SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

martes, 17 de marzo de 2020

Otra mirada de las Crisis

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La palabra crisis tiene un doble significado: peligro y oportunidad.

En general, vemos las crisis como algo negativo, como una pérdida de "control", como un problema al que tenemos que resolver lo antes posible.

Cuando hay crisis, hay movimiento, cambios. No nos gustan los cambios, la mente en su afán de conseguir la felicidad, huye continuamente del dolor y pretende tenerlo todo controlado. En momentos de cambio, transiciones, que suponen las crisis, nos sentimos amenazados, sentimos miedo, ansiedad, inseguridad, incertidumbre, nos sentimos frustrados, deprimidos y hasta agresivos, a la defensiva.

Solemos vivir en la ilusión de tenerlo todo controlado, seguro, y esto, es imposible .

La crisis, sea emocional, material, existencial, etc. puede convertirse en una gran oportunidad de autoconocimiento, una oportunidad para superar temores, cuestionarnos qué es lo que realmente necesitamos, priorizar necesidades, una oportunidad para investigar dónde nos encontramos, porqué hacemos lo que hacemos, nos vemos como nos vemos y vivimos como vivimos. Podemos investigar qué sentido tiene lo que nos está sucediendo. Una oportunidad de revisar nuestras creencias arraigadas, nuestros patrones de pensamiento, nuestra modo de ver la vida en sus diferentes aspectos. Una oportunidad de "cambiar de paradigma", de replantearnos la vida, adoptando nuevas ideas, nuevas creencias, que nos apoyarán a crear una nueva vida más saludable y más acorde a nuestras potencialidades.

Conviene movernos con el cambio, que en realidad es lo único seguro que existe. Conviene enfocarnos en la oportunidad que se esconde tras la crisis, en vez de hacerlo en las dificultades.

Los acontecimientos, son neutros, los hechos en sí mismo, no son ni negativos ni positivos, es la mente la que los interpreta, la que procesa lo ocurrido; la mente le da un significado al suceso apoyándose en antiguos aprendizajes del pasado, desencadenando estados emocionales.

Vemos por ejemplo, que una enfermedad, puede ser algo muy desafortunado para algunas personas, mientras que para otras es una oportunidad de reflexión, autoconocimiento, descanso, cambio de hábitos, atender necesidades postergadas, etc.

Al ser conscientes de la relatividad de los hechos, podríamos centrarnos en la parte de la mente que se encarga de interpretar los acontecimientos. 

Podemos elegir entre una actitud negativa, con todas sus consecuencias, o ver el problema como una oportunidad de cambio y mejora, apostando al crecimiento personal.

Como dice el dicho: 

"Las cosas no son verdad ni mentira, 
son del color del cristal con que se miran".

La interpretación que hacemos de los hechos, viene de programas mentales que fuimos aprendiendo en la niñez, y que se fueron reforzando con las distintas experiencias de nuestra vida.

Lo saludable es aprender a buscar la mejor interpretación de lo que nos sucede, si queremos una vida armoniosa.

La casualidad, el azar, no existe. Los acontecimientos son causales, aunque a veces no estemos conscientes de lo que traen de "positivo" a nuestra vida; pero sí estemos seguros que, detrás de la adversidad, se esconden grandes oportunidades de crecimiento, de evolución.

"Dios escribe recto con líneas torcidas" A. Einstein.


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sábado, 25 de enero de 2020

El Perdón desde la Psicología Transpersonal


Para hablar de perdonar, primero habremos hecho un juicio sobre la persona, la habremos juzgado según nuestra propia interpretación de ese momento, de lo contrario, no necesitaríamos perdonar, porque no nos sentiríamos heridos, ofendidos, dañados…...

Cuando comprendemos que cada persona actúa como puede, según sus propios condicionamientos, su manera de ver la vida, según sus heridas no resueltas, en definitiva, según su estado evolutivo o de consciencia, al igual que nosotros, entonces, no necesitamos perdonar nada…

Pero cuando ya hemos emitido un juicio, cuando ya nos hemos sentido ofendidos, heridos, maltratados, etc., porque estamos funcionando en el nivel del ego (es el ego el que se siente ofendido, el que tiene miedo, el siente ira, dolor, etc.,), en el nivel superficial, confundiendo lo que somos con lo que creemos ser (una persona vulnerable susceptible de ser ofendida), y la persona que no coincide con nuestra manera de ver las cosas, se convierte en nuestro “enemigo”…entonces, al sentirnos dolidos, ofendidos, necesitamos perdonar, para liberarnos de esa energía densa que supone el rencor, la impotencia, la culpa, el dolor, el temor, la baja autoestima, etc.

