SENDERO TRANSPERSONAL

INTEGRANDO PSICOLOGIAS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

Bienvenidos al blog!

La Psicología Transpersonal o Integral, es un enfoque terapéutico que apunta a que el ser humano alcance niveles óptimos de salud psicológica, dándole importancia a la expansión de la conciencia.

Se trata de un acompañamiento terapéutico para que la persona aprenda a observar sus patrones mentales, sus creencias, que son la causa del malestar, que aprenda a desidentificarse de sus contenidos mentales, a trabajar con sus emociones saludablemente, que aprenda a hacerse responsable de sí misma, de sus relaciones, de sus experiencias, sin culpabilizar al entorno, a la vida por lo que le sucede, comprendiendo que la adversidad, es una oportunidad de cambio y desarrollo personal.

Capacita al paciente para que aprenda a satisfacer de una manera saludable sus necesidades a todos los niveles: físico, emocional, mental, espiritual, aprendiendo a conectar con la dimensión trascendental; todo ello conlleva a una integración de su personalidad y a alcanzar niveles superiores de salud psicológica, para luego poder trascenderla y conectar con la esencia.

Se toman en cuenta los problemas, dolencias particulares que empujan a la persona a una consulta y se las trabaja e integra, pero el enfoque principal de la Terapia Transpersonal, que la hace diferente y más abarcativa que otras terapias psicológicas (integra psicologías de oriente y occidente) es el de capacitar a la persona para que aprenda a conectar con sus propios recursos internos y permita desplegarse sin temores al proceso de crecimiento natural.

La terapia utiliza diferentes técnicas que se adaptan a las necesidades del paciente y a su estado de consciencia, integrando los niveles físico, mental y emocional (ego) y luego trascendiéndolo hacia los valores superiores, como la compasión, el amor a los demás seres vivos, el sentido de la propia vida, el desarrollo de la creatividad, etc., favoreciendo cambios en su nivel evolutivo.

domingo, 19 de enero de 2020

La crisis en el trabajo interior


A medida que profundizamos un poco más en nosotros, nos encontramos con que muchas cosas que antes nos ilusionaban ahora de repente nos damos cuenta de que son niñerías y esto nos obliga a cambiar nuestra escala de valores. Cuando esto lo descubrimos de un modo claro, definido, apenas presenta problema si realmente estamos decididos a proseguir nuestro camino cueste lo que cueste.

El verdadero problema surge cuando apunta la nueva etapa, pero aún no estamos establecidos en ella. Cuando estamos a punto de llegar a un nuevo estado pero todavía no hemos llegado a él, porque entonces nos damos cuenta de que tal circunstancia o situación, la que sea, nuestro círculo social de amigos, nuestras costumbres y aficiones a las que hasta ahora hemos estado muy adheridos, están amenazando ya en desligarse y perder todo interés. Y esto sí que a veces produce miedo, perplejidad y vacilación por nuestra fuerte identificación con todo ello.

Debemos darnos cuenta de que cada vez que sintamos estos miedos y estas dudas es que progresamos. No hemos de ver estas crisis como algo negativo, sino como puntos de referencia positivos de nuestro avance. Si no progresáramos no aparecerían miedos nuevos ni nuevas inquietudes. Desde este punto de vista cada vez que nos encontramos mal es que vamos bien, porque al fin y al cabo para seguir encontrándonos como ahora no valía la pena movernos de sitio.

Siempre que hay un trabajo de profundización, un ensanchamiento de conciencia hay también algo que cae, algo que se suelta. Puede ser que a veces se perciba antes lo que se suelta que el nuevo estado interior que se encuentra detrás.

Si primero se percibe lo positivo, estupendo, ya que lo antiguo cae como una fruta madura, sin ningún esfuerzo, como el adolescente se desprende con naturalidad de los juguetes que le apasionaban unos años atrás. Pero cuando primero uno siente que aquello va a caer y todavía no vive lo que hay detrás, el nuevo estado subjetivo, el grado de iluminación correspondiente, entonces es inevitable que sufra la crisis como algo intenso y doloroso. En esos momentos es cuando uno ha de aprender a tener discernimiento y serenidad, y darse cuenta de que siguiendo el trabajo, a pesar de todo, descubrirá al fin el poco valor y consistencia que tiene la costumbre antigua a la que aún tan fuertemente se agarra.

