos sentimos frustrados, deprimidos y hasta agresivos, a la defensiva.

Solemos vivir en la ilusión de tenerlo todo controlado, seguro, y esto, es imposible .

La crisis, sea emocional, material, existencial, etc. puede convertirse en una gran oportunidad de autoconocimiento, una oportunidad para superar temores, cuestionarnos qué es lo que realmente necesitamos, priorizar necesidades, una oportunidad para investigar dónde nos encontramos, porqué hacemos lo que hacemos, nos vemos como nos vemos y vivimos como vivimos. Podemos investigar qué sentido tiene lo que nos está sucediendo. Una oportunidad de revisar nuestras creencias arraigadas, nuestros patrones de pensamiento, nuestra modo de ver la vida en sus diferentes aspectos. Una oportunidad de "cambiar de paradigma", de replantearnos la vida, adoptando nuevas ideas, nuevas creencias, que nos apoyarán a crear una nueva vida más saludable y más acorde a nuestras potencialidades.

Conviene movernos con el cambio, que en realidad es lo único seguro que existe. Conviene enfocarnos en la oportunidad que se esconde tras la crisis, en vez de hacerlo en las dificultades.

Los acontecimientos, son neutros, los hechos en sí mismo, no son ni negativos ni positivos, es la mente la que los interpreta, la que procesa lo ocurrido; la mente le da un significado al suceso apoyándose en antiguos aprendizajes del pasado, desencadenando estados emocionales.

Vemos por ejemplo, que una enfermedad, puede ser algo muy desafortunado para algunas personas, mientras que para otras es una oportunidad de reflexión, autoconocimiento, descanso, cambio de hábitos, atender necesidades postergadas, etc.

Al ser conscientes de la relatividad de los hechos, podríamos centrarnos en la parte de la mente que se encarga de interpretar los acontecimientos. 

Podemos elegir entre una actitud negativa, con todas sus consecuencias, o ver el problema como una oportunidad de cambio y mejora, apostando al crecimiento personal.

Como dice el dicho: 

"Las cosas no son verdad ni mentira, 
son del color del cristal con que se miran".

La interpretación que hacemos de los hechos, viene de programas mentales que fuimos aprendiendo en la niñez, y que se fueron reforzando con las distintas experiencias de nuestra vida.

Lo saludable es aprender a buscar la mejor interpretación de lo que nos sucede, si queremos una vida armoniosa.

La casualidad, el azar, no existe. Los acontecimientos son causales, aunque a veces no estemos conscientes de lo que traen de "positivo" a nuestra vida; pero sí estemos seguros que, detrás de la adversidad, se esconden grandes oportunidades de crecimiento, de evolución.

"Dios escribe recto con líneas torcidas" A. Einstein.


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sábado, 25 de enero de 2020

El Perdón desde la Psicología Transpersonal


Para hablar de perdonar, primero habremos hecho un juicio sobre la persona, la habremos juzgado según nuestra propia interpretación de ese momento, de lo contrario, no necesitaríamos perdonar, porque no nos sentiríamos heridos, ofendidos, dañados…...

Cuando comprendemos que cada persona actúa como puede, según sus propios condicionamientos, su manera de ver la vida, según sus heridas no resueltas, en definitiva, según su estado evolutivo o de consciencia, al igual que nosotros, entonces, no necesitamos perdonar nada…

Pero cuando ya hemos emitido un juicio, cuando ya nos hemos sentido ofendidos, heridos, maltratados, etc., porque estamos funcionando en el nivel del ego (es el ego el que se siente ofendido, el que tiene miedo, el siente ira, dolor, etc.,), en el nivel superficial, confundiendo lo que somos con lo que creemos ser (una persona vulnerable susceptible de ser ofendida), y la persona que no coincide con nuestra manera de ver las cosas, se convierte en nuestro “enemigo”…entonces, al sentirnos dolidos, ofendidos, necesitamos perdonar, para liberarnos de esa energía densa que supone el rencor, la impotencia, la culpa, el dolor, el temor, la baja autoestima, etc.

Perdonar, nos resulta entonces liberador.