Perdonar, nos resulta entonces liberador.

Cuando juzgamos, imponemos nuestra manera de pensar personal, percibiendo las situaciones, como “buenas” o como “malas”, como que van a nuestro favor o en nuestra contra, en vez de verlas como lo que simplemente son: neutras. 

Recordemos que es la interpretación que hacemos de las situaciones y de las personas, las que tiñen la realidad, y esta interpretación es subjetiva (cada cual da su interpretación, un mismo hecho puede ser visto de una manera diferente por dos o más personas), esta interpretación viene cargada de contenidos emocionales, teñida por experiencias anteriores.

Todo se puede entender y perdonar. Cuando juzgo, me aparto de la comprensión, de la compasión y del proceso natural de aprender a amar.

Cuando juzgamos a otras personas, mostramos nuestra falta de autoaceptación, es como juzgar a una parte nuestra que no reconocemos porque no nos gusta, en psicología se llama “efecto espejo”: el mundo físico, es el espejo de una inteligencia más profunda, esta inteligencia es la organizadora invisible de todo lo que llamamos “materia”(energías condensadas), y de las energías; como una parte de esa inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos, estás inseparablemente vinculado con todo; cada pensamiento, crea una impresión en el campo total de la inteligencia, y cada ser con el que te cruzas, es como un espejo, que refleja aspectos tuyos, tanto “cualidades”, como “defectos” (ver : El efecto espejo en las relaciones)

Cuando perdonamos a una persona, aumenta el amor por nosotros mismos, por los demás, nos tornamos más comprensivos y compasivos, nos sentimos más libres y más íntegros.

Al perdonar, estamos aceptando que la otra persona y las circunstancias, son como son, sin expectativas, sin juzgarlas y sin pretender cambiarlas., aunque no coincidamos con su punto de vista.

Numerosos estudios científicos demuestras que las víctimas que han perdonado a sus agresores, muestran una mejoría física y psicológica mayor que aquellas personas que no lo han hecho. Y es que la persona ” víctima” carga en su interior con sentimientos negativos hacia su agresor, como el odio, la rabia, la venganza, el despecho, la impotencia, que la mantienen en un estado de sufrimiento que termina afectando su salud, al no resolver el problema internamente. Es como si llevara una parte del agresor dentro de ella misma.

Algunos creen que perdonar es un acto de cobardes, que tiene una carga religiosa, que se trata de un esfuerzo en el que se reconoce que la otra persona tiene razón, y donde parece que debemos sonreír forzadamente, como si no pasara nada, poniendo la otra mejilla…

En realidad, el perdón no tiene nada que ver con todas estas creencias, sino que se trata de liberarnos de una atadura emocional del pasado, disolver todos los sentimientos como rabia, indignación, deseos de venganza, etc., que a veces es sutil o inconsciente, pero que perjudica más a la apersona que se siente ofendida que a su ofensor.

Perdonar no significa que debemos justificar la conducta incorrecta de la otra persona, ni negar nuestros propios puntos de vista, ni tampoco tener la obligación de volver a relacionarse con el ofensor o transmitirle que se le ha perdonado.

El perdonar no borra el mal hecho, ni quita la responsabilidad del ofensor por el daño que hizo, pero nos libera del sufrimiento para poder continuar la vida.

No significa que el otro “tiene razón” y uno es el que se equivoca, sino más bien, se trata de otra manera de ver el mundo, en definitiva elegir entre tener paz o tener la razón.

Tampoco se trata de perdonar para buscar la aprobación del afuera, seguir cumpliendo el “papel de bueno”, por el miedo al rechazo, más bien se trata de un acto realizado por comprensión y consciencia.