Hemos de ver claro que en el trabajo interior vamos a ganar. Y a ganar no ya los objetos o las situaciones a que estamos adheridos, sino precisamente lo que vamos buscando, lo que estamos poniendo de valor en aquello. Porque siempre, de un modo o de otro, buscamos en cualquier cosa mayor plenitud, mayor satisfacción, mayor realidad. Y esto es precisamente lo que encontramos de un modo real y permanente. Por eso es importante que aprendamos a ver las crisis como amigas, como indicadoras de nuestro adelanto; nunca como barreras ante las que uno retrocede.

Es evidente que todos las encontraremos en nuestro trabajo. Pero es que si no las encontramos porque trabajamos, las encontraremos igualmente porque la vida nos las impondrá. Y más vale que aprendamos a ir por nuestro pie y por la vía positiva de ir descubriendo lo bueno que se oculta detrás de todas las formas y de todas las apariencias, que no que la vida nos arranque las cosas de un modo violento en su sereno pero inflexible devenir.

Antonio Blay



sábado, 7 de diciembre de 2019

Reflexionando- fin de ciclo

                                                                 ilustracion: aeppol


Estas fiestas de final de año son una invitación a la reflexión…como un balance que hace el sembrador cuando recoge la cosecha… no importa tanto si la cosecha es abundante o no lo es… lo importante es que durante el proceso uno va creciendo… poniendo en escena sus capacidades, apelando a sus recursos internos para que el camino se transite lo mejor posible….. aprendiendo y viviendo momento a momento lo que hay en cada instante con gozo, con el gozo de quien sabe que hay un propósito para todo lo que nos ocurre, un propósito evolutivo, que a veces la mente no comprende, otras lo intuye, pero confiando y disfrutando el simple hecho de la oportunidad de estar en este planeta… la vida es como un juego… no conviene identificarnos demasiado con él… y si no nos gusta, podemos intentar cambiarlo…. y si no está a nuestro alcance cambiarlo… pues nos queda la aceptación y construir con lo que hay…. nunca construimos quejándonos y lamentándonos por que las cosas no son como nuestra mente pretende…..sí crecemos y construimos tomando lo que hay, que siempre es mucho mas de lo que imaginamos y utlizando nuestra creatividad……

Por ello, recojo mi siembra, te invito a recoger la tuya, a revisar tus patrones internos que hacen que tu vida se manifieste como lo ha hecho hasta ahora, en ese darte cuenta puedes elegir qué vas a cambiar internamente para la próxima siembra…., recuerda que el mundo exterior, es un reflejo de tu mundo interno, no vas a atraer nada del afuera que no se corresponda con tu vibración interna, seas consciente de ello o no……, y volver a esparcir semillas en el próximo ciclo que se avecina… eso sí, seleccionemos con amor y cuidado lo que vamos a sembrar, porque estamos en épocas aceleradas y el universo todo lo expande… si siembras amor atraerás amor…. pero si siembras violencia, en cualquiera de sus formas, atraerás más de lo mismo…. así que mantente atento, no te dejes gobernar por los automatismos, por las reacciones e impulsos… detente una respiración antes de “crear”, y así podrás responder de la manera mas adecuada a la situación y al momento que te toca vivir……

                                                  FELÍZ SIEMBRA!!! Y recuerda que: 

Eres más que tus pensamientos, sensaciones, emociones, cuerpo, creaciones……

www.centroelim.org






domingo, 17 de noviembre de 2019

El proceso de construcción del yo y el Mindfulness


La práctica del mindfulness y lo que tratamos de conseguir con ella no se comprendería del todo sin un concepto algo abstracto, pero esencial: el proceso de construcción del yo. 

Yo, mi y míos son productos de nuestro pensamiento. Tenemos la inevitable e incorregible tendencia a construir un yo, un mi y un mío a partir de prácticamente todo y de todas las situaciones, y a funcionar en el mundo a partir de esa perspectiva limitada que, en gran parte, no es otra cosa que fantasía y defensa. Apenas transcurre un instante sin que esto no suceda y forma parte de nuestro mundo de tal manera que pasa completamente inadvertido. 

Si observamos este proceso de construcción continua del yo con una atención prolongada y un espíritu de investigación, veremos que lo que llamamos yo es en realidad una elaboración de nuestra propia mente, una elaboración que, además, no es permanente. 

Si buscamos con profundidad un yo estable e indivisible, un yo fundamental subyacente a nuestra experiencia, lo más probable es que no encontremos nada aparte de pensamientos. 

Podríamos decir que somos nuestro nombre, pero esto no es exactamente así. Nuestro nombre no es más que una etiqueta. Lo mismo ocurre con la edad, con el sexo, con nuestras opiniones, con nuestra infancia, etc. Nada de todo esto es fundamentalmente lo que somos. 