Cuando juzgamos, imponemos nuestra manera de pensar personal, percibiendo las situaciones, como “buenas” o como “malas”, como que van a nuestro favor o en nuestra contra, en vez de verlas como lo que simplemente son: neutras. 

Recordemos que es la interpretación que hacemos de las situaciones y de las personas, las que tiñen la realidad, y esta interpretación es subjetiva (cada cual da su interpretación, un mismo hecho puede ser visto de una manera diferente por dos o más personas), esta interpretación viene cargada de contenidos emocionales, teñida por experiencias anteriores.

Todo se puede entender y perdonar. Cuando juzgo, me aparto de la comprensión, de la compasión y del proceso natural de aprender a amar.

Cuando juzgamos a otras personas, mostramos nuestra falta de autoaceptación, es como juzgar a una parte nuestra que no reconocemos porque no nos gusta, en psicología se llama “efecto espejo”: el mundo físico, es el espejo de una inteligencia más profunda, esta inteligencia es la organizadora invisible de todo lo que llamamos “materia”(energías condensadas), y de las energías; como una parte de esa inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos, estás inseparablemente vinculado con todo; cada pensamiento, crea una impresión en el campo total de la inteligencia, y cada ser con el que te cruzas, es como un espejo, que refleja aspectos tuyos, tanto “cualidades”, como “defectos” (ver : El efecto espejo en las relaciones)

Cuando perdonamos a una persona, aumenta el amor por nosotros mismos, por los demás, nos tornamos más comprensivos y compasivos, nos sentimos más libres y más íntegros.

Al perdonar, estamos aceptando que la otra persona y las circunstancias, son como son, sin expectativas, sin juzgarlas y sin pretender cambiarlas., aunque no coincidamos con su punto de vista.

Numerosos estudios científicos demuestras que las víctimas que han perdonado a sus agresores, muestran una mejoría física y psicológica mayor que aquellas personas que no lo han hecho. Y es que la persona ” víctima” carga en su interior con sentimientos negativos hacia su agresor, como el odio, la rabia, la venganza, el despecho, la impotencia, que la mantienen en un estado de sufrimiento que termina afectando su salud, al no resolver el problema internamente. Es como si llevara una parte del agresor dentro de ella misma.

Algunos creen que perdonar es un acto de cobardes, que tiene una carga religiosa, que se trata de un esfuerzo en el que se reconoce que la otra persona tiene razón, y donde parece que debemos sonreír forzadamente, como si no pasara nada, poniendo la otra mejilla…

En realidad, el perdón no tiene nada que ver con todas estas creencias, sino que se trata de liberarnos de una atadura emocional del pasado, disolver todos los sentimientos como rabia, indignación, deseos de venganza, etc., que a veces es sutil o inconsciente, pero que perjudica más a la apersona que se siente ofendida que a su ofensor.

Perdonar no significa que debemos justificar la conducta incorrecta de la otra persona, ni negar nuestros propios puntos de vista, ni tampoco tener la obligación de volver a relacionarse con el ofensor o transmitirle que se le ha perdonado.

El perdonar no borra el mal hecho, ni quita la responsabilidad del ofensor por el daño que hizo, pero nos libera del sufrimiento para poder continuar la vida.

No significa que el otro “tiene razón” y uno es el que se equivoca, sino más bien, se trata de otra manera de ver el mundo, en definitiva elegir entre tener paz o tener la razón.

Tampoco se trata de perdonar para buscar la aprobación del afuera, seguir cumpliendo el “papel de bueno”, por el miedo al rechazo, más bien se trata de un acto realizado por comprensión y consciencia.

Perdonar es un acto elevado que se realiza voluntariamente. Para poder desconectar emocionalmente del “daño recibido” y del resentimiento, rabia, indignación, etc. Se requiere ubicarse en un plano de consciencia superior, el plano del observador neutro, donde se puede tomar distancia y suspender el juicio, para poder elaborar un proceso de comprensión que la otra persona actúo según su programa mental-emocional, y que al igual que uno mismo, ha hecho las cosas como ha sabido y podido; se trata de mirar el acontecimiento sin identificarse, como un testigo imparcial, lo cual no es tan fácil, porque a veces, la mente, el ego, prefiere tener la razón en vez de buscar la paz.