Perdonar es un acto elevado que se realiza voluntariamente. Para poder desconectar emocionalmente del “daño recibido” y del resentimiento, rabia, indignación, etc. Se requiere ubicarse en un plano de consciencia superior, el plano del observador neutro, donde se puede tomar distancia y suspender el juicio, para poder elaborar un proceso de comprensión que la otra persona actúo según su programa mental-emocional, y que al igual que uno mismo, ha hecho las cosas como ha sabido y podido; se trata de mirar el acontecimiento sin identificarse, como un testigo imparcial, lo cual no es tan fácil, porque a veces, la mente, el ego, prefiere tener la razón en vez de buscar la paz.

El verdadero perdón, es un acto sincero, profundo, no busca el perfeccionismo, ni el papel de bueno, ni una actitud de superioridad por el hecho de perdonar.

Es mas bien trascender el plano de la mente, psicológico, donde actuamos como personajes, según las circunstancias (a veces como temerosos, otras como ofendidos, como víctimas de las circunstancias, a veces como héroes, otras protectores, etc.), ese plano de dualidades, donde buscamos constantemente el placer, huyendo del dolor, buscando el amor, huyendo del miedo.

Perdonar es también cambiar nuestra manera de interpretar el mundo. Guardamos resentimientos a veces inconscientes, porque no nos hemos mirado, guardamos resentimientos hacia seres queridos (nuestros padres, hermanos, parejas, hijos, amigos, jefes, etc.) porque no responden a nuestras expectativas, a la idea que nos formamos de cómo deberían funcionar o actuar para con nosotros, etc. El perdonarlos, desarrollando la compasión al ver al otro en sus necesidades más profundas, nos libera.

Pero el perdón que resume todos los demás, es el perdón a uno mismo, que significa aprender a amarse y a aceptarse como uno es, pase lo que pase. Esclarecer nuestra mente y comprender que hacemos lo que podemos de acuerdo a nuestro estado de desarrollo o maduración, como los demás.

Si soy capaz de amarme y perdonarme a mi mismo, lo seré también de perdonar y amar a los otros, porque en el fondo, todos somos uno…

No olvidemos, que cuando sostenemos un rencor crónico, el cerebro fabrica péptidos, sustancias químicas para ese estado emocional, que recorren todo el cuerpo, inundando los receptores de las células, dañando la salud, deprimiendo el sistema inmune, y haciéndonos adictos al estado emocional. 

Para poder elegir el perdonar, deberemos primero trabajar con las emociones que se despertaron ante el acontecimiento, la rabia, vergüenza, el dolor..luego elegir el acto de perdonar, que a veces se torna "heroico", y buscar una manera diferente de pensar sobre la persona que nos ha herido, por comprensión y para nuestro bienestar psíquico y físico. Al perdonar nos liberamos del pasado y podemos instalarnos mas fácilmente en el presente, soltando el dolor. 

El quejarnos de nosotros mismos, de los demás, de la vida, nos llenan de amargura, nos intoxican. Podemos hacer uso del poder del amor y del perdón, de la aceptación y la compasión, para trasmutar esos estados y estar en paz y armonía.

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domingo, 19 de enero de 2020

La crisis en el trabajo interior


A medida que profundizamos un poco más en nosotros, nos encontramos con que muchas cosas que antes nos ilusionaban ahora de repente nos damos cuenta de que son niñerías y esto nos obliga a cambiar nuestra escala de valores. Cuando esto lo descubrimos de un modo claro, definido, apenas presenta problema si realmente estamos decididos a proseguir nuestro camino cueste lo que cueste.

El verdadero problema surge cuando apunta la nueva etapa, pero aún no estamos establecidos en ella. Cuando estamos a punto de llegar a un nuevo estado pero todavía no hemos llegado a él, porque entonces nos damos cuenta de que tal circunstancia o situación, la que sea, nuestro círculo social de amigos, nuestras costumbres y aficiones a las que hasta ahora hemos estado muy adheridos, están amenazando ya en desligarse y perder todo interés. Y esto sí que a veces produce miedo, perplejidad y vacilación por nuestra fuerte identificación con todo ello.

Debemos darnos cuenta de que cada vez que sintamos estos miedos y estas dudas es que progresamos. No hemos de ver estas crisis como algo negativo, sino como puntos de referencia positivos de nuestro avance. Si no progresáramos no aparecerían miedos nuevos ni nuevas inquietudes. Desde este punto de vista cada vez que nos encontramos mal es que vamos bien, porque al fin y al cabo para seguir encontrándonos como ahora no valía la pena movernos de sitio.