Si nos preguntamos: “¿Quién es el yo que está preguntando quién soy?”, llegamos a la conclusión de que no lo sabemos. 

El yo aparece simplemente como una elaboración que es conocida por medio de sus atributos. Sin embargo, ninguno de estos atributos, ya sea tomado de forma individual o junto con los demás, constituye realmente la totalidad de la persona. 

Además, la elaboración del yo tiene tendencia a disolverse y a volverse a construir continuamente, prácticamente momento a momento. También tiene tendencia a sentirse menoscabada, pequeña, insegura e inestable, principalmente porque su existencia carece de una base sólida. Esto no hace sino exacerbar la tiranía y el sufrimiento que van asociados a la inconsciencia de lo muy atrapados que estamos en el yo, mi y mío. 

Además, existe el problema de las fuerzas externas. El yo tiende a sentirse bien cuando las circunstancias externas refuerzan su creencia en su propia bondad y mal cuando se tropieza con la crítica, las dificultades y lo que percibe como obstáculos y derrotas. Esto puede explicar la baja autoestima que tienen muchas personas. 

Como no estamos familiarizados con este aspecto elaborado de nuestro proceso de identidad, nos resulta fácil perder el equilibrio y sentirnos vulnerables y carentes de importancia si no nos sentimos reforzados y apoyados en nuestra necesidad de aprobación o de sabernos importantes. Es muy probable que tratemos de conseguir una estabilidad interior por medio de recompensas externas, de posesiones materiales y de las personas que nos aman. De este modo perpetuamos la elaboración del yo. 

Sin embargo, a pesar de toda esta actividad que va generando un yo continuamente, es muy posible que no logremos tener una sensación de estabilidad duradera en nuestro ser ni una sensación de calma en la mente. 

Los budistas dirían que esto se debe a que no existe un yo absoluto y separado, sino simplemente el proceso de construcción continua del yo. 

Si pudiésemos reconocer el proceso de construcción del yo como un mero hábito arraigado y, ante esto, darnos el permiso de tomarnos un día libre, de dejar de tratar de ser alguien por todos los medios para simplemente experimentar el hecho de Ser, probablemente seríamos mucho más felices y estaríamos mucho más relajados. 

Cuando hablamos de no tratar de ser alguien por todos los medios y de experimentar simplemente el hecho de Ser, de forma directa, nos referimos a que empezamos donde nos encontramos ahora, y que aquí es donde trabajamos. 

La meditación no consiste en tratar de convertirnos en nadie, ni tampoco en un zombi contemplativo incapaz de vivir en el mundo real ni de enfrentarse a los problemas. Consiste en ver las cosas tal cual son, sin las distorsiones de nuestro proceso de pensamiento. 

Parte de esto radica en percibir que todo está interconectado y que, si bien nuestro sentido convencional de tener un yo resulta útil en muchos sentidos, no es real o sólido o permanente en términos absolutos. 

Así pues, si dejamos de intentar convertirnos en más de lo que somos debido al miedo a ser menos de lo que somos, quienquiera que seamos en realidad será mucho más feliz y se sentirá más ligero, y también será alguien con quien resultará más fácil convivir. 

Podríamos empezar tomándonos las cosas de un modo menos personal. Cuando ocurra algo en su vida, intente verlo de un modo menos focalizado en el yo, aunque solo sea para divertirse. 

Tal vez lo que ocurrió simplemente ocurrió. Tal vez no iba dirigido a usted. En tales momentos, observe su mente. ¿Está cayendo en el “yo esto y yo aquello”? 

La conciencia puede ayudar a compensar el proceso de construcción del yo y a reducir su impacto. Note también que ese yo no es algo permanente. Todo aquello a lo que intentamos agarrarnos con relación al yo se nos escapa. No lo podemos agarrar porque está continuamente cambiando, desintegrándose y volviéndose a construir, siempre de un modo ligeramente diferente, dependiendo de las circunstancias del momento. 

Esto convierte el sentido del yo en lo que, en la teoría del caos, recibe el nombre de atractor extraño, es decir, en un patrón que encarna orden pero que al mismo tiempo es impredeciblemente desordenado. Nunca se repite a sí mismo. Siempre que lo miramos, es ligeramente distinto. 

Llegar a ver la naturaleza escurridiza de ese yo que hasta ahora parecía algo concreto, permanente e inmutable resulta esperanzador. 