El verdadero perdón, es un acto sincero, profundo, no busca el perfeccionismo, ni el papel de bueno, ni una actitud de superioridad por el hecho de perdonar.

Es mas bien trascender el plano de la mente, psicológico, donde actuamos como personajes, según las circunstancias (a veces como temerosos, otras como ofendidos, como víctimas de las circunstancias, a veces como héroes, otras protectores, etc.), ese plano de dualidades, donde buscamos constantemente el placer, huyendo del dolor, buscando el amor, huyendo del miedo.

Perdonar es también cambiar nuestra manera de interpretar el mundo. Guardamos resentimientos a veces inconscientes, porque no nos hemos mirado, guardamos resentimientos hacia seres queridos (nuestros padres, hermanos, parejas, hijos, amigos, jefes, etc.) porque no responden a nuestras expectativas, a la idea que nos formamos de cómo deberían funcionar o actuar para con nosotros, etc. El perdonarlos, desarrollando la compasión al ver al otro en sus necesidades más profundas, nos libera.

Pero el perdón que resume todos los demás, es el perdón a uno mismo, que significa aprender a amarse y a aceptarse como uno es, pase lo que pase. Esclarecer nuestra mente y comprender que hacemos lo que podemos de acuerdo a nuestro estado de desarrollo o maduración, como los demás.

Si soy capaz de amarme y perdonarme a mi mismo, lo seré también de perdonar y amar a los otros, porque en el fondo, todos somos uno…

No olvidemos, que cuando sostenemos un rencor crónico, el cerebro fabrica péptidos, sustancias químicas para ese estado emocional, que recorren todo el cuerpo, inundando los receptores de las células, dañando la salud, deprimiendo el sistema inmune, y haciéndonos adictos al estado emocional. 

Para poder elegir el perdonar, deberemos primero trabajar con las emociones que se despertaron ante el acontecimiento, la rabia, vergüenza, el dolor..luego elegir el acto de perdonar, que a veces se torna "heroico", y buscar una manera diferente de pensar sobre la persona que nos ha herido, por comprensión y para nuestro bienestar psíquico y físico. Al perdonar nos liberamos del pasado y podemos instalarnos mas fácilmente en el presente, soltando el dolor. 

El quejarnos de nosotros mismos, de los demás, de la vida, nos llenan de amargura, nos intoxican. Podemos hacer uso del poder del amor y del perdón, de la aceptación y la compasión, para trasmutar esos estados y estar en paz y armonía.

www.centroelim.org


domingo, 19 de enero de 2020

La crisis en el trabajo interior


A medida que profundizamos un poco más en nosotros, nos encontramos con que muchas cosas que antes nos ilusionaban ahora de repente nos damos cuenta de que son niñerías y esto nos obliga a cambiar nuestra escala de valores. Cuando esto lo descubrimos de un modo claro, definido, apenas presenta problema si realmente estamos decididos a proseguir nuestro camino cueste lo que cueste.

El verdadero problema surge cuando apunta la nueva etapa, pero aún no estamos establecidos en ella. Cuando estamos a punto de llegar a un nuevo estado pero todavía no hemos llegado a él, porque entonces nos damos cuenta de que tal circunstancia o situación, la que sea, nuestro círculo social de amigos, nuestras costumbres y aficiones a las que hasta ahora hemos estado muy adheridos, están amenazando ya en desligarse y perder todo interés. Y esto sí que a veces produce miedo, perplejidad y vacilación por nuestra fuerte identificación con todo ello.

Debemos darnos cuenta de que cada vez que sintamos estos miedos y estas dudas es que progresamos. No hemos de ver estas crisis como algo negativo, sino como puntos de referencia positivos de nuestro avance. Si no progresáramos no aparecerían miedos nuevos ni nuevas inquietudes. Desde este punto de vista cada vez que nos encontramos mal es que vamos bien, porque al fin y al cabo para seguir encontrándonos como ahora no valía la pena movernos de sitio.

Siempre que hay un trabajo de profundización, un ensanchamiento de conciencia hay también algo que cae, algo que se suelta. Puede ser que a veces se perciba antes lo que se suelta que el nuevo estado interior que se encuentra detrás.