Siempre que hay un trabajo de profundización, un ensanchamiento de conciencia hay también algo que cae, algo que se suelta. Puede ser que a veces se perciba antes lo que se suelta que el nuevo estado interior que se encuentra detrás.

Si primero se percibe lo positivo, estupendo, ya que lo antiguo cae como una fruta madura, sin ningún esfuerzo, como el adolescente se desprende con naturalidad de los juguetes que le apasionaban unos años atrás. Pero cuando primero uno siente que aquello va a caer y todavía no vive lo que hay detrás, el nuevo estado subjetivo, el grado de iluminación correspondiente, entonces es inevitable que sufra la crisis como algo intenso y doloroso. En esos momentos es cuando uno ha de aprender a tener discernimiento y serenidad, y darse cuenta de que siguiendo el trabajo, a pesar de todo, descubrirá al fin el poco valor y consistencia que tiene la costumbre antigua a la que aún tan fuertemente se agarra.

Hemos de ver claro que en el trabajo interior vamos a ganar. Y a ganar no ya los objetos o las situaciones a que estamos adheridos, sino precisamente lo que vamos buscando, lo que estamos poniendo de valor en aquello. Porque siempre, de un modo o de otro, buscamos en cualquier cosa mayor plenitud, mayor satisfacción, mayor realidad. Y esto es precisamente lo que encontramos de un modo real y permanente. Por eso es importante que aprendamos a ver las crisis como amigas, como indicadoras de nuestro adelanto; nunca como barreras ante las que uno retrocede.

Es evidente que todos las encontraremos en nuestro trabajo. Pero es que si no las encontramos porque trabajamos, las encontraremos igualmente porque la vida nos las impondrá. Y más vale que aprendamos a ir por nuestro pie y por la vía positiva de ir descubriendo lo bueno que se oculta detrás de todas las formas y de todas las apariencias, que no que la vida nos arranque las cosas de un modo violento en su sereno pero inflexible devenir.

Antonio Blay



sábado, 7 de diciembre de 2019

Reflexionando- fin de ciclo

                                                                 ilustracion: aeppol


Estas fiestas de final de año son una invitación a la reflexión…como un balance que hace el sembrador cuando recoge la cosecha… no importa tanto si la cosecha es abundante o no lo es… lo importante es que durante el proceso uno va creciendo… poniendo en escena sus capacidades, apelando a sus recursos internos para que el camino se transite lo mejor posible….. aprendiendo y viviendo momento a momento lo que hay en cada instante con gozo, con el gozo de quien sabe que hay un propósito para todo lo que nos ocurre, un propósito evolutivo, que a veces la mente no comprende, otras lo intuye, pero confiando y disfrutando el simple hecho de la oportunidad de estar en este planeta… la vida es como un juego… no conviene identificarnos demasiado con él… y si no nos gusta, podemos intentar cambiarlo…. y si no está a nuestro alcance cambiarlo… pues nos queda la aceptación y construir con lo que hay…. nunca construimos quejándonos y lamentándonos por que las cosas no son como nuestra mente pretende…..sí crecemos y construimos tomando lo que hay, que siempre es mucho mas de lo que imaginamos y utlizando nuestra creatividad……

Por ello, recojo mi siembra, te invito a recoger la tuya, a revisar tus patrones internos que hacen que tu vida se manifieste como lo ha hecho hasta ahora, en ese darte cuenta puedes elegir qué vas a cambiar internamente para la próxima siembra…., recuerda que el mundo exterior, es un reflejo de tu mundo interno, no vas a atraer nada del afuera que no se corresponda con tu vibración interna, seas consciente de ello o no……, y volver a esparcir semillas en el próximo ciclo que se avecina… eso sí, seleccionemos con amor y cuidado lo que vamos a sembrar, porque estamos en épocas aceleradas y el universo todo lo expande… si siembras amor atraerás amor…. pero si siembras violencia, en cualquiera de sus formas, atraerás más de lo mismo…. así que mantente atento, no te dejes gobernar por los automatismos, por las reacciones e impulsos… detente una respiración antes de “crear”, y así podrás responder de la manera mas adecuada a la situación y al momento que te toca vivir……

                                                  FELÍZ SIEMBRA!!! Y recuerda que: 

Eres más que tus pensamientos, sensaciones, emociones, cuerpo, creaciones……

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domingo, 17 de noviembre de 2019

El proceso de construcción del yo y el Mindfulness


La práctica del mindfulness y lo que tratamos de conseguir con ella no se comprendería del todo sin un concepto algo abstracto, pero esencial: el proceso de construcción del yo. 

Yo, mi y míos son productos de nuestro pensamiento. Tenemos la inevitable e incorregible tendencia a construir un yo, un mi y un mío a partir de prácticamente todo y de todas las situaciones, y a funcionar en el mundo a partir de esa perspectiva limitada que, en gran parte, no es otra cosa que fantasía y defensa. Apenas transcurre un instante sin que esto no suceda y forma parte de nuestro mundo de tal manera que pasa completamente inadvertido. 

Si observamos este proceso de construcción continua del yo con una atención prolongada y un espíritu de investigación, veremos que lo que llamamos yo es en realidad una elaboración de nuestra propia mente, una elaboración que, además, no es permanente. 

Si buscamos con profundidad un yo estable e indivisible, un yo fundamental subyacente a nuestra experiencia, lo más probable es que no encontremos nada aparte de pensamientos. 

Podríamos decir que somos nuestro nombre, pero esto no es exactamente así. Nuestro nombre no es más que una etiqueta. Lo mismo ocurre con la edad, con el sexo, con nuestras opiniones, con nuestra infancia, etc. Nada de todo esto es fundamentalmente lo que somos. 

Si nos preguntamos: “¿Quién es el yo que está preguntando quién soy?”, llegamos a la conclusión de que no lo sabemos. 

El yo aparece simplemente como una elaboración que es conocida por medio de sus atributos. Sin embargo, ninguno de estos atributos, ya sea tomado de forma individual o junto con los demás, constituye realmente la totalidad de la persona. 

Además, la elaboración del yo tiene tendencia a disolverse y a volverse a construir continuamente, prácticamente momento a momento. También tiene tendencia a sentirse menoscabada, pequeña, insegura e inestable, principalmente porque su existencia carece de una base sólida. Esto no hace sino exacerbar la tiranía y el sufrimiento que van asociados a la inconsciencia de lo muy atrapados que estamos en el yo, mi y mío. 

Además, existe el problema de las fuerzas externas. El yo tiende a sentirse bien cuando las circunstancias externas refuerzan su creencia en su propia bondad y mal cuando se tropieza con la crítica, las dificultades y lo que percibe como obstáculos y derrotas. Esto puede explicar la baja autoestima que tienen muchas personas. 

Como no estamos familiarizados con este aspecto elaborado de nuestro proceso de identidad, nos resulta fácil perder el equilibrio y sentirnos vulnerables y carentes de importancia si no nos sentimos reforzados y apoyados en nuestra necesidad de aprobación o de sabernos importantes. Es muy probable que tratemos de conseguir una estabilidad interior por medio de recompensas externas, de posesiones materiales y de las personas que nos aman. De este modo perpetuamos la elaboración del yo. 

Sin embargo, a pesar de toda esta actividad que va generando un yo continuamente, es muy posible que no logremos tener una sensación de estabilidad duradera en nuestro ser ni una sensación de calma en la mente. 

Los budistas dirían que esto se debe a que no existe un yo absoluto y separado, sino simplemente el proceso de construcción continua del yo. 

Si pudiésemos reconocer el proceso de construcción del yo como un mero hábito arraigado y, ante esto, darnos el permiso de tomarnos un día libre, de dejar de tratar de ser alguien por todos los medios para simplemente experimentar el hecho de Ser, probablemente seríamos mucho más felices y estaríamos mucho más relajados. 

Cuando hablamos de no tratar de ser alguien por todos los medios y de experimentar simplemente el hecho de Ser, de forma directa, nos referimos a que empezamos donde nos encontramos ahora, y que aquí es donde trabajamos. 

La meditación no consiste en tratar de convertirnos en nadie, ni tampoco en un zombi contemplativo incapaz de vivir en el mundo real ni de enfrentarse a los problemas. Consiste en ver las cosas tal cual son, sin las distorsiones de nuestro proceso de pensamiento. 

Parte de esto radica en percibir que todo está interconectado y que, si bien nuestro sentido convencional de tener un yo resulta útil en muchos sentidos, no es real o sólido o permanente en términos absolutos. 

Así pues, si dejamos de intentar convertirnos en más de lo que somos debido al miedo a ser menos de lo que somos, quienquiera que seamos en realidad será mucho más feliz y se sentirá más ligero, y también será alguien con quien resultará más fácil convivir. 

Podríamos empezar tomándonos las cosas de un modo menos personal. Cuando ocurra algo en su vida, intente verlo de un modo menos focalizado en el yo, aunque solo sea para divertirse. 

Tal vez lo que ocurrió simplemente ocurrió. Tal vez no iba dirigido a usted. En tales momentos, observe su mente. ¿Está cayendo en el “yo esto y yo aquello”? 

La conciencia puede ayudar a compensar el proceso de construcción del yo y a reducir su impacto. Note también que ese yo no es algo permanente. Todo aquello a lo que intentamos agarrarnos con relación al yo se nos escapa. No lo podemos agarrar porque está continuamente cambiando, desintegrándose y volviéndose a construir, siempre de un modo ligeramente diferente, dependiendo de las circunstancias del momento. 

Esto convierte el sentido del yo en lo que, en la teoría del caos, recibe el nombre de atractor extraño, es decir, en un patrón que encarna orden pero que al mismo tiempo es impredeciblemente desordenado. Nunca se repite a sí mismo. Siempre que lo miramos, es ligeramente distinto. 

Llegar a ver la naturaleza escurridiza de ese yo que hasta ahora parecía algo concreto, permanente e inmutable resulta esperanzador. 

Significa que podemos dejar de tomarnos a nosotros mismos tan tremendamente en serio y liberarnos de la presión de que los detalles de nuestra vida personal sean el centro del universo. 

Al reconocer y soltar una y otra vez el impulso de construir un yo, dejamos un poco más de espacio para que sucedan cosas. 



«Si diriges hacia dentro tu mirada 

descubrirás mil regiones de tu mente todavía inexploradas. 

Recórrelas y te convertirás en un experto cosmógrafo de ti mismo» 

(William Habington). 


Jon Kabat-Zinn



lunes, 4 de noviembre de 2019

Sanar el pasado

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Al observar nuestra vida, podemos ver restos de crisis vitales del pasado sin resolver- Pensamientos y sentimientos acerca de los sucesos que tienden a colorear nuestra percepción y que nos han discapacitado en ciertas áreas de la vida. 

Se puede aplicar la técnica que consiste en situar el suceso en un contexto diferente, (es una de las herramientas mas eficaces para gestionar el pasado) para verlo desde otra perspectiva y considerarlo dentro de otro paradigma, con otra importancia y otro significado. 

Crear un contexto diferente significa darle un significado distinto, asumir otra actitud con respecto a las dificultades o traumas vividos y valoramos el regalo escondido en ellos. El primero en valorar esta técnica en psiquiatría fue Victor Frankl (logoterapia), los acontecimientos traumáticos cambian cuando se les dota de un nuevo sentido… 

“Todo se puede tomar de un hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas consiste en elegir la propia actitud ante cualquier conjunto de circunstancias, elegir el propio camino” V. Frankl 

Cada experiencia en la vida, sin importar lo “trágica” que sea, contiene una lección oculta. Cuando descubrimos y reconocemos su don escondido, se produce la curación. 

Al mirar hacia atrás, parece en realidad que hay un propósito inconsciente detrás del acontecimiento, como si nuestro inconsciente supiera que se debía aprender algo importante y que por doloroso que fuera, esa era la única forma de hacerlo. 

Este principio forma parte de la psicología de Jung, quien tras toda una vida de estudio, llego a la conclusión de que en el inconsciente existe un impulso innato hacia la plenitud, la integridad y la realización del Ser, y que el inconsciente procura los medios para llevarlo a cabo, aunque resulten traumáticos para la mente consciente. 

Uno de los beneficios de las crisis es que a menudo nos lleva a familiarizarnos con nuestra sombra. Al darnos cuenta de que compartimos todo con toda la humanidad, nos hacemos más humanos y completos, todo lo que pensábamos que era culpa del otro está también en nosotros, así que cuando la llevamos a la conciencia, las reconocemos y ya no operan en nosotros de forma inconsciente. 

Cuando la sombra ha sido reconocida, pierde su poder. Lo único que se necesita es reconocer ciertos impulsos, pensamientos y sentimientos prohibidos y así podemos gestionarlos. 

Superar una crisis vital, nos hace más humanos, mas compasivos, aceptamos mejor las cosas, nos volvemos más comprensivos con nosotros mismos y con los demás. Ya no buscamos tener la razón quitándole la razón a los demás, nos da mayor sabiduría. 

El miedo a la vida, es el miedo a las emociones, no a los hechos, sino a lo que nos hacen sentir los acontecimientos (que va en función de nuestra interpretación, nuestra forma de ver la vida, nuestras creencias…). 

Cuando aprendemos a gestionar las emociones/sentimientos, el miedo a la vida disminuye, aumenta la confianza en sí mismo y se está dispuesto a asumir grandes riesgos, porque sentimos que podemos hacernos cargo, responsables de las consecuencias emocionales, el dominio del temor implica desbloquear todas las vías de la experiencia vital que antes habíamos evitado. 



Fortalecer las emociones positivas 

No solo conviene ir soltando las emociones “negativas”, sino que es importante dejar de resistirse a las “positivas”. 

Un ejercicio muy iluminador consiste en sentarse, observar la sensación opuesta a la emoción negativa que estamos viviendo y dejar de resistirnos a ella. El objetivo es atraer a nosotros la grandeza, el coraje para superar los obstáculos, la voluntad de pasar a nivel más elevado del amor. La aceptación de la humanidad de los demás y la compasión por su sufrimiento al ponernos en su lugar. Al perdonar al otro, nos perdonamos a nosotros mismos, aliviamos la culpa. Nos desprendemos de la negatividad y elegimos amar, somos nosotros los beneficiados- 

Del reconocimiento de quienes somos realmente surge el deseo de buscar lo que nos inspira, cuando el vacío interior, debido a la falta de autoestima, es reemplazado por el verdadero amor a nosotros mismos, ya no tenemos que buscar la felicidad en el mundo, porque su fuente está dentro de nosotros. 
(texto inspirado en “dejar ir”)



TE ACOMPAÑO EN EL PROCESO


Juana Ma. Martínez Camacho
                                       Terapeuta Transpersonal
                                                             Especialista en Bioneuroemoción
                                                            Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                                                                                         Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                                                           Formación Internacional  en Psiconeuroinmunoendocrinología
                              (IPPNIM)


                       www.centroelim.org           Telf.  653-936-074
                            



lunes, 9 de septiembre de 2019

Decálogo de Liberación

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1. Ámate a ti mismo y estarás amando a Dios. 

2. No imagines un Dios antropomorfo que te dirige como policía de tránsito. No tiene barbas, no está sentado en una nube. Simplemente es TODO cuanto contiene la creación. 

3. Ama a tu prójimo tal como es; sin querer cambiarlo, sin esperar que sea como tú piensas que debe ser. 

4. No califiques; bueno y malo, feo y bonito son conceptos aprendidos que se alojan en tu conciencia adquirida. Todo es PERFECTO, aunque en este momento no lo entiendas. 

5. No te aferres a nada ni a nadie, fluye como el río e indefectiblemente llegarás al mar. 

6. Recuerda que nada ni nadie te pertenece, pero que todo está allí para que tú lo disfrutes. 

7. No le des cabida al miedo en tu vida, ninguna situación será tan terrible como la imaginaste. 

8. Sé feliz y eso será lo que le estás compartiendo al mundo. Sé feliz aunque el día en torno tuyo parezca nublado o lluvioso. No dependas de las circunstancias externas para ser feliz. 

9. No deposites tu energía en la lucha. Si luchas contra algo, aunque sea en tu mente, le estarás dando poder. 

10. Recuerda que el pájaro canta porque tiene canto, ama porque tu eres el amor. No pidas, de tu propia fuente bebe y te sobrará para dar. Recuerda que el amor es lo único que mientras más das, más tienes. 

Todo irá muy bien si piensas sólo lo mejor, si dices sólo lo adecuado (que puede ser callar) y haces sólo lo necesario. 

G. Schmedling