Significa que podemos dejar de tomarnos a nosotros mismos tan tremendamente en serio y liberarnos de la presión de que los detalles de nuestra vida personal sean el centro del universo. 

Al reconocer y soltar una y otra vez el impulso de construir un yo, dejamos un poco más de espacio para que sucedan cosas. 



«Si diriges hacia dentro tu mirada 

descubrirás mil regiones de tu mente todavía inexploradas. 

Recórrelas y te convertirás en un experto cosmógrafo de ti mismo» 

(William Habington). 


Jon Kabat-Zinn



lunes, 4 de noviembre de 2019

Sanar el pasado

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Al observar nuestra vida, podemos ver restos de crisis vitales del pasado sin resolver- Pensamientos y sentimientos acerca de los sucesos que tienden a colorear nuestra percepción y que nos han discapacitado en ciertas áreas de la vida. 

Se puede aplicar la técnica que consiste en situar el suceso en un contexto diferente, (es una de las herramientas mas eficaces para gestionar el pasado) para verlo desde otra perspectiva y considerarlo dentro de otro paradigma, con otra importancia y otro significado. 

Crear un contexto diferente significa darle un significado distinto, asumir otra actitud con respecto a las dificultades o traumas vividos y valoramos el regalo escondido en ellos. El primero en valorar esta técnica en psiquiatría fue Victor Frankl (logoterapia), los acontecimientos traumáticos cambian cuando se les dota de un nuevo sentido… 

“Todo se puede tomar de un hombre, menos una cosa: la última de las libertades humanas consiste en elegir la propia actitud ante cualquier conjunto de circunstancias, elegir el propio camino” V. Frankl 

Cada experiencia en la vida, sin importar lo “trágica” que sea, contiene una lección oculta. Cuando descubrimos y reconocemos su don escondido, se produce la curación. 

Al mirar hacia atrás, parece en realidad que hay un propósito inconsciente detrás del acontecimiento, como si nuestro inconsciente supiera que se debía aprender algo importante y que por doloroso que fuera, esa era la única forma de hacerlo. 

Este principio forma parte de la psicología de Jung, quien tras toda una vida de estudio, llego a la conclusión de que en el inconsciente existe un impulso innato hacia la plenitud, la integridad y la realización del Ser, y que el inconsciente procura los medios para llevarlo a cabo, aunque resulten traumáticos para la mente consciente. 

Uno de los beneficios de las crisis es que a menudo nos lleva a familiarizarnos con nuestra sombra. Al darnos cuenta de que compartimos todo con toda la humanidad, nos hacemos más humanos y completos, todo lo que pensábamos que era culpa del otro está también en nosotros, así que cuando la llevamos a la conciencia, las reconocemos y ya no operan en nosotros de forma inconsciente. 

Cuando la sombra ha sido reconocida, pierde su poder. Lo único que se necesita es reconocer ciertos impulsos, pensamientos y sentimientos prohibidos y así podemos gestionarlos. 

Superar una crisis vital, nos hace más humanos, mas compasivos, aceptamos mejor las cosas, nos volvemos más comprensivos con nosotros mismos y con los demás. Ya no buscamos tener la razón quitándole la razón a los demás, nos da mayor sabiduría. 

El miedo a la vida, es el miedo a las emociones, no a los hechos, sino a lo que nos hacen sentir los acontecimientos (que va en función de nuestra interpretación, nuestra forma de ver la vida, nuestras creencias…). 

Cuando aprendemos a gestionar las emociones/sentimientos, el miedo a la vida disminuye, aumenta la confianza en sí mismo y se está dispuesto a asumir grandes riesgos, porque sentimos que podemos hacernos cargo, responsables de las consecuencias emocionales, el dominio del temor implica desbloquear todas las vías de la experiencia vital que antes habíamos evitado. 



Fortalecer las emociones positivas 

No solo conviene ir soltando las emociones “negativas”, sino que es importante dejar de resistirse a las “positivas”. 

Un ejercicio muy iluminador consiste en sentarse, observar la sensación opuesta a la emoción negativa que estamos viviendo y dejar de resistirnos a ella. El objetivo es atraer a nosotros la grandeza, el coraje para superar los obstáculos, la voluntad de pasar a nivel más elevado del amor. La aceptación de la humanidad de los demás y la compasión por su sufrimiento al ponernos en su lugar. Al perdonar al otro, nos perdonamos a nosotros mismos, aliviamos la culpa. Nos desprendemos de la negatividad y elegimos amar, somos nosotros los beneficiados- 

Del reconocimiento de quienes somos realmente surge el deseo de buscar lo que nos inspira, cuando el vacío interior, debido a la falta de autoestima, es reemplazado por el verdadero amor a nosotros mismos, ya no tenemos que buscar la felicidad en el mundo, porque su fuente está dentro de nosotros. 
(texto inspirado en “dejar ir”)



TE ACOMPAÑO EN EL PROCESO


Juana Ma. Martínez Camacho
                                       Terapeuta Transpersonal
                                                             Especialista en Bioneuroemoción
                                                            Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular) 
                                                                                         Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                                                           Formación Internacional  en Psiconeuroinmunoendocrinología
                              (IPPNIM)


                       www.centroelim.org           Telf.  653-936-074
                            



lunes, 9 de septiembre de 2019

Decálogo de Liberación

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1. Ámate a ti mismo y estarás amando a Dios. 

2. No imagines un Dios antropomorfo que te dirige como policía de tránsito. No tiene barbas, no está sentado en una nube. Simplemente es TODO cuanto contiene la creación. 

3. Ama a tu prójimo tal como es; sin querer cambiarlo, sin esperar que sea como tú piensas que debe ser. 

4. No califiques; bueno y malo, feo y bonito son conceptos aprendidos que se alojan en tu conciencia adquirida. Todo es PERFECTO, aunque en este momento no lo entiendas. 

5. No te aferres a nada ni a nadie, fluye como el río e indefectiblemente llegarás al mar. 

6. Recuerda que nada ni nadie te pertenece, pero que todo está allí para que tú lo disfrutes. 

7. No le des cabida al miedo en tu vida, ninguna situación será tan terrible como la imaginaste. 

8. Sé feliz y eso será lo que le estás compartiendo al mundo. Sé feliz aunque el día en torno tuyo parezca nublado o lluvioso. No dependas de las circunstancias externas para ser feliz. 

9. No deposites tu energía en la lucha. Si luchas contra algo, aunque sea en tu mente, le estarás dando poder. 

10. Recuerda que el pájaro canta porque tiene canto, ama porque tu eres el amor. No pidas, de tu propia fuente bebe y te sobrará para dar. Recuerda que el amor es lo único que mientras más das, más tienes. 

Todo irá muy bien si piensas sólo lo mejor, si dices sólo lo adecuado (que puede ser callar) y haces sólo lo necesario. 

G. Schmedling


sábado, 17 de agosto de 2019

El dolor con comprensión


El dolor es parte de la vida, tiene la “función” de tornarnos más alertas. Sólo cuando toca a la puerta del corazón y “hiere”, uno se hace más consciente.

En las épocas en que la vida transcurre fácil, confortable, cómoda, o en las que las circunstancias parecen responder a nuestros anhelos, entonces, no somos tan conscientes de la dicha que estamos viviendo, pero, cuando se muere un ser querido, cuando enfrentamos el abandono, cuando atravesamos momentos en que las circunstancias, las personas, no “responden” a nuestras expectativas, a nuestras necesidades, etc. y nos sentimos solitarios, y el dolor cala hondo, allí, podemos aprovechar a hacernos más conscientes.

Curiosamente, cuando vivimos a fondo cualquier situación de vida, en este caso el dolor, cuando vamos a las raíces de este dolor, aceptándolo, porque es “lo que hay”, experimentándolo desde la aceptación de que es algo transitorio, el dolor desaparece y queda la enseñanza….. uno despierta un poco más y se da cuenta de la transitoriedad de todos los estados, que todo es cambiante: épocas de pena, dolor, se alteran con épocas de alegría, tan solo estados, que cambian, que no permanecen.

Utilicemos esas épocas de dolor para transformarnos, para aprender, crecer, viendo qué aprendizaje hay detrás del dolor. Transformarnos, como la oruga, que durante un tiempo permanece dentro de su crisálida, en la “incertidumbre”, “sin saber” que pasará….pero llegado el momento justo y oportuno, se enfrenta a un proceso doloroso donde debe esforzarse por romper el capullo, abandonar lo seguro, y avanzar en la “confianza” de transformarse en una hermosa mariposa, desplegando sus alas para volar libre….

Detrás del dolor que experimentamos, se esconde una nueva lección que, una vez asimilada, ampliará nuestra visión, nos liberará de apegos, de identificaciones, tornándonos mas pacientes y compasivos, mas despiertos, mas lúcidos.

Mientras todo esto sucede en la “superficie”(en el nivel del ego); en el plano más profundo, central, el observador, el testigo, puede ser consciente de toda la ilusión, de lo pasajero….

www.centroelim.org



miércoles, 14 de agosto de 2019

Nuestros engaños sobre el amor para huir del miedo

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Solemos huir de nosotros mismos y vivimos dramas en las relaciones esperando cubrir las necesidades por medio del otro. esto sucede por la falta de desarrollo personal, principalmente el occidente, se tiende a huir del dolor en vez de vivirlo, sentirlo, elaborarlo.

Es imposible encontrar y mantener el Amor hasta que no nos hemos enfrentado a nuestros miedos y hemos empezado a trabajar con ellos. 

Hasta entonces nuestras relaciones amorosas solo son una forma de intentar evitar enfrentarnos con el miedo.

 Hay tres estrategias habituales para evitar el miedo, suelen ser inconscientes ( tres engaños sobre el amor):  

1- Nos aferramos al convencimiento que encontraremos alguien que nos liberara del miedo y del dolor, especialmente del miedo a nuestra soledad.(encontrare a la persona perfecta/ el sueño romántico) 

2- Nos engañamos creyendo que somos autosuficientes, que básicamente podemos arreglárnosla solos (puedo arreglármelas solo/negación y falsa autodependencia) 

3- Creemos que cuando surge el miedo o el dolor es por culpa de algo o alguien del exterior. (todo es culpa tuya) 

Estos son los grandes engaños que hay que superar y constan de varias capas, las creencias erróneas y pensamientos que les siguen quedan al descubierto en cuanto nos abrimos a otra persona. A menos que nos hagamos conscientes de ellos, sabotearan nuestros esfuerzos por encontrar el amor. 

No tenemos que preocuparnos en desterrar los recuerdos del pasado o de la niñez, pues nuestras relaciones importantes traen consigo todos los patrones, todas las heridas, todo el material que necesitamos trabajar. 

A veces adoptamos en la relación la postura del antidependiente (no necesito nada….) o del dependiente (sin ti no puedo vivir) siendo que ambas posturas están en el interior proyectamos afuera y se trata de trabajar dentro. 


Si actúas desde el antidependiente, sintoniza con las formas en que te proteges cuando alguien se acerca demasiado, en el fondo hay un profundo miedo y es válido, siente como es la energía del escudo que te protege, pregúntate de que te proteges?: 

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- Tienes miedo de perderte en la otra persona, de dejar de saber lo que quieres o de no poder volver a sentirte a ti mismo? 

- Tienes miedo de que se aprovechen de tu corazón? De que si te abres a la otra persona, te va a arrastrar a su dolor? Miedo a que tendrás que ocuparte de ella? 

- Sientes que necesitas espacio para encontrarte a ti mismo, que no te exijan nada, espacio para investigar tu creatividad y tu silencio? Tienes miedo que si dejar entrar a alguien te va a asfixiar, que no vas a poder respirar? 

- Te sientes irritado o enfadado cuando intuyes las expectativas de la otra persona? Sientes ira porque no quieres vivir a la altura de sus exigencias y expectativas? Sientes ira porque la otra persona no está dispuesta a ser razonable de su propio dolor? 

- Sientes a un nivel profundo que nunca te comprenderán y que si te abres a esa persona, abusara de ti, te manipulara o te rechazara? Al sentir a ese niño interior conectas con una profunda desconfianza? Esta tu niño hambriento de amor y aceptación pero temeroso que abusaran de el o le traicionaran? 



En la postura del dependiente: 

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(estar en una actitud de súplica, de carencia, mendigando amor, esperando conseguir el amor). 
Analiza estas preguntas: 

- Estas esperando que aparezca la persona adecuada, lo suficientemente sensible para abrirte y amarle? O esperas sentir pena y desesperanza u crees que nunca lo conseguirás? 

- Te ves a ti mismo entregándole toda tu dignidad y tu poder a la otra persona, temiendo ser rechazado, avergonzado, abusado? Sientes pánico de perder el amor de la otra persona? 

- Sientes la frustración de no conseguir nunca lo que quieres, la ira de que te aíslen una y otra vez, de abrirte y luego sentir que tu pareja se distancia una y otra vez? Existe en ti ira por todas las formas en que la otra persona te manipula, pero sin embargo nunca está dispuesta a estar presente realmente? 

- Tienes la sensación de que básicamente no eres merecedor de amor? Que no mereces que te amen de una forma que de verdad te permita relajarte y nutrirte?

Thomas Trobe