Si primero se percibe lo positivo, estupendo, ya que lo antiguo cae como una fruta madura, sin ningún esfuerzo, como el adolescente se desprende con naturalidad de los juguetes que le apasionaban unos años atrás. Pero cuando primero uno siente que aquello va a caer y todavía no vive lo que hay detrás, el nuevo estado subjetivo, el grado de iluminación correspondiente, entonces es inevitable que sufra la crisis como algo intenso y doloroso. En esos momentos es cuando uno ha de aprender a tener discernimiento y serenidad, y darse cuenta de que siguiendo el trabajo, a pesar de todo, descubrirá al fin el poco valor y consistencia que tiene la costumbre antigua a la que aún tan fuertemente se agarra.

Hemos de ver claro que en el trabajo interior vamos a ganar. Y a ganar no ya los objetos o las situaciones a que estamos adheridos, sino precisamente lo que vamos buscando, lo que estamos poniendo de valor en aquello. Porque siempre, de un modo o de otro, buscamos en cualquier cosa mayor plenitud, mayor satisfacción, mayor realidad. Y esto es precisamente lo que encontramos de un modo real y permanente. Por eso es importante que aprendamos a ver las crisis como amigas, como indicadoras de nuestro adelanto; nunca como barreras ante las que uno retrocede.

Es evidente que todos las encontraremos en nuestro trabajo. Pero es que si no las encontramos porque trabajamos, las encontraremos igualmente porque la vida nos las impondrá. Y más vale que aprendamos a ir por nuestro pie y por la vía positiva de ir descubriendo lo bueno que se oculta detrás de todas las formas y de todas las apariencias, que no que la vida nos arranque las cosas de un modo violento en su sereno pero inflexible devenir.

Antonio Blay



sábado, 7 de diciembre de 2019

Reflexionando- fin de ciclo

                                                                 ilustracion: aeppol


Estas fiestas de final de año son una invitación a la reflexión…como un balance que hace el sembrador cuando recoge la cosecha… no importa tanto si la cosecha es abundante o no lo es… lo importante es que durante el proceso uno va creciendo… poniendo en escena sus capacidades, apelando a sus recursos internos para que el camino se transite lo mejor posible….. aprendiendo y viviendo momento a momento lo que hay en cada instante con gozo, con el gozo de quien sabe que hay un propósito para todo lo que nos ocurre, un propósito evolutivo, que a veces la mente no comprende, otras lo intuye, pero confiando y disfrutando el simple hecho de la oportunidad de estar en este planeta… la vida es como un juego… no conviene identificarnos demasiado con él… y si no nos gusta, podemos intentar cambiarlo…. y si no está a nuestro alcance cambiarlo… pues nos queda la aceptación y construir con lo que hay…. nunca construimos quejándonos y lamentándonos por que las cosas no son como nuestra mente pretende…..sí crecemos y construimos tomando lo que hay, que siempre es mucho mas de lo que imaginamos y utlizando nuestra creatividad……

Por ello, recojo mi siembra, te invito a recoger la tuya, a revisar tus patrones internos que hacen que tu vida se manifieste como lo ha hecho hasta ahora, en ese darte cuenta puedes elegir qué vas a cambiar internamente para la próxima siembra…., recuerda que el mundo exterior, es un reflejo de tu mundo interno, no vas a atraer nada del afuera que no se corresponda con tu vibración interna, seas consciente de ello o no……, y volver a esparcir semillas en el próximo ciclo que se avecina… eso sí, seleccionemos con amor y cuidado lo que vamos a sembrar, porque estamos en épocas aceleradas y el universo todo lo expande… si siembras amor atraerás amor…. pero si siembras violencia, en cualquiera de sus formas, atraerás más de lo mismo…. así que mantente atento, no te dejes gobernar por los automatismos, por las reacciones e impulsos… detente una respiración antes de “crear”, y así podrás responder de la manera mas adecuada a la situación y al momento que te toca vivir……

                                                  FELÍZ SIEMBRA!!! Y recuerda que: 

Eres más que tus pensamientos, sensaciones, emociones, cuerpo, creaciones……